Vilagarcía se olvida de la lluvia para respaldar a su hostelería en la calle

Las asesorías no podrán iniciar el trámite de las ayudas hasta esta semana

«Ni siquiera estamos aquí para pedir ayuda, sino para decir que no somos los culpables de esto y que nos preocupamos por vuestra salud». Así concluyó ayer el breve discurso con el que José Carlos Justo, uno de sus convocantes, puso el remate a la concentración de apoyo a la hostelería de Vilagarcía que se desarrolló a mediodía en la plaza de Galicia. Los chuzos caían de punta. Metafórica y físicamente. Pero eso no impidió que la llamada de los hosteleros a la movilización prendiese entre el sector, entre un comercio que va de la mano en todo, también en la crisis desencadenada por la pandemia, y en muchos ciudadanos que, acostumbrados a ver el negocio desde el otro lado de la barra, valoran su trabajo y comprenden la situación que bares, restaurantes y cafeterías están atravesando, una semana después de que se decretase su cierre.

En la plaza de Galicia se concentraron unas trescientas personas, lo que, teniendo en cuenta los discretos tiempos que corren en materia de movilización, no estuvo en absoluto mal. En general, la gente procuró marcar distancias, por aquello del riesgo de contagios y las limitaciones estrictas a las que está sometida Vilagarcía, pero el hecho de no se apelotonasen no mermó el ánimo de los manifestantes. Cacerolas, aplausos y algún grito a favor de la libertad condujeron a la intervención final de Justo bajo una lluvia que no cedía.

Aunque Ahituvi, la asociación que agrupa a la hostelería local, no secundaba como tal la movilización, algunos de sus miembros sí estuvieron allí. El portavoz de los convocantes, uno de los responsables de la tapería Xuntanza, explica que su local permanece cerrado, porque las cuentas no dan para mantener un servicio de comida a domicilio. «De las ayudas que se están anunciando -subrayó- lo que sabemos es que las asesorías no se podrán poner con las solicitudes hasta esta semana que entra». En la capital arousana funcionan 1.150 licencias de hostelería y comercio. La preocupación es de pura lógica.

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Más allá de la puesta en escena y del rigor institucional, con un salón de plenos convertido en altavoz desde el que lanzar el mensaje en presencia del alcalde, Alberto Varela, y de varios miembros de su equipo, el llamamiento que ayer realizó el sector servicios de Vilagarcía deja entrever una situación muy próxima a la desesperación. Algo, por lo demás, esperable, una semana después de que la hostelería se haya visto obligada a echar el cierre, arrastrando con ella al tejido comercial. Representantes de Ahituvi, de Zona Aberta, de Agtamar-Upta y de diferentes ramos de una actividad tan diversa se dieron cita en Ravella para pedir ayuda.

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