El Cristo del Buen Viaje «desaparece» de Santa María

La acción, promovida por la parroquia, busca recordar que «Jesucristo no está encerrado en las iglesias»


Pontevedra / La Voz

¿Un robo? ¿Un acto de vandalismo? Ni mucho menos. La «desaparición» de la icónica imagen del Santo Cristo del Buen Viaje, ubicada en la puerta lateral sur de la basílica de Santa María de Pontevedra, fue «una acción promovida desde la propia comunidad parroquial a fin de recordar a todos los transeúntes que Jesucristo no está encerrado en las iglesias, sino haciendo compañía constante a aquellos que más lo necesitan, junto a los oprimidos», incidieron desde la parroquia pontevedresa.

En este sentido, recordaron que es habitual que en septiembre se organice «alguna acción creativa a fin de remarcar los objetivos del nuevo curso pastoral», al tiempo que recordaron cómo hace dos años trajeron una chalana desde Bueu con la que recrearon cerca del altar el escudo del arzobispo simbolizando la nueva evangelización. Son iniciativas, añadieron al respecto, que «se enmarcan dentro del Triduo de Exaltación de la Santa Cruz y la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores que, a diferencia de años anteriores y adecuándose a actual situación de crisis sanitaria, prescindirá de los tres días de oración continuada, así como de la procesión de la Santa Cruz».

En cuanto al Santo Cristo del Buen Viaje, existe la tradición oral de que antaño los pescadores se encomendaban cada mañana a este santo antes de salir a faenar para pedir su amparo y gozar de una buena travesía. Desde la parroquia precisaron que la talla fue colocada en Santa María en 1831 «presidiendo la antigua necrópolis parroquial y como expresión del Cristo de la Buena Muerte, en referencia al viaje definitivo».

Sin embargo, según añaden, «dicha advocación perdió parte de su significado original luego de que este cementerio, así como el de San Bartolomé “o vello” (...), fuesen trasladados, por cuestión de higiene, a las afueras de la ciudad, con la creación de los cementerios de A Eiriña y, posteriormente, de San Mauro». Posteriormente, ya a mediados del siglo XX, se abrió el camarín cerrado sustituyendo sus paredes por una pequeña balaustrada de forja.

No obstante, varios actos de vandalismo sobre esta talla de madera de castaño con policromía al óleo -entre pintadas y un conato de incendio- obligaron a la comunidad parroquial a colocar el actual enrejado, hace apenas un par de décadas.

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