Los Bravú, llamados a definir el futuro del panorama artístico

Diego Omil y Dea Gómez se sitúan entre los nuevos talentos creativos españoles


«Vi pasar el pasado del rock'n'roll delante de mis ojos. Y también vi algo mas: vi el futuro del rock'n'roll y su nombre es Bruce Springsteen». Estas palabras escritas por John Landau tras asistir al primer concierto del Boss bien se podrían aplicar al dúo Los Bravú y su proyección en el mundo del arte. Por lo pronto, la revista Vogue, en su edición del próximo marzo, los sitúa entre los nuevos talentos creativos españoles que definirán el próximo panorama artístico.

Los Bravú están conformados por el pontevedrés Diego Omil (1988) y la salmantina Dea Gómez (1988), quienes coincidieron y se conocieron estudiando Bellas Artes en la ciudad del Lérez. En la actualidad, «se dedican a pintar lienzos a cuatro manos», de tal modo que «la pareja firmará el mural que cubrirá el emblemático Palacio de la Música de Madrid mientras dure la rehabilitación del edificio», reseñaron al respecto.

En las páginas de Vogue mostrarán de dónde extraen la inspiración, exhibiendo algunas «de las fotografías que llenan el tablero de inspiración». De hecho, ambos «se alimenta creativamente de alusiones a la naturaleza y al arte academicista para reubicarlas en un contexto actual», de tal modo que ellos mismos refieren que «es muy fácil reconocer las referencias clásicas y con un punto renacentista en nuestros cuadros. Todo eso es un recurso para hablar de cosas de hoy en día».

De este modo, a través de sus composiciones, dejan patente una relación muy estrecha con el medio rural, de donde extraen elementos que, posteriormente, introducen en sus obras mezclados con detalles más propios de la industrialización. El resultado son «imágenes pictóricas que sirvan de nexo entre ambos universos».

Los Bravú generaron un fuerte impacto durante el primer confinamiento por la pandemia del coronavirus decretado en Inglaterra -en la actualidad, residen en Londres- al impulsar el proyecto #nudesdecuarentena. De este modo, ambos transformaron en retratos las fotografías de desnudos que les remitieron decenas de personas a través de Instagram. «La idea surgió de una manera muy espontánea, un chiste que terminamos por tomarnos en serio (...). No nos imaginábamos que semejante propuesta tendría tanta acogida», reconocían hace poco menos de un año en declaraciones a la agencia Europa Press.

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