¿Quién hizo trampas al solitario?

La tercera ola de la pandemia ahoga el Entroido pontevedrés, anula la Semana Santa y condiciona el futuro de otros eventos, al menos, hasta junio.


Lo que no consiguió la dictadura lo ha logrado el maldito coronavirus. El bicho que condiciona nuestras vidas desde hace más de diez meses, dejará a la ciudad de Pontevedra sin el Entroido. Un tiempo de troula que este año ha sido capado por las restricciones obligadas por la pandemia.

La ciudad de Pontevedra que, en tiempos de Franco esquivó la censura y las prohibiciones celebrando los carnavales al abrigo de las entidades recreativas con la complicidad de muchos, padece en este 2021 la forzosa cancelación que obliga el covid.

No es Pontevedra una excepción, sino una de las muchísimas evidencias del daño ocasionado por la pandemia. Tanto para la salud mental de miles de ciudadanos que necesitábamos del tiempo lúdico del Entroido para restañar las heridas que nos han dejado diez meses de protocolos, distancias, mascarillas, geles y demás. Del mismo modo que los pontevedreses no dispondremos de ese alivio que la permisividad carnavalesca nos iba a otorgar, ocurre con los concellos ourensanos del triángulo mágico, que también por primera vez desde el franquismo, se ven obligados a suspender sus respectivos Entroidos.

Palo económico

Del mismo modo que para Verín, Xinzo y Laza esto es una pésima noticia social y económica, para la ciudad de Pontevedra la cancelación es un palo tremendo. En el 2019, último año del que conozco una estimación, la Federación de Comercio cifraba el movimiento económico que generaba en la provincia en… ¡¡¡38 millones de euros!!!

El Entroido na Rúa de Pontevedra es la fiesta más transversal del año. Socialmente hablando. La participación y expectación que ha suscitado desde 1984 es inimitable. Después de 36 años, su futuro está garantizado, al margen de quien gobierne en el Concello de la capital. La patente de su continuidad nada tiene que ver ni agradecer a pleitesía política alguna. Nació con UCD, sobrevivió al PP y ha seguido con el BNG, con la ayuda del PSOE. Su singularidad radica en la implicación de miles de ciudadanos de todas las edades y condiciones durante un prolongado espacio de tiempo. Este año habría sido entre el 12 y el 20 de febrero.

No obstante, es justo decir y reivindicar que fue idea de concejales nacionalistas de Festas y Cultura como Luis Bará y Anxos Riveiro convertir en festivo local el Miércoles de Ceniza y alargar la programación a nueve días, lo que ha dotado al Entroido pontevedrés de un carácter diferenciador entre los carnavales urbanos de Galicia.

La ciudadanía pontevedresa tiene, tenemos el derecho de reivindicar un modelo de Entroido que ha acuñado una personalidad propia desde que los padres fundadores: José Víctor González, Salus García Louzao, Bibiana Araújo, los hermanos Gómez Cuerpo y los Brea Vaamonde, Peregrino Vázquez y Manuel Rodríguez Pousada, Queimadas, entre otros, tuvieron la idea y el valor de recuperar el carnaval en la calle, rememorando lo que fue el velorio y cortejo que acompañó al auténtico Loro Ravachol, al que don Perfecto Feijoo y sus amigos de la botica de la Peregrina, dieron honras fúnebres en 1913.

Otras víctimas del covid

En otro rango de eventos, el coronavirus también se lleva por delante la feria de oportunidades Stock Pontevedra, que anualmente organiza la patronal Centro Comercial Zona Monumental, y que debería celebrarse el primer fin de semana de febrero. De hecho, la casa habitual de este certamen, el Recinto Ferial de Pontevedra, ha sido este año raro el ámbito del autocovid, donde se han hecho cientos de pruebas PCR a los pacientes del área sanitaria convocados por el Sergas.

Tanto la cancelación del Entroido como de Stock Pontevedra se unen a la relación de víctimas que el coronavirus se viene cobrando en nuestra ciudad, desde marzo del 2020: desde el Salón do Libro Infantil hasta la Cabalgata de Reyes, pasando por toda la programación de las Festas de Verán, la Semana Grande de la Peregrina y la Feira Franca. En términos de movimiento económico y ocupación turística, hablamos de un quebranto de millones y millones de euros que ya son irrecuperables.

Cinismo

El paisaje económico en la ciudad de Pontevedra se oscurece a medida que la tercera ola avanza y las restricciones son, de nuevo, un nudo corredizo, sobre todo, en el cuello de la hostelería y la restauración, y en menor medida, para el comercio. Ya no me sorprende, pero me indigna, el cinismo de las autoridades gallegas que, escudadas en el comité clínico, vuelven a criminalizar a los mismos sectores económicos que penalizaron en noviembre y diciembre. Es una coartada recurrente.

Se agarran a ese resorte antes de admitir que sus decisiones permisivas en Navidades, autorizando plena movilidad so pretexto de reuniones familiares, fomentaron las celebraciones a full que ahora se traducen en centenares de contagios diarios. El presidente Feijoo y su gobierno han metido la pata. Sin género de dudas. Los casi 600 hospitalizados de ayer en Galicia y los 11.666 casos de coronavirus, tienen su germen en la inhibición de quien ,debiendo prohibir, solo se atrevió a recomendar.

El conselleiro de Sanidade nos pidió antes de las fiestas que no nos hiciéramos trampas al solitario. De veras, señor Comesaña: ¿quién hizo trampas?

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