«La pandemia me obligó a vender el piso para vivir tranquilo»

Daniel Iglesias se reinventa formándose para salir a flote tras casi un año con sus locales de hostelería cerrados


Pontevedra / La Voz

La pandemia golpeó a cientos de familias y dejó tocados a muchos sectores, algunos de ellos, como la hostelería, casi hundidos. Lo sabe bien Daniel Iglesias, que casi un año después de que se decretase el estado de alarma sabe bien lo que es tener que reinventarse para salir a flote. Tenía cuatro negocios, dos de ellos de hostelería, como la sala Jackson y el Mulligans, otro de automoción y un último vinculado a las bodas que había empezado a rodar dos meses antes del confinamiento.

Con todo en jaque, esquivó el mate tirando de esfuerzo y buscando alternativas para buscar un futuro en el caso de que esta situación se prolongue. «Tuve que liquidar la empresa de automoción para poder tener efectivo y hacer frente a los pagos», apunta Iglesias, que tuvo que ir deshaciéndose de parte de su patrimonio para afrontar las deudas. «La pandemia me obligó a vender un piso que tenía para poder vivir tranquilo», explica. Iglesias era propietario de una vivienda en Pontevedra, pero tuvo que prescindir de ella para salir adelante.

Un año después, echa la vista atrás y asegura que la pandemia le ha cambiado la vida en muchos aspectos. Al menos, ha ganado tiempo con su familia, algo que antes apenas tenía, pero también «pasé de vivir bien a tener que hacer cuentas cuando iba al súper».

En estos meses ha tocado fondo. «Lo llevé muy mal, estuve muy deprimido y desanimado, sin ganas de hacer nada», indica este hostelero, que se aferró a la formación para empezar a remontar. Y así fue. Desde septiembre no ha parado y no prevé hacerlo casi hasta el verano. Está haciendo un curso de patrón costero polivalente de gestión de puentes y máquinas, retomó los estudios para sacar el título de bachiller y prevé hacer un ciclo superior de máquinas en Vigo. La formación fue su salvación y espera que siga siendo así. Por su cabeza ya rondan nuevos proyectos vinculados con la náutica.

Aunque su futuro está lleno de planes, prevé reabrir la sala Jackson y el Mulligans en cuanto tenga la posibilidad. La primera es una sala de fiestas y la segunda, una cervecería, que abre en horario de tarde noche. «Espero que en diciembre pueda abrir la sala y a principio del verano, el Mulligans. Mientras sigan estas restricciones no me interesa hacerlo», apunta Iglesias, que pasó de tener a 15 personas a su cargo en todos los negocios a contar solo con uno y tenerlo en ERTE. Esto es suficiente para saber la medida de cómo le ha afectado la pandemia. Este empresarios estuvo también afectado por los contagios en su local, lo que le llevó a tener que cerrar durante más de un mes la cervecería. «A través de un cliente se contagiaron parte de mis empleados», comenta.

Daniel Iglesias quiere dejar todo atrás y ya solo piensa en el futuro y en lo que tardará en volver a tener la misma actividad que antes de la pandemia. «Después de que todo esto pase, la previsión es que tendré que trabajar durante año y medio para volver a la normalidad. Y eso manteniendo las expectativa de facturación que tenía antes de cerrar», explica Iglesias, que calcula que las pérdidas en este año superaron los 50.000 euros. Se pregunta de qué ha valido el esfuerzo que han hecho sus compañeros de la hostelería peregrinando a Madrid. «Seguimos igual, nos están tratando como marionetas», apunta este empresario hostelero que lleva desde los 18 años vinculado al sector.

Aunque cree que «esto va para largo» empieza a ver como llegan algunas propuestas a medio plazo para poner la iluminación, el sonido, la barra libre o la música en algunas bodas. Daniel Iglesias tiene esperanza de que todo cambie, pero el poso de este año tardará demasiados en olvidarse. Ahora empieza a ser positivo.

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