El covid ralentiza la habitual compra anticipada de marisco para congelar

La incertidumbre sobre las fiestas de Navidad desconcierta al consumidor


pontevedra / la voz

La apertura de la campaña de la centolla significa, en años normales, el pistoletazo de salida de las compras navideñas anticipadas. Muchos pontevedreses acuden a los mercados para comprar y congelar, ante la previsión de que cuanto más cerca se esté de las fechas festivas de diciembre más caro será el marisco. Este año, sin embargo, en los mercados de la comarca, se nota el impacto del coronavirus, tanto en el bolsillo, porque la gente tiene menos dinero para comprar, como en la incertidumbre de si las familias podrán juntarse para Nochebuena o Fin de Año. Las ventas anticipadas de marisco navideño se están produciendo, pero en muchos casos a un ritmo menor del habitual.

En la plaza de abastos de Pontevedra, Beatriz es una de esas vendedoras que exhibe en su puesto -Pescados Bety, de Portonovo- las centollas recién cogidas de la ría. Esta pescantina explica que este año la centolla es «espectacular». De precio también señala que es asumible por la mayoría de las familias, con un valor que oscila entre los 22 euros de la grande a los 20 de la pequeña. Indica que, con respecto a otros años, los compradores que se acercan por su puesto las están adquiriendo, en su mayor parte, no para congelar, sino para probar. Los restaurantes están cerrados, tanto en el municipio capitalino como en las localidades del extrarradio como Marín y Poio, pero los particulares siguen acudiendo al mercado y la centolla es un producto estrella. A Bety, como la llaman todos en la plaza, le llama la atención que este mes se está notando mucho la afluencia de caras nuevas al mercado de la calle Sierra. «Vemos sobre todo mucha gente joven», indica. El cierre de la hostelería no frena el placer de tomarse una buena centolla en casa y este nuevo hábito está dando un pequeño balón de oxígeno al sector. Está por ver cómo evolucionan las cosas según se acerca Navidad, pero Bety indica que hay otro producto que sí está encontrando salida para congelar. Se trata del camarón, que en su caso se vende entre 20 y 70 euros según el tamaño.

En Marín, en uno de los puestos más grandes, uno de los vendedores sostiene que la centolla se está vendiendo «más o menos como otros años». Hay gente que la compra para congelar, como es frecuente en esta recta final de noviembre, o para comer en fresco. También hay bastante gente que se interesa por la cigala. No percibe una especial incidencia de la pandemia a la hora de que los clientes compren marisco. Con los restaurantes cerrados, este vendedor señala que dependen en exclusiva de los particulares, que siguen adquiriendo el producto estrella de la ría, a la venta en su caso entre 15 y 17 euros.

En otra parte del mercado marinense, otra pescantina lamenta el impacto que sí nota en sus ventas. «La gente no sabe si se podrá juntar en familia en las fiestas y las compras van despacio. ¿Cuánto despacio? «Mucho, por lo menos la mitad de lo normal para estas fechas». Esta pescantina sostiene que «se nota el bajón», pero confía en que algo se mejore según se avance en diciembre.

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