Muere Julio Araújo, pareja de Sonia Iglesias y la única persona que estuvo imputada por su desaparición

Llevaba varios años con cáncer de pulmón y su estado de salud era ya muy delicado en los últimos días

Julio Araujo, pareja de Sonia Iglesias cuando esta desapareció hace diez años
Julio Araujo, pareja de Sonia Iglesias cuando esta desapareció hace diez años

Pontevedra / La Voz

Julio Araújo falleció en Pontevedra, a los 62 años de edad, víctima de un cáncer de pulmón. Araújo era la pareja de Sonia Iglesias, la pontevedresa que lleva diez años desaparecida. Además, fue también la única persona que estuvo imputada por esta desaparición, aunque actualmente el caso está archivado de forma provisional. 

Araújo llevaba varios años enfermo. De hecho, su estado de salud fue delicado en varias ocasiones y alguno de sus ingresos hospitalarios trascendió a los medios de comunicación. En los últimos días permanecía ya muy enfermo y arropado por su familia. Falleció esta madrugada. Sonia y Julio Araújo tenían un hijo en común, que cuando desapareció su madre, en el 2010, tenía solamente ocho años. 

Con la muerte de Julio se van a la tumba también muchas incógnitas que rodean al caso de Sonia Iglesias. No en vano, aunque solamente llegó a estar imputado una vez y finalmente el caso acabó archivado, Araújo estuvo siempre en la diana de las sospechas policiales. Aún así, y pese a los continuos rastreos, el cuerpo de Sonia no fue encontrado y finalmente se acabó archivando provisionalmente la causa.

Julio Araújo pertenecía a una conocida y numerosa familia de Pontevedra. Todavía vive su padre. Además del hijo en común con Sonia Iglesias, tenía también otros dos hijos de un primer matrimonio y era ya abuelo de dos nietos. Al parecer, en los últimos días estuvo rodeado de su numerosa familia en la casa de su padre, en A Caeira, donde finalmente falleció. 

La desaparición

El nombre de Julio Araújo saltó a los medios de comunicación a raíz de la desaparición de su pareja, el 18 de agosto del año 2010. Ese día, Sonia Iglesias y su compañero sentimental y padre de su hijo, Julio Araújo, supuestamente, salieron temprano del piso que ambos compartían en en el barrio de Campo da Torre para dirigirse a una zapatería ubicada en la calle Arzobispo Malvar. En este negocio, cuyo titular se jubiló hace ya algún tiempo, fue el útimo sitio donde se situó a Sonia. Allí dejó ella unas sandalias para ser arregladas que nunca más volvería a recoger. 

¿Qué pasó con Sonia? Julio Araújo, que estuvo imputado por la desaparición entre julio del 2012 y agosto del 2014, dijo que ella se apeó del coche para ir al zapatero y que a partir de ahí tenía previsto acudir a su puesto de trabajo, ya que Sonia formaba parte de la plantilla de Massimo Dutti en Pontevedra. También señaló que desde este establecimiento le llamaron para decirle que no se había presentado a trabajar. Araújo incurrió en distintas contradicciones sobre por qué ella se bajó del coche para ir al zapatero y siempre defendió que no estaba en crisis con su pareja, cosa que ella, supuestamente, le había trasladado a algunos familiares. Precisamente, esas contradiciones y otros indicios provocaron que acabase imputado como sospechoso de la desaparición. Pero, también, que dos años después se acordase su desimputación al entender la jueza que sus contradicciones carecían de carga probatoria alguna, extremo que confirmó la Audiencia de Pontevedra, que también terminaría desestimando la petición de la Fiscalía de someterle al test de la verdad.

El último gran impulso a la investigación se produjo en el 2017 cuando se reabrió la causa y se ordenó, ya en febrero del 2018, un exhaustivo registro de una vivienda del barrio de San Mauro que pertenece a la familia de Araújo, quien junto con uno de sus hermanos fue interrogado. Y de nuevo, se llegó un callejón sin salida. 

Fue pasando el tiempo y, el pasado 18 de agosto, se cumplieron diez años sin pistas de Sonia. Se hicieron numerosas batidas pero nunca apareció el cuerpo. Eso sí, se topó la cartera y otros enseres, pero los hallazgos no sirvieron para esclarecer el caso. La pandemia provocó que el pasado mes de agosto, por primera vez, la ciudad de Pontevedra no se pudiese echar a la calle para recordar su caso en el aniversario. 

En el 2018 se registró una propiedad de la familia Araújo
En el 2018 se registró una propiedad de la familia Araújo

Lo último

A comienzos de este mismo año tuvieron lugar los últimos movimientos con respecto al caso. En enero, el desbroce de una finca de unos 300 metros cuadrados en la parroquia de Marcón, sacó a la luz un viejo pozo, del cual los agentes encargados del caso desconocían la existencia. Precisamente por ello se iniciaron labores de exploración dentro del mismo, en busca de pistas sobre el paradero de Sonia Iglesias. Hasta el lugar se desplazaron unidades de la policía de subsuelo llegadas desde Madrid, agentes de la Policía Judicial y de la Brigada de Delitos contra las Personas de la Comisaría General, además de los bomberos de Pontevedra, que se encargaron de achicar el agua del pozo. En todo caso, la investigación practicada el día 22 de enero no arrojó ningún resultado relevante.

En el registro realizado en un pozo el pasado mes de enero no se encontró pista alguna acerca de la desaparición de Sonia
En el registro realizado en un pozo el pasado mes de enero no se encontró pista alguna acerca de la desaparición de Sonia

La muerte de Julio Araújo ha devuelto a la actualidad la desaparición de Sonia. Aún así, su hermana y portavoz de la familia, Mari Carmen Iglesias, señaló que no harán declaraciones por respeto a su sobrino. 

De Sonia Iglesias a María José Arcos: una treintena de personas siguen desaparecidas en Galicia

André Siso Zapata / R. S.
Manifestación en el 2018 en recuerdo de Sonia Iglesias, en Pontevedra
Manifestación en el 2018 en recuerdo de Sonia Iglesias, en Pontevedra

Las familias de las personas desaparecidas, algunas desde hace más de 10 años, se enfrentan a problemas legales que agudizan aún más su dolor

En Galicia hay alrededor de una treintena de personas registradas como «desaparecidas», casos detrás de los cuales hay familias que viven en vilo esperando alguna pista, en la mayoría de los casos sin éxito. En el caso de Yago de la Puente, la aparición de unos huesos 13 meses después de perderle la pista ha aportado definitivamente algo de luz. 

De todas los casos registrados por la asociación SOS Desaparecidos, el caso más antiguo es el de Sonia Iglesias, del que este mismo mes se cumplieron diez años. Su desaparición, una de las más mediáticas de la historia reciente, supuso un shock para la ciudad de Pontevedra. De 37 años y madre de una niña, no quedó rastro después de visitar una zapatería en agosto del 2010. Durante las semanas posteriores, la ciudad de movilizó para reclamar la vuelta a casa sana y salva. Su paradero sigue siendo desconocido.

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