«Hay una imagen injusta del joven empresario»

María Hermida
maría hermida REDACCIÓN / LA VOZ

PONTEVEDRA

Jesús Rey, presidente de la Asociación  de Jóvenes Empresarios (AJE) de Pontevedra
Jesús Rey, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de Pontevedra Martina Miser

El presidente de AJE Pontevedra, Jesús Rey se rodea de jóvenes emprendedores que «asumen cargas enormes y se lo curran mucho»

14 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Su primer trabajo fue en la empresa de asesoría de la familia, donde continúa. Señala que desde muy joven tuvo relación con el negocio.

Jesús Rey (Caldas, 1983) dice que en España «ahora mismo, ya no es fácil vender nada». Pero él no vende nada mal la Asociación de Jóvenes Empresarios de Pontevedra (AJE) que preside. Habla con tanto entusiasmo del colectivo, de la piña que forma la gente que lo integra, que anima a conocer todo lo que allí se cuece. Recibe a media mañana en una de las oficinas de la empresa de asesoría, seguros e inmobiliaria de su familia, en la que él encarna la segunda generación. Está en medio de llamadas de trabajo. Pero deja descansar el móvil sobre la mesa y, pese a la distancia que impone la pandemia, se muestra cercano y le brillan los ojos cuando habla de lo que ve entre sus compañeros: «Es que a veces se piensa que el empresario joven es el hijo o la hija de... o alguien que no se lo curra. Y yo veo cada cosa, veo a gente de 30 años con unas cargas impresionantes a la espalda y que se lo curra tanto... Este año estoy sorprendido, porque hay gente, de la hostelería por ejemplo, a la que la pandemia se lo puso todo negro y en cambio ahí sigue, reinventándose, buscando cómo facturar unos euros. Los admiro tanto».

Jesús confiesa que le da vergüenza hablar de sí mismo. Se intuye ese pudor detrás de la mascarilla. Pero acaba confesando cómo nació el emprendedor que lleva dentro: «Pues es que desde pequeño lo mío era tratar de vender. Si iba a un mercadillo hasta negociaba con los que vendían... y luego después siempre estaba proponiendo tratos a la gente. ¿Que no me compraban un móvil, pues iba al de la tienda y le decía que cuantos móviles tendría que vender para conseguir uno para mí? Esa vena comercial supongo que siempre estuvo ahí, mi madre a veces alucinaba», dice. Ese pequeño negociante se hizo mayor y miró hacia la empresa familiar. Pero pronto se dio cuenta de que caminar en solitario no es fácil. Así que, hace ya años, giró su vista hacia la Asociación de Jóvenes Empresarios de Pontevedra. Y le gustó lo que vio: «De repente, me sentí apoyado. Vi que había gente que, como yo, trataba de emprender o de continuar con empresas familiares y que allí poníamos en común muchas ideas, nos formábamos y buscábamos alianzas y colaboraciones, algo fundamental», cuenta.

«Ver la necesidad del cliente»

Dice que asociarse le sirvió también para ver que había que mirar más allá del sector de cada uno: «Me di cuenta de que aunque sepas de lo que tú haces, en mi caso de seguros, tienes que ver más allá. Y detectar las necesidades de tus clientes y ser sensible con ellas. Estar con personas de otros sectores te ayuda».

En el 2019, accedió a la presidencia del colectivo, que tiene unos 150 asociados en todo el norte de la provincia de Pontevedra. Y, desde entonces, trabaja con la misma máxima: «Hacemos foros, compartimos experiencias, tratamos de apoyarnos, de estar muy al día, por ejemplo, en todo lo relacionado con la venta digital, que ayudó a muchas empresas en la pandemia. Se da una paradoja. Por un lado, no hay tanta gente joven que emprenda y, por otra, hay algunos a los que hay que frenarlos y decirles que anden con sentidiño, que montar una empresa es complicado», explica.

Está especialmente contento del compromiso que le ve a las nuevas generaciones que toman riendas de las empresas familiares o que montan nuevos negocios. «Le ves a la gente muchísima responsabilidad social, de verdad lo digo, quieren que su proyecto salga bien pero no por el mero hecho de ganar dinero, quieren hacer las cosas bien, dar empleo. Les veo comprometidos con la economía circular, con el medio ambiente. De verdad, invito a cualquiera a venir a uno de nuestros foros y ver lo que hay, causa mucha sorpresa, porque a veces es injusta la imagen que se tiene del empresario».

Habla así y narra un ejemplo reciente con el que se está volcando: «Hay un joven que presentó un proyecto para entrar en nuestra aceleradora de empresas y finalmente resultó elegido. Pretende hacer tablones de madera con restos agrícolas. Lo que me gustó fue que cuando le dije que es una buena idea, que además está interesando ya en el ámbito internacional y le dije que quizás en el futuro le darían dinero por este proyecto, me comentó que él no busca eso, que quiere disfrutar con su empresa, ubicarla en el rural, generar empleos aquí...». Jesús se emociona hablando de este caso. Y dice que, pese a la que está cayendo, en la provincia siguen emprendiendo jóvenes en sectores castigados, tratando de sobrevivir.

Habla de Pontevedra, del empleo... Es entonces cuando Ence, que vive un momento convulso, se cuela en la conversación. Es directo: «No sé si somos conscientes de todo lo que supondría que Ence cerrase en Lourizán y que lo hiciese en este momento, tal y como estamos», dice y acompaña la frase con un suspiro.