Sin trabajo y con seis hijos: «La pobreza es como ir en bici y sin frenos, un problema económico lo rompe todo»

Luisa Couso relata las dificultades para sacar adelante en Pontevedra a una familia numerosa monoparental y sin un empleo

Luisa Couso, con sus hijos, delante de la sede de Cruz Roja en Pontevedra
Luisa Couso, con sus hijos, delante de la sede de Cruz Roja en Pontevedra

pontevedra / la voz

Luisa Couso es una de esas mujeres que derrochan energía y soportan con relativa calma el tener que sacar adelante ella sola a seis hijos sin el colchón que da un trabajo y con el único amparo de las ayudas sociales y su familia. «Cada mes vivo una odisea económica», explica antes de relatar una vida que a sus 40 años parece que ha vivido el doble. «La pobreza es como ir en bici cuesta abajo y sin frenos, cualquier problema económico lo rompe todo, todo va por los aires», resume Luisa frente a un café. En dos horas de conversación recalca una y otra vez que sus seis hijos son lo único que la hace feliz y le da impulso para comerse un mundo que no la ha tratado demasiado bien desde que en el 2014 se separó de su marido.

Recibe el ingreso mínimo vital (IMV) de poco más de 800 euros, pero el alquiler se traga la mitad. Después quedan las facturas, la comida y un encaje financiero difícil de sobrellevar que le obligó a recurrir a la ayuda social y que el covid ha agravado. Hasta hace poco Amigos de Galicia y ahora el Banco de Alimentos, Cáritas y Cruz Roja contribuyen a que Luisa y sus seis hijos -África, de 16 años; Estrella, de 13; Romeo, de 12; Michael, de 11; Mía, de ocho, e Ian, de cinco- tengan un presente. «Yo peleo a muerte porque el día de mañana mis hijos salgan de la pobreza», dice con lágrimas en los ojos esta madre, que además tiene dos ángeles de la guarda, sus hermanos Tino y Celia. «Donde no llega la ayuda social, está la familia. Hasta ahora hice lo que hizo falta en cada momento por sacar a mis hijos adelante», comenta sin dar más detalles ni profundizar esta pontevedresa que en el 2014 rompió con su exmarido y la vida confortable que tenía desapareció. Desde entonces casi no sabe lo que es comprarse una prenda de ropa o poder darle un capricho a sus hijos: «Ya no los llevo al súper porque veo que se fijan en cosas que no podemos comprar y me entristece vivir esta situación».

Aún así, le sobran ganas y arrojo para seguir luchando y buscando soluciones. En su mochila lleva a diario toda la documentación que acredita su situación para intentar llegar al fondo de cada ayuda. «Antes recibía la risga y estaba en el programa de integración social, pero desde que cobro el IMV, que es de la misma cantidad, ya no tengo tantas opciones», lamenta Luisa Couso, que detalla: «El Banco de Alimentos me da una vez al mes una compra, pero no hay productos frescos, y la Cruz Roja me ofrece apoyo escolar, mantas, protectores para que no entre el frío por las puertas y una gran compra tres veces al año». El confinamiento fue una piedra más en este camino de supervivencia. «Cruz Roja me entregó un arcón para poder congelar y racionar la comida, les debo casi todo, dan sin juzgarte», comenta Couso, que dosifica cada aportación para tener el mes cubierto.

Una sociedad que juzga

La pandemia ha demostrado la vulnerabilidad de las personas y disparó la ayuda social. Solo el comedor de San Francisco ha pasado de cerca de 140 usuarios a casi 200 a final de mes y el Banco de Alimentos ha incrementado en un 40 % la demanda y duplicado las donaciones hasta llegar a las 2.450 toneladas de comida.

Además de la pobreza en la que vive Luisa, lamenta que la sociedad la juzgue por hacer tenido seis hijos. «Las madres solteras somos como las apestadas de la sociedad, después se habla de dinamización demográfica, pero luego estás sin nada», recalca. Le gustaría tener un trabajo, se ha preparado en decenas de cursos mientras los niños van al colegio, pero las oportunidades no llegan y si lo hacen, son una navaja de doble filo porque no tiene quien cuide de sus hijos. Su sueño es poder trabajar y atender a sus seis hijos. «Por muy mal que esté, intento arreglarme. Si no te ves bien, nada puede ir bien», explica Luisa, que quiere que la pobreza se visibilice e inculca a sus hijos que «nunca renuncien a nada y piensen que siempre se puede». Aunque ella pase muchas noches sin dormir.

Cruz Roja atendió a más de 7.800 pontevedreses en la pandemia

  

Desde Cruz Roja en Pontevedra reconocen que el despliegue durante la pandemia es el más grande que jamás hayan hecho en la ciudad. Y ponen unas cifras abrumadoras a esta ayuda. Solo en el área de inclusión social, desde el confinamiento inicial, entregaron productos de alimentación, primera necesidad y medicamentos a 5.118 personas en la zona de Pontevedra. Pero además de este campo, en el área de la salud, la organización ha atendido a más de cuatro mil personas en la comarca con información, medidas preventivas, mascarillas y apoyo psicosocial. El apoyo educativo está siendo uno de los puntos más importantes durante esta pandemia y entregaron cerca de un millar de paquetes de material didáctico a 435 menores de la ciudad y realizaron 1.048 intervenciones a 72 niños.

El 63 % de las personas atendidas por Cruz Roja en Pontevedra son mujeres y el 35 % de estas tienen edades comprendidas entre los 25 y 29 años.

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