Lois Patiño: «Entiendo el arte como innovación»

El cineasta vigués muestra estos días en las salas comerciales su última película, «Lúa vermella»


vigo / la voz

Lois Patiño (Vigo, 1983) es un explorador de nuevas formas expresivas dentro del lenguaje cinematográfico. Pudo canalizar su creatividad hacia la pintura, hábitat natural para él desde muy niño debido a que es hijo de los reconocidos artistas plásticos Menchu Lamas y Antón Patiño, pero le parecía un reto de gran envergadura encontrar una voz singular en un medio artístico con tanta historia. Prefirió un arte nuevo, el cine, aunque aplicando sus propios mandamientos.

«Entiendo el arte como innovación», señala para explicar su actitud tanto como director como espectador. «A mí, como espectador, lo que más emoción me causa es la libertad del cineasta, y entro en las películas con ganas de ser sorprendido», añade. Patiño opina que si el espectador tiene el deseo de ser sorprendido puede ocurrir algo mágico, que él denomina revelación: «La revelación es el momento de placer estético y de conocimiento más intenso que existe». Recomienda por ello esa actitud a quienes acuden a ver sus obras. Estos días se pueden cumplir los deseos del director vigués ya que algunas salas comerciales de Galicia exhiben su último largometraje, Lúa vermella.

Las complicadas circunstancias derivadas de la pandemia de covid-19 impiden que Lois Patiño pueda recorrer medio mundo presentando su película, como sí ocurrió con la anterior, Costa da Morte, filme que obtuvo un amplio reconocimiento internacional.

«Intento que todas mis películas trabajen en un elemento muy esencial, la relación entre el paisaje y el ser humano, buscando la conexión o disolución de uno en el otro. Es el sustrato más elemental de mi cine y eso permite que se comprenda en distintas culturas, a pesar de que luego profundizo en la identidad cultural gallega», explica.

Esa mirada hacia el paisaje no es nostálgica porque busca la atemporalidad a partir del instante, tal como lo analizó el filósofo Henri Bergson, según explica. «Busco concentrar el presente hasta el instante porque la eternidad está en el instante, el instante pleno», afirma el cineasta. «En Lúa vermella se ve más clara la atemporalidad; si hay una lectura hacia la nostalgia, está en el sentido de la necesidad de una resincronización con el ritmo de la naturaleza. Intento que mis películas sean un oasis de desaceleración», añade.

El Rubio de Camelle

En las dos últimas películas de Patiño Lamas coincide un paisaje común, la Costa da Morte. Si en la primera fue un terreno buscado, en la segunda estuvo dirigido por la historia del Rubio de Camelle, el conocido buzo que participó en numerosos rescates de ahogados. «Al final, nuestra leyenda toma tierra allí y lo vinculo más a lo real a partir de la historia del Rubio de Camelle», dice, aunque también recuerda que parte de la película fue rodada en la Ribeira Sacra, incluso dentro de la presa de Belesar.

El reconocimiento internacional obtenido por Costa da Morta facilitó a Lois Patiño el acceso a la financiación, pero es consciente de la naturaleza de sus películas. «Siempre es agradable llegar a un público amplio, por eso hay que tratar de encontrar el equilibro entre no hacerte críptico y adentrarte en terrenos solo para agradar», señala.

Hace diez años, el crítico cinematográfico Martin Pawley acuñó la etiqueta Novo Cine Galego para englobar el trabajo de una serie de jóvenes cineastas que coincidían en la idea común de explorar otros lenguajes dentro del séptimo arte. Lois Patiño está orgulloso de pertenecer a ese movimiento que, afirma, lidera su amigo Óliver Laxe. «Creo que esa etiqueta define muy bien a nuestra generación porque hay en todos una búsqueda cinematográfica de nuevas formas de narrar; también hay una presencia de la naturaleza habitada, espiritualizada, con memoria y mitos», apunta el director.

Patiño ya está inmerso en nuevos proyectos cinematográficos. Actualmente, tiene cerrada la financiación de dos largometrajes. El primero se llama Ariel y será codirigido con el director argentino, de ascendencia gallega, Martín Piñeiro. «Es una adaptación libre de La tempestad, de William Shakespeare, que se va a rodar entre Galicia y las islas Azores el próximo año», explica. La otra película le hará viajar de Asia a África. «Se llama Samsara, concepto budista de muerte y renacimiento, que transcurrirá en la capital cultural de Laos, en un templo de Luang Prabang, y Zanzíbar, en un pueblo costero donde las mujeres trabajan en granjas de algas», avanza. El otro proyecto de inminente inicio es un cortometraje titulado El sembrador de estrellas. «Es un trabajo contemplativo sobre la exploración nocturna de Tokio; estamos trabajando el paisaje de la ciudad como dialogando con el paisaje zen y su vacío, pero en una megalópolis», manifiesta Lois Patiño. Está previsto que este trabajo se estrene en un planetario, en Pamplona.

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