Un piloto que se sostiene sobre bastones: «A moto dáme a vida»

Bea Costa
bea costa CAMBADOS / LA VOZ

PONTEVEDRA

MONICA IRAGO

Alberto Boo quiere cruzar metas, también a la hora de normalizar la discapacidad

05 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Alberto Boo nació con problemas de movilidad en la parte derecha de su cuerpo, con epilepsia y con los años aparecieron la fibromialgia y la depresión. Este cuadro clínico se traduce en una discapacidad física del 65 % y le obliga a utilizar bastón para andar, a veces dos, aunque eso no le impide pilotar una moto de 300 centímetros cúbicos.

Con ocho años se enganchó a la cultura de las dos ruedas. Descubrió una minimoto en el garaje de su tío y ya no se quiso bajar de ella. Sus padres no se lo tomaron bien. «Tiñan medo e preocupación, pero estoulles moi agradecido por que me permitiron facer o que quería», señala Alberto, y hoy hasta ha conseguido que su madre vaya a verlo correr.

Rodar por carretera era peligroso de modo que a los 16 le compraron otra moto para correr por circuito; probaría después con la moto de montaña, pero la epilepsia se recrudeció y a los 22 años tuvo que poner los pies en el suelo. A los siete años volvió al asfalto, a competir, y desde entonces —hoy tiene 32— no paró.

Alberto Boo se ve con fuerzas suficientes como para medirse con cualquier piloto. Solo necesita una moto adaptada: el freno de atrás lo maneja con el pulgar de su mano izquierda, el acelerador de la mano derecha tiene un recorrido más corto del habitual y utiliza clavos para fijar su pie derecho a la estribera. Lo demás es cosecha propia y ya le ha valido un subcampeonato en SBK junior en 2021.

En todo caso el palmarés para él es lo de menos. «Non me importa gañar, o importante e competir», dice, y, sobre todo, que su ejemplo sirva para normalizar y dar visibilidad a la discapacidad dentro del mundo del motor. No siempre encuentra la colaboración que desearía, pero las «trabas» no le frenan. El dinero siempre es escaso y, por ello, Alberto Boo está inmerso desde hace meses en una campaña de crowfundig con el fin de conseguir patrocinios. Se puso la meta de 4.000 euros y solo ha recaudado 20. Explica que no se trata solo de buscar una vía para financiar los viajes y estancias que exige la competición —los gastos de la moto van aparte—. «Busco patrocinios para difundir valores, para que a xente se poña na nosa situación e procure intente entender».

Se confiesa decepcionado por la falta de respuesta a su llamada por parte de algunos colectivos que representan y trabajan con personas con diversidad funcional —con la excepción de Ambar— pero, pese a todo, no abandona. Le va mucho en ello. «A moto dáme a vida e non vou deixar de loitar. O mundo é precioso e quero demostrar que, aínda que sexa con bastón, pódense facer moitas cousas. Non hai maior antidepresivo que facer as cousas que nos gustan, eu enriba da moto non sito a dor», y eso, para una persona con fibromialgia, es un gran alivio.

El motociclismo no está exento de riesgos, pero Alberto afirma que son muchos menos de los que a priori pudiera parecer. «Eu levo xa setenta caídas e só tiven tres lesións. É un deporte seguro, os cascos, as botas, a roupa e os circuítos están moi preparados, en Navarra ata hai un que ten sala de reanimación», cuenta.

Este ourensano de San Pedro de Moreiras (Toén) afincado en Cambados desde hace una década le quiere quitar hierro al hecho de que una persona con discapacidad practique motociclismo y cuando él ya no pueda seguir haciéndolo por cuestiones de salud, confía en que su ejemplo sirva para ayudar a otros que se encuentran en su misma situación.

Ahora tiene la moto aparcada porque los dolores han vuelto con fuerza y le impiden ir a entrenar como solía a las pistas de Porriño y Soutelo de Montes, pero su carrera continúa. Y si no puede ser sobre el asfalto, lo hará con la palabra, mediante su trabajo como docente ocupacional y agente de igualdad.