De Colombia a París se va solo por Pontevedra

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Leiro

Prepara desde el CGTD su participación en los Juegos, «un carnaval que no quieres que se acabe»

08 may 2023 . Actualizado a las 11:55 h.

Mauricio Ortega creció en la región colombiana de Urabá, pero cuando todavía era un adolescente, su madre lo envió a Medellín para que se alejase de una vida que no le convenía. Ella le veía el potencial que finalmente eclosionó lejos del lugar donde nació. Está en Pontevedra, a miles de kilómetros de su Colombia natal para buscar un billete que lo lleve a París el próximo año para pelear por una medalla en el lanzamiento de disco. A sus 28 años no tiene dudas de que tendrá una plaza en los próximos Juegos Olímpicos. No serán los primeros en los que participará. Ya lo hizo en Río de Janeiro en el 2016 y cinco años después en Tokio (se retrasó un año por la pandemia). Su siguiente aspiración es la capital francesa y para eso ha recalado en el Centro Galego de Tecnificación deportiva (CGTD). No ha encontrado ningún sitio mejor para una carrera olímpica en la que va de la mano de su entrenador, Frank Casañas, al que lleva unido desde el 2017.

Hace siete años que está bajo la dirección de un hombre que fue olímpico en cinco ocasiones y que ha convertido Pontevedra en su cuartel general, apoyado en el trabajo de investigadores del Laboratorio de Rendemento, Condición Física e Benestar de la facultad de Ciencias da Educación e o Deporte. El departamento, coordinado por Óscar García, lleva a cabo una serie de evaluaciones de Mauricio Ortega para elaborar recomendaciones en las distintas fases del entrenamiento y evitar los riesgos de lesiones. Han profesionalizado el trabajo de Mauricio para sacarle el máximo. El objetivo: París. «La preparación en Pontevedra está siendo muy completa no solo para las Olimpiadas, sino también para los Juegos Panamericanos y Centroamericanos», explica Mauricio a última hora del sábado.

Reconoce que necesita descansar. Lleva toda la semana con sesiones de ocho horas al día. Eso es el único plan de su agenda, lo único que le apetece hacer. Vino a Galicia a entrenar y no sabe cuando regresará a Colombia, lo que sí tiene claro es que lo hará. «A partir de julio buscaré conseguir las marcas para meterme en París, a partir de ahí, espero tener vida y salud para ver qué hago con mi futuro», explica el lanzador de disco colombiano.

Los Juegos, «un carnaval»

Cuando el agotamiento aprieta después de sesiones interminables, a la cabeza de Mauricio vienen una y otra vez las imágenes que vivió en sus dos citas olímpicas. Asegura que por mucho que las verbalice, es inexplicable convertir en palabras ese sentimiento: «Sientes una energía distinta, es la competición que lo reúne todo, es una fiesta, un carnaval que no quieres que se termine nunca». Esa sensación que siente quiere repetirla todas las veces que pueda. Ahora tiene 28 años y llegará a París con uno más. Quizás pueda plantearse ir hasta Los Ángeles 2028.

Desde Pontevedra, donde está solo porque su familia sigue en Colombia, recuerda esos comienzos en el lanzamiento de disco. Sabe exactamente en qué momento pensó «esto es para mí». Era un crío en Urabá y como muchos niños de su edad probó el baloncesto y el béisbol en un centro de desarrollo deportivo, pero no acababa de destacar y tampoco disfrutaba mucho. «Mi cuñado era entrenador de lanzadoras y me animó a probar. Me dijo que al empezar no me iba a gustar mucho, pero pronto me encantaría», explica Ortega. Todo se cumplió antes de lo previsto. «Cuando probé el lanzamiento en solo un mes logré dos medallas en Medellín y pensé ‘esto me gusta’», comenta Ortega.

Una pasión que arrancó pronto

Fija en esa época el comienzo de una carrera deportiva que está en su momento de «madurez» perfecta. Conoce sus virtudes y corrige sus debilidades con la colaboración de la UVigo. En Europa descubrió que esa pasión podía convertirse en una carrera con futuro. Formó parte del Playas de Castellón, uno de los equipos más potentes de España, hasta que hizo las maletas para instalarse en Pontevedra, donde vivía su entrenador Frank Casañas. «Yo lo conocí siendo lanzador, competimos juntos y tenemos muchas similitudes como deportistas. Si me hubiese quedado en mi país seguramente ya no estaría entrenando», reflexiona Mauricio, que reconoce que es posible que estuviese trabajando.

Optó por seguir su formación deportiva e intensificar su carrera olímpica desde Galicia. Y en los ratos que le quedan libres, le toca estudiar. Ya había empezado en su país Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y ahora continúa su formación en el campus de Pontevedra. El día que deje a un lado el disco, se dedicará a entrenar a las futuras promesas para llegar tan lejos como lo han hecho él.

En unos meses viajará de la Galicia «verde que tanto me gusta» a la pista de París.