Vuelta al trabajo tras un año parados: «Vendimos 5.000 churros en un día»

Largas colas en el puesto navideño de Kuki Galiano en la plaza de España


pontevedra / la voz

La plaza de España huele a churros y ese olor, como si de la música del flautista de Hamelin se tratase, ha acercado hasta el puesto a miles de pontevedreses. «Hemos vendido cerca de cinco mil churros cada día», comentaba David Galiano, hijo de Gloria Vaquero, que lleva desde los 16 años en la churrería que lleva el nombre de su marido, Kuki.

Es el primer fin de semana que respiran desde que la pandemia les cortó el aliento en marzo, aunque su último trabajo fue la pasada Navidad. Así que este viernes volvieron a salir con su puesto, como hicieron toda la vida. En su mochila están grandes jornadas de ferias en San Froilán, la Peregrina e incluso, las Fallas. Gloria sonríe y agradece a cada cliente que le compra una docena. Resume estos dos días diciendo que «Pontevedra estaba deseosa de churros». Es lunes por la mañana y el goteo es incesante, pero el sábado y el domingo las colas fueron interminables. «Tuve que poner ese cordón para organizarla y recordar a la gente que hay que guardar la distancia de seguridad», apunta Galiano, antes de ir a ver cómo está montándose el mercadillo que el jueves empezará en A Ferrería.

La vuelta de la Churrería Galiano a la ciudad ha sido muy comentada en las redes sociales, donde un grupo mayoritario apuesta por su continuidad fuera del período navideño. A David Galiano le gustaría que fuese así, pero desde la concejalía de Promoción Económica, Yoya Blanco, asegura que «eso tendría que ir a licitación y depende de otras áreas». Eso sí, la responsable del departamento asegura que está trabajando en distintas peticiones para otros espacios de la ciudad, todos vinculados a Pontexogos y que no supongan una competencia para la hostelería. «Es obligación de la Administración local ayudar a las empresas de la ciudad siempre que se pueda», puntualizó Blanco, sobre la instalación de puestos callejeros en las fiestas. Galiano sabe que cierto sector de la hostelería los mira con recelo, pero pide a todos ellos que piensen que «nosotros no pudimos ni aprovechar el verano».

Quince ferias al año

David acaba de cumplir 43 años y lleva en el puesto desde que era un niño y acompañaba a su familia a las ferias. Ninguno recuerda un año como este, cuando están acostumbrados a hacer una medida de 15 ferias al año. «Estoy mejor vendiendo churros que en el sofá», dice su madre, a punto de cumplir 79 años. Ambos piden poder seguir trabajando. David reconoce que este año sin actividad «fue fatal, especialmente, para la cabeza. Hay que seguir pagando facturas y no trabajas, hasta pensé en buscar alternativas relacionadas con el carné de camión que tengo».

La vuelta a la actividad que le ha permitido el período navideño anima a esta familia que este verano fue el primero que pudo disfrutar de la playa por un motivo que no le gustaría revivir fue la ausencia de fiestas. Ni la lluvia de este diciembre han puesto freno a la revolución que ha supuesto el olor de la churrería en la plaza de España.

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