2004: Un flujo de polizones que llamó a la puerta marítima de Europa

La arribada de barcos con africanos que pedían refugio político o querían iniciar una nueva vida fue frecuente en los años de cambio de siglo


pontevedra / la voz

Vigo, Marín y Vilagarcía, puertas marítimas de Europa, se convirtieron a fines de la década de 1990 y principios de los 2000 en un obstáculo tan difícil de superar para los inmigrantes africanos como las vallas con concertinas en la frontera de Ceuta y Melilla. En aquellos años llegaron docenas de personas, procedentes sobre todo del África subsahariana, apelaban a situaciones de guerra civil y de persecución política para subirse a un barco como polizones y petar a las puertas de Europa cuando llegaban a los puertos gallegos. En la mayoría de los casos, pero no siempre, se les admitía a trámite la petición, en otros el barco seguía su ruta al encontrarse con la negativa española a dejarlos entrar.

Uno de estos casos se produjo exactamente hace 16 años cuando llegó al puerto de Marín el Myrdoma F, un pesquero que descubrió tres polizones, que aseguraron estar escapando de la guerra civil que en aquellos momentos asolaba Costa de Marfil. Según explicaron, los tres jóvenes subieron al pesquero gallego cuando el barco recaló para repostar en el puerto senegalés de Dakar. La tripulación los descubrió varios días después, cuando estaban ya en alta mar rumbo a España.

Cuando el Myrdoma F entró en la ría de Pontevedra advirtió a las autoridades competentes de la presencia de estos tres jóvenes y en el puerto se activó el protocolo correspondiente. Hay que tener en cuenta de que los puertos estatales son fronteras, con las mismas medidas que rigen las terrestres, por lo que el acceso de extranjeros indocumentados mantiene idénticas restricciones. Para empezar, se les confinó en un camarote del barco y se les impidió el acceso al muelle. Los polizones de este pesquero marinense recibieron asesoramiento por un abogado una vez que reclamaron, ante la Policía Nacional, el asilo político. Su prohibición de abandonar el barco se mantuvo todo el tiempo en que se estudió en la Subdelegación del Gobierno si se admitía a trámite la solicitud o si se rechazaba. Si se produjese este último dictamen, el barco tendría que seguir su periplo con ellos a bordo y, en caso de que otros puertos de ruta de otros países europeos mantuviese su negativa, entonces se les repatriaría.

En el caso del Myrdoma F la Subdelegación del Gobierno comunicó su visto bueno a la admisión a trámite de su solicitud. Los tres marfileños pudieron bajar a tierra y fueron acogidos por la Cruz Roja, oenegé que se ocupó de buscarle alojamiento y de tutelar su adaptación a España.

Huidos de la guerra civil

La versión que contaron fue que los tres eran parientes y que una tía los había puesto en la frontera hacía ya años, después de que una facción armada hubiese matado a gran parte de su familia. Sin futuro en Senegal y con el temor de represalias si regresaban a su patria, probaron suerte subiéndose a un barco que iba a Europa. Este fue el relato, con indicios razonables de veracidad según fuentes del caso, que aceptó su admisión a trámite por la Administración española de su petición de asilo. Como la Cruz Roja se los llevó fuera de la comarca y las resoluciones tardan su tiempo en salir, no trascendió si finalmente se les dio asilo.

Los polizones del Myrdoma F fueron uno de muchos casos que se produjeron en aquel tiempo, pero no era una situación nueva, aunque si cabe lo que variaba era el puerto de destino que acumulaba más casos. Una veces fue Vigo, otras Marín y otras la capital arousana. La Voz de Galicia, por ejemplo, informó en el 2000 que Vilagarcía había recibido en dos años casi tantos polizones como Bilbao en diez. Los casos iban desde polizones individuales hasta grupos como los siete del Larissa, que recaló en Vilagarcía y Ferrol.

Costa de Marfil, Camerún, Sierra Leona, Congo y Liberia, por citar algunos, fueron los países de supuesta procedencia de buena parte de los polizones que recalaban en las Rías Baixas. La mayoría se subían a los barcos aprovechando el amparo de la noche y el descuido de sus tripulantes en Dakar o en Abiyán. Se dieron todo tipo de situaciones imaginables, si bien quizás una de las más tristes se produjo en marzo del 2003 en Marín. Los operarios que estaban realizando el mantenimiento de un barco descubrieron el cadáver momificado de un hombre, un polizón que entró, se supone que en algún punto de África, en el buque, con tal mala fortuna que se ocultó en un habitáculo que se suele cerrar en ruta y murió allí.

El sueño de lograr una nueva vida en el Viejo Continente no se limitó en estos años solo a polizones. Por ejemplo, en noviembre del 2016 siete tripulantes del mercante sirio Lady Boss solicitaron asilo político, alegando que sus vidas corrían peligro si regresaban a su país natal, envuelto en una guerra que todavía no ha acabado en la actualidad. Su caso fue aceptado a trámite, pudieron desembarcar y los siete tomaron un tren en Pontevedra, para ir a un piso supervisado por la oenegé Accem, mientras se resolvía su futuro.

Y así, los puertos gallegos fueron para unos una oportunidad y para otros el cerrojo a sus sueños.

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