«A nai á que un fillo lle deixa de falar non é capaz de contalo, sente vergoña. Hai que romper o tabú»
PONTEVEDRA
Vicky, feminista y técnica de igualdad de Pontevedra, escribió un libro titulado «Cartas de amor a un hijo que no me ama», y reclama que se deje de idealizar a las familias
16 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.Vicky Estévez (Pontevedra, 1968), feminista, técnica de igualdad y escritora, es de las que les gusta meter el dedo en la llaga. No para hurgar, sino para sanar. Quizás por eso tardó años, pero finalmente puso por escrito, en un libro titulado Cartas de amor a un hijo que no me ama, una historia que le tocó cerca, en la carne de una amiga, y que es el drama de tantas mujeres: la de una madre cuyo hijo se enfadó con ella y dejó de hablarle. Insiste la escritora en que hay decenas, cientos o miles de casos así, pero que se habla entre poco y nada de ellos: «A nai á que un fillo lle deixa de falar non é capaz de contalo, sente vergoña porque non atopa un lugar seguro para falar deste tema, porque a sociedade, coa idealización das familias que existe, non llo pon fácil. Temos que romper ese tabú».
Así que ella decidió que una de esas madres peleada con su hijo sí hablase. O, mejor dicho, que le escribiese las cartas que dan forma a su libro. En ellas esa mujer demuestra una realidad que seguramente todos hayamos visto en alguna amiga o familiar cuyo hijo o hija se ha alejado: «Ela sofre un duelo infinito, un duelo de 24 horas ao día e de sete días á semana por ese fillo ausente ao que nunca deixa de esperar». Le escribe cartas con recuerdos alegres, también con la amargura que siente por no poder coleccionar más momentos juntos. Y le escribe palabras durísimas en las que se cuestiona tanto su papel de madre como el de él, de hijo. En una de las misivas, le dice abiertamente: «Creo que yo no nací para ser madre ni tú para ser hijo». Ahí es nada.
No le culpa de la separación, como no lo hace casi ninguna madre. «De feito, sempre se culpan a elas mesmas», precisa Estévez. La protagonista de su libro, si bien no llega a culparse del todo, sí reflexiona sobre lo que ocurrió y cómo su hijo le iba dando pistas de que quizás no le estaba dejando espacio, que igual su sobreprotección lo asfixiaba: «Igual me caías mal y no me di cuenta de que yo te caía peor», le escribe en una carta. Y le dice que tendrían que hablar de muchas cosas, «de la madre híper presente que siempre fui y del hijo ausente que tú eres ahora, de que todo está conectado».
Página a página, la madre, como tantas madres que ven que uno de sus hijos se aleja, se va desangrando y contando cómo reaccionan los hermanos, el padre... cómo va pasando la vida sin que él o ella aparezcan. Con una ternura impresionante, le cuenta cómo se refugia en limpiar la casa para evitar pensar en esa ausencia y cómo esa acción, la de pasar la aspiradora o barrer, le alivia: «Eso me transporta a un mundo sin dramas, un mundo de mierda tangible y poco importante, mierda que molesta sin más».
«A familia é un accidente»
Sorprende que un día el hijo conteste. Sorprende porque, seguramente, sea lo que pasa en muchos casos. Él parece ajeno a ese drama que vive la madre por su ausencia. Y contesta quizás de la manera más dura, quitándole importancia, diciéndole que está bien, que vive cerca de ella y que deje de montarse dramas en su cabeza. Y entonces sale la madre que no puede más, la que entona el basta. «Cariño mío. Vete un poquito a la mierda. Mamá, que te ama», le espeta por respuesta. ¿Podría pasar eso en la realidad, que una madre se canse de esperar por su hijo? «Esperan sempre. Pero necesitamos deixar de idealizar ás familias. Unha familia é un accidente, non se escolle, sae como sae», espeta Vicky.
«Escoito a moitas mulleres que din que se volveran atrás non serían nais. Eu tampouco»
Como técnica de igualdad, Vicky Estévez se encarga de organizar numerosos foros en las que muchas mujeres y madres hablan abiertamente de cosas que les preocupan y que normalmente no se atreven a verbalizar. Una de ellas es la maternidad, la idealización que existe sobre la misma y el contraste con la realidad; lo duro que resulta muchas veces criar a los hijos. Estévez señala: «Escoito a moitas mulleres que din que se volveran atrás non serían nais. Eu tampouco. E elas, coma min, adoran aos seus fillos. Iso non ten nada que ver, claro que adoras aos fillos que tes agora mesmo. Pero pensas en todo o que levou aparellada a maternidade e cres que non quererías repetir. E iso tamén nos fai sentir moi culpables a todas, pero non hai motivo para esa culpa», indica con firmeza.
Llegado a ese punto, habla de que la sociedad sigue presionando sobremanera a las mujeres para que sean madres. Y que esa es otra de las asignaturas pendientes. Ella mira hacia sí misma y piensa que pertenece a una generación que ni siquiera se planteaba si quería o no tener hijos: «Casabas, tiñas fillos... ía todo como rodado» y dice que aunque ahora muchas mujeres sí se hacen esa pregunta «hai que ver se a resposta é libre ou condicionada».