La vida dos años después del Pitanxo: las flores de los críos a los papás «que los quieren aunque no puedan verlos» y el abrazo a Samuel

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Familiares de las 21 víctimas del Villa de Pitanxo depositando flores ante la placa que los recuerda en Marín.
Familiares de las 21 víctimas del Villa de Pitanxo depositando flores ante la placa que los recuerda en Marín. Ramón Leiro

Las 21 familias de las víctimas homenajearon a los suyos, en Marín, al pie de una placa sobre la que fueron cayendo rosas y claveles mientras los aplausos no cesaban para el superviviente de Ghana que «contó la verdad»

19 feb 2024 . Actualizado a las 10:07 h.

La vida parecía que se había detenido en Marín el día 15 de febrero del 2022. El naufragio del Villa de Pitanxo, el accidente marítimo más grave de los últimas décadas en España, dejó paralizada tanto esta localidad como toda la Galicia que mira al mar. 21 vidas quedaron entonces en las aguas de Terranova. Han pasado dos años desde entonces y ahora, en el segundo aniversario del siniestro, cuando el tiempo ha transcurrido, se comprueba lo evidente: que la vida nunca para para los que se quedan aquí, a los que le toca llorar y también luchar y sacar adelante a esos hijos que se han quedado sin padres, sin abuelos o sin tíos porque murieron trabajando en el mar. Esos niños y adolescentes pusieron esta mañana de sábado el calor humano y la sonrisa en el acto tremendamente duro y a la vez bonito con el que se recordó en Marín a los 21 fallecidos en esta tragedia. Cogieron flores y, en brazos de sus madres o por su propio pie, las depositaron ante la placa del paseo marítimo que recuerda a los muertos. «Lo quiere y sabe que está ahí aunque no pueda verlo», contaba entonces Noemí, la mujer de Pedro Herrera, que falleció en el barco con 29 años de edad y que apenas pudo criar a su niño, que entonces tenía siete meses de edad y ahora ya es un travieso pequeño de más de dos años. Ella fue una de las que hizo la ofrenda con su hijo en brazos. 

El acto celebrado en homenaje a las víctimas del Pitanxo, tal y como dijo María José de Pazo, portavoz de las familias, no atendió a ningún protocolo, solo al de «homenajear con el corazón a los 21». Por eso ella se guardó en el bolsillo las palabras que tenía preparadas y habló ya no ya desde el corazón, sino desde la tripas, haciendo llorar a todo el que le escuchaba contando cómo las familias lucharon para que se bajase al barco y para que se abriese paso la verdad. Agradeció a muchas personas el apoyo, pero fue especialmente cariñosa con una, con Samuel Kwesi, el superviviente de Ghana. De él dijo que es «o faro da verdade» y que las 21 familias de los muertos lo único que hacen es seguir su estela. Recordó con la voz entrecortada la primera conversación que tuvo con él tras el naufragio y dijo: «Vin que ese home tiña uns principios máis solidos que esta placa, que tiña uns valores totalmente firmes para defender a verdade, por iso é o noso faro de guía», indicó señalando hacia la roca de granito que recuerda a las víctimas y buscando con la mirada a Samuel, que como siempre estuvo presente pero sin buscar protagonismo, tapándose la cara para enjuagar las lágrimas que no dejaban de atravesarle el rostro.  

Samuel Kwesi, supervivente de la la tragedia, homenajeando a sus compañeros ante el aplauso de todos los presentes.
Samuel Kwesi, supervivente de la la tragedia, homenajeando a sus compañeros ante el aplauso de todos los presentes. Ramón Leiro

María José de Pazo volvió a demostrar que con las familias del Pitanxo ocurren dos cosas extraordinarias: que siguen siendo una piña dos años después de la tragedia pese a tratarse de personas de lugares muy distintos, y que tienen muy claro que aunque continúan en pleno duelo también tienen que luchar para que se haga justicia. De hecho, señaló: «Ten que saír a verdade porque a verdade é a que nos vai levar á xustiza, e cando haxa unha sentenza firme, entón e só entón, estes 21 que nos falta han descansar en paz». No se mordió la lengua y, sin dejar de ser solemne, le reclamó a la patronal de la pesca que no deje que ningún armador que no cumpla pueda seguir mandando marineros al mar y también le lanzó un mensaje muy claro a las autoridades de todos los ámbitos que estaban presentes. Las familias quieren que la tragedia que ellos sufrieron sea «un punto e aparte» y sirva para que se mejore la seguridad en el mar. 

Intervino también Basilio Otero, presidente de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores, y lo hizo en el mismo tono emotivo. Con música de violines de fondo, señaló que hablaba como un marinero más. Dijo que dejar a una familia atrás para ir a buscar alimento en el mar tiene mucho de heroicidad y de sentimentalidad. «Porque non hai nada con maior sentimento que cando volves do mar e ves a tua familia», indicó. Dijo que todo aquel que se sube en un barco merecería una medalla y pidió un fuerte aplauso para todas las víctimas de los naufragios. 

Luego no hicieron falta más palabras. O solo muy pocas. Cada familia fue pronunciando el nombre de los 21 fallecidos y fue depositando flores. Allí estaban las viudas, los padres, los hijos, los nietos... y todos esos niños vestidos con trajes lindos y sonrisa poniendo flores a los papás, abuelos o familiares cuya vida se quedó en Terranova. A algunos les dio tiempo a conocerles. A otros solamente los van a ver en fotos. Lo decía así Kevin, que perdió a su padre, Fernando González, en el naufragio: «Naceulle un neto, un sobriño meu, despois da traxedia. Chámase Fernando como el, non o coñeceu pero é a viva estampa do avó», indicaba. 

Pasaron uno a uno poniendo flores y solo la música de los violines haciendo sonar ese Meu amor é mariñeiro rompía el silencio sepulcral que imperaba en un acto a plena luz del sol de mediodía en ese paseo marítimo en el que se siente romper el mar. Pero hubo un momento en el que batieron las palmas. Fue cuando Samuel Kwesi, el superviviente al que las familias nunca dejan de abrazar, acudió a poner su flor en la placa a sus compañeros. Samuel lloraba y acariciaba la piedra como lo hacían también los padres, hijos o viudas. Samuel era uno más como lo fue en el barco. Se marchó discretamente como siempre, secándose las lágrimas y flanqueado por su familia de adopción en Marín, dejando claro que él, que milagrosamente no es víctima más de la tragedia, sigue teniendo su cabeza en el infierno que vivió en Terranova. 

 Al homenaje asistieron el presidente en funciones de la Xunta, Alfonso Rueda; el delegado del Gobierno, Pedro Blanco; Abel Losada, subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Luis López, presidente de la Diputación de Pontevedra, y los alcaldes de Pontevedra y Marín, Miguel Anxo Fernández Lores y María Ramallo respectivamente. Además de Rueda, acudieron otros dos candidatos a la presidencia de la Xunta, el socialista José Ramón Gómez Besteiro y la nacionalista Ana Pontón.