Acuña vuelve a sus orígenes para dar otra vida al emblemático Paredes

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Leiro

La panadería abrirá junto al local donde empezaron sus fundadores en 1991

23 dic 2020 . Actualizado a las 21:12 h.

Acuña da un paso al frente y otro a sus orígenes. La pastelería pontevedresa ocupará el emblemático bajo que durante casi 80 años albergaba la quiosco Paredes. Durante la pandemia, cuando los pontevedreses estaban en casa confinados, el histórico negocio del número 1 de Benito Corbal echó el cierre. La tercera generación se jubilaba. Y mientras daban vueltas a la posibilidad de darle un nuevo aire, Andrés y Jacobo Acuña lo vieron claro. Querían volver a los orígenes y este local le abría esa posibilidad.

Muy cerquita de ahí, apenas a 20 metros nació Acuña. Ese despacho en el que apenas caben dos personas fue el corazón desde el que Rogelio y Manolo Acuña, padres de Andrés y Jacobo, respectivamente, comenzaron su andadura en un negocio que hoy tiene 21 establecimientos, seis en franquicia y 15 en propiedad. Sus hijos quieren establecerse cerca del que fue el punto de partida de una de las panaderías más grandes de la provincia. «Un día pasé por aquí y pensé, que este sitio emblemático era perfecto. Estamos trabajando en una línea distinta a todos, más vintage y orientado a los orígenes de la familia», apunta Andrés, que está poniendo un marcha una panadería pastelería con take away y espera poder arrancar con una terraza en el exterior.

La aventura familiar de los Acuña comenzó en 1991 cuando Manolo y Rogelio Acuña abrieron ese pequeño local después de años trabajando para sus padres en La Central, en la avenida de Vigo. «Fue el primer despacho de la familia, ellos eran empleados de mi abuelo y quisieron montar una filial, cogieron el traspaso de una peluquería que había ahí», apunta Andrés. Unos metros más abajo estaba otro de los negocios más longevos de la ciudad, el quiosco Paredes, que en los años cuarenta se había trasladado poco después de la Guerra Civil al bajo de San Francisco, en el número 1 de Benito Corbal. Rosario Paredes es la nieta de Enrique, el fundador del primer quiosco, y junto a su marido José Lorenzo y un cuñado se encargaban del negocio. Toda la prensa escrita pasaba por esas cuatro paredes y era un referente de la prensa diaria y de las revistas más minoritarias.

El cierre por jubilación del pasado mes de junio dejaba la incógnita de si las hijas de José y Rosario seguirían en el negocio y darían vida a la cuarta generación de quiosqueros, pero finalmente se cruzó Acuña en el camino para cambiar las revistas por panes. El bajo seguirá en manos de la familia Paredes, pero la gestión, no.

Abrir en el plazo de un mes

Cuando abran las puertas del nuevo despacho cerrarán el número 9 de Benito Corbal. Las obras ya han empezado hace semanas y el mosaico de cartones que empapelaba el cristal ha desaparecido y aunque todavía luce el toldo de librería Paredes, pronto cambiará. «Esperemos poder abrirlo entre mediados de enero y febrero», apunta Andrés Acuña, que está metido en más frentes para seguir creciendo. Trabaja en un obrador que se levantará en el polígono de Barro-Meis, al que se cambiarán para dejar la avenida de Vigo solo como despacho de pan. Pero también están centrados en la plantación de cinco mil metros de trigo Callobre en Vilaboa. «Somos obreros, no somos empresarios de los de corbata, llevamos 20 años en el negocio», apunta Andrés Acuña sobre todos los proyectos que inician en una empresa que echó a andar su padre y su tío.

El Quiosco Paredes, una vida que se remonta a los primeros años del siglo XX

 

 

No hay nadie en Pontevedra que no conozca o no haya entrado alguna vez en el quiosco Paredes que está en los bajos de San Francisco, pero aunque este es el último lugar en el que atendieron, su origen se remonta mucho más atrás, en los primeros compases del siglo XX en la plaza de A Ferrería. Enrique Paredes fundó este negocio después de unos años vendiendo periódicos por la calle. Aunque estuvo una pequeña etapa en otro bajo de una céntrica calle de la ciudad, pronto solicitaron abrir en A Ferrería.

El diseño del quiosco con hierro forjado y madera sorprendió a la ciudad. Vendían prensa, revistas y postales, entre otras cosas, pero esta autorización era temporal. El alcalde Remigio Hevia reordenó la plaza en la década de los treinta y Paredes buscó un nuevo local. En ese momento se abrió la posibilidad de instalarse en los bajos de San Francisco y Enrique Paredes no lo dudó. Lo sucedió su hijo Luis y tras su fallecimiento Rosario Paredes, la tercera generación de la familia, se hizo cargo del negocio junto a su cuñado e incorporaron libros y otras publicaciones especializadas.

Ambos regentaron el negocio hasta el pasado mes de junio cuando cerraron por jubilación. En un principio pensaron que sería temporal, pero el tiempo ha querido que se convierta en una panadería y con eso se entierre parte de un negocio con historia que superó el siglo de vida desde que Enrique Paredes lo puso en marcha en la primera década del siglo XX.