«Mi mujer se contagió, pero tuvo suerte. Lo peor es no poder verla»

Jesús Ríos cuenta cómo afrontan las familias de residentes el brote en Soremay


pontevedra / la voz

Jesús Ríos y sus dos hijas afrontaron días muy duros cuando les comunicaron que su mujer, Rosa Calvar, se había contagiado de coronavirus en la residencia urbana de mayores Soremay, de Pontevedra. Rosa, que cumplió los 84 años en agosto, lleva tres años viviendo en este centro sociosanitario. La familia tomó la decisión cuando el alzhéimer y tres derrames cerebrales convirtieron a Rosa en una persona dependiente. Ella fue de las primeras usuarias que se infectaron en la segunda ola en Soremay y, afortunadamente, se recuperó bastante bien, cuenta su marido, que solo tiene buenas palabras para la dirección y el personal del centro.

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«Mi mujer se contagió, pero tuvo suerte. Lo peor es no poder verla»