Más restricciones y vacunados enchufados

La Xunta retuerce medidas y distrae el confinamiento domiciliario que pide el alcalde de Pontevedra, Fernández Lores. Y en el Chop, episodio de vacunación indebida


Entre los palos de ciego que persisten en la gestión sanitaria frente a la pandemia y algunos episodios de dudosa ética en la vacunación contra el covid, se nos ha ido esta penúltima semana de enero. Tras el nefasto 2020, este 2021 no comienza mucho mejor.

Hay una realidad tan contundente como espeluznante. La marea de nuevos contagios y de incremento de hospitalizados es imparable. También en el área Pontevedra-Salnés. 1.579 contagiados y de ellos cerca de cien, en hospitales. Y 97 fallecidos en esta área.

Probablemente mañana lunes, cuando se reúna de nuevo el comité clínico con la Xunta de Galicia, se sumarán nuevos concellos a la lista de los que están en medidas extremas (Arteixo, Viveiro y Xinzo). Poio será uno de ellos, con toda seguridad, como admite en estas horas previas Luciano Sobral, regidor de un municipio que hasta hoy tiene una tasa de incidencia de 1.739 para una población ligeramente superior a 17.000 personas. Una auténtica barbaridad.

Más de lo mismo

El problema es que la Xunta vuelve a las andadas. Las restricciones estrenadas el jueves retuercen por enésima vez las medidas ya conocidas desde noviembre. De nuevo se focalizan contra la hostelería. Aunque también se han añadido los gimnasios y, sobre todo, las competiciones deportivas de ámbito autonómico que se han suspendido sine die para ahogar otra fuente de contacto social.

Una vez más asistimos al discurso cínico de quienes dicen no querer criminalizar a los bares, restaurantes y cafeterías, pero que, sin embargo, justifican apretarles más. Condenados a menos aforo, cuando no a un cierre total como el que se aplica en Arteixo, Viveiro y Xinzo. Hay mala conciencia en el Gobierno gallego. Seguro, pues no ha tardado el presidente en anunciar una partida de 50 millones de euros en ayudas directas.

A esta altura de la tercera ola, con esta suma y sigue de restricciones que más parecen bastonazos al aire que soluciones efectivas, surgen desde diferentes sectores de la sociedad gallega, voces que reclaman un confinamiento domiciliario de dos, tres o hasta cuatro semanas que sirva de cortafuegos del tsunami actual de contagios.

Ya no bastará con adelantar la hora del toque de queda. El alcalde de Pontevedra ha sido uno de los que más claro lo ha dicho: «A situación actual é inasumible; hai que tomarse en serio a posibilidade dun confinamento». Lores, en sintonía con la opinión expresada por su jefa política, Ana Pontón, por el Colegio de Médicos y numerosos especialistas, argumentó que a la larga será menos lesivo cerrar todo 20 días, que seguir en esta larga espiral de restricciones en la que llevamos desde noviembre con escasos resultados.

Quítate tú que me pongo yo

Una de las escenas más chuscas y reprobables es esta suerte de vacunados enchufados que han aparecido, especialmente entre responsables públicos que predican un mal ejemplo. De entrada, merecen el reproche social porque colarse es quitar la vacuna a alguien que lo necesita antes y más qué tú. A diferencia de lo pregonado por Ximo Puig, presidente valenciano, creo que será mejor que se les ponga la segunda dosis para no malgastar vacunas. Pero que lleven como penitencia el escarnio y que paguen con la dimisión de sus responsabilidades públicas.

No solo es en la política. Con la vacunación del Jefe del Estado Mayor de la Defensa y otros mandos militares, también se traslada una mala impresión. Puede parecer que las Fuerzas Armadas van por libre. Colisiona con la excelente imagen que la tropa viene dando con un trabajo excepcional desde el principio de la pandemia. Actualmente en la tarea de rastreadores, como la que realizan efectivos de la Brilat. Doy testimonio personal de que cumplen esa labor con celo y profesionalidad, ya que me hallo aislado en mi domicilio por haber sido contacto estrecho de un positivo, en mi trabajo en el Concello de O Porriño. Di negativo en la PCR. No obstante, debo guardar cuarentena. Diariamente recibo en mi móvil la llamada de uno de los rastreadores militares que de modo atento se interesa por cómo estoy y me recuerda la obligación de mantenerme aislado.

«Error»

Volviendo a los enchufes, en Pontevedra no hemos tenido exactamente un episodio tan zafio como los de Murcia, Ceuta, Valencia o País Vasco, pero el «error» que según la Xerencia del Área Sanitaria se cometió esta semana, vacunando a 17 trabajadores a los que no correspondía aún, ha sido un bochorno. Incluso he leído que fuentes sindicales han denunciado que además de informáticos, como admitió el Sergas, también fueron inoculados trabajadores de cocina y del servicio de cita previa de Montecelo. Es decir, personal de retaguardia fue vacunado antes que médicos de diversas especialidades y sobre todo que el centenar de celadores que integran, indiscutiblemente, la infantería de primera línea en la residencia sanitaria.

Otro clavo en la cruz del gerente, José Ramón Gómez, cuya suerte está echada desde hace tiempo. Ahora Feijoo y el conselleiro tendrán que dar explicaciones en sede parlamentaria, exigidas por la oposición, por este desaguisado.

Ha sido un sinsabor innecesario justo en la semana en que el personal sanitario del Chop recibía, de modo merecidísimo, el principal galardón instituido en este municipio, el premio Ciudad de Pontevedra.

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