De Pontevedra a Egipto con una mochila de solidaridad a la espalda

Desde hace 16 años, una celadora del Provincial lleva ropa y juguetes al país

La celadora del CHOP, Chus Fernández, con niños egipcios a los que ayuda desde hace 16 años llevando ropa y juguetes
La celadora del CHOP, Chus Fernández, con niños egipcios a los que ayuda desde hace 16 años llevando ropa y juguetes

pontevedra / la voz

Sinbel juega haciendo rodar un neumático calle abajo en la ciudad egipcia de Luxor. Tiene una risa contagiosa y su mirada se ilumina, al igual que la de todos los niños del barrio, cuando la ve llegar.

Chus Fernández nunca olvidará la primera vez que pisó Egipto, era marzo de 2004 y cuenta que su familia y amigos «estaban preocupados por si me sucedía algo». Justo la semana después de aterrizar se enteraba de que el terrorismo yihadista había sembrado el terror en Madrid, por eso tiene grabada aquella fecha.

La cultura milenaria del país de los faraones siempre despertó fascinación en esta pontevedresa, pero lo que no se imaginaba Chus es que llegaría a cautivarla hasta el punto de acabar comprando una pequeña casa en la ciudad que antaño fue Tebas.

«Los primeros años me dedicaba a hacer turismo por los templos, alquilaba una bicicleta y recorría las calles o navegaba en faluca por el Nilo, pero tras cinco años visitando la misma ciudad, empecé a hacer relación con la familia del hombre que siempre me alquilaba la bicicleta y del recepcionista del hotel», explica Fernández.

A veces, Chus iba a comer con ellos a casa, otras se quedaba a dormir y poco a poco se fue convirtiendo en una integrante más de estas familias: «Me entendía muy bien con ellos y con sus hijos siempre lo pasaba muy bien. Alquilaba bicicletas también para ellos y nos íbamos de paseo por la ciudad, les enseñaba a jugar al birilé y a veces también íbamos en faluca o les pagaba la entrada a un pequeño parque de atracciones que hay en la ciudad. Les encantaba», comenta esta pontevedresa.

Fue a raíz del vínculo tan especial que creó con estas familias que empezó a visitarlos dos meses al año y puesto que conocía de primera mano las necesidades que tenían, en cada viaje que hacía sumaba mochilas de ropa y juguetes para los más pequeños.

Cuando volvía, Chus Fernández contaba a sus compañeros y compañeras del Hospital Provincial, donde trabaja en la actualidad como celadora, todas las anécdotas que vivía con estas familias, pero también lo cruda que era la realidad para muchas de ellas, con muchas bocas a las que alimentar y con unos recursos muy limitados y precarios. Entonces, el personal del centro hospitalario hizo su magia y se corrió la voz, de forma que empezaron a entregarle a Chus bolsas y bolsas con ropa de todas las tallas, calzado y juguetes.

«Recuerdo la primera vez que llegué a Luxor con unos patines, no se lo podían creer, fueron un auténtico exitazo. También les encantan las muñecas y todo tipo de juguetes a los que allí no tienen acceso. De hecho, en cuanto me ven aparecer, vienen todos corriendo y gritando para ver qué novedad les llevo», comenta entre risas esta celadora de Pontevedra.

Las sonrisas que Fernández recoge con sus acciones son por partida doble, y es que sus compañeros de trabajo no pueden evitar emocionarse cuando ven a los pequeños de Luxor disfrutar con todo lo que les envían gracias a altruismo de Chus.

«Con la pandemia, siento impotencia porque las familias lo están pasando mal y no puedo ir»

En los 16 años que Chus Fernández lleva visitando Egipto ha ayudado a decenas de familias a salir adelante, tantas que no sabe precisar una cifra exacta, pero sí comenta que ya van varias generaciones. En este sentido, cuenta con un poco de nostalgia que «en estas fechas estará naciendo el bebé de una chica a la que ayudé cuando tan solo era una niña, y por supuesto ya le tengo preparado un detalle. Y en febrero también nacerá otro con el que se da la misma casualidad».

La pandemia del covid ha trastocado sus planes de viaje en este 2020, puesto que tuvo que anular las visitas que tenía previsto hacer, y desde Pontevedra se acuerda mucho de todas estas familias. «A raíz de las revoluciones que hubo en el país, el turismo bajó mucho, y eso es de lo que vive la gran mayoría. Y justo ahora llega la pandemia... Sigo en contacto con ellos a través de Internet y siento mucha impotencia porque, ahora más que nunca, me necesitan», explica Fernández.

Mientras la situación no se estabiliza a nivel internacional, esta celadora del Hospital Provincial continúa empaquetando ropa y juguetes en su casa en su tiempo libre para, en cuanto se pueda, solicitar un permiso sin sueldo y volver a viajar al lugar en el que tiene parte de su segunda familia.

A la espera de que llegue ese día, Chus Fernández vuelve a menudo al recuerdo de sus paseos en bicicleta con los pequeños, mientras les enseña jugando los nombres de los objetos en idioma español y ella los aprende en árabe.

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