El BNG se nutrió de votos en feudos del PP

A los conservadores, que arrasaron en el centro de Pontevedra, se les escapó la victoria en tres mesas


pontevedra / la voz

En mayo del 2018, el alcalde Lores se atrevió a dar el cante. Grabó un vídeo en el que, acompañado de muchas otras voces y en plena calle, entonaba aquello de «cara adiante, imos cara adiante», una canción con la que el BNG calentaba el horno para las municipales del pasado año. Pero llegaron los comicios locales y, en realidad, los nacionalistas no avanzaron. Tuvieron unos resultados agridulces, que permitían a Lores revalidar la alcaldía, pero dejándose medio millar de votos por el camino. El domingo, aunque no lograron el objetivo de desalojar a Feijoo de la Xunta, los nacionalistas pontevedreses sí podrían haber coreado aquel tema con pegadizo estribillo. Porque en la ciudad pasaron de 6.332 votos a 10.708 sufragios. Y no solo eso. Se nutrieron de muchas de esas papeletas en viejos feudos del PP, como podría ser Ponte Sampaio.

Vayamos uno a uno. El PP ganó en 102 de las 106 mesas de Pontevedra. ¿Qué pasó en las otras cuatro? En tres de ellas, ubicadas en el Centro Leste, O Gorgullón y Canicouva, los nacionalistas les privaron de la victoria. Y en una cuarta, de Ponte Sampaio, hubo un empate entre Bloque y populares.

El PP sigue teniendo su gran granero de votos en el centro de la ciudad -cosechó victorias colosales en mesas de Campolongo o del Valle-Inclán- pero también dejó clara su impronta en parroquias como Campañó o Cerponzóns, que tradicionalmente apoyan al partido.

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Para entender que los de la gaviota ganasen en Pontevedra pero se dejasen mil votos por el camino con respecto a hace cuatro años hay que ver tanto lo ocurrido en algunas zonas de la ciudad -quizás no tanto en el propio centro, pero sí en mesas de A Xunqueira o de la zona de O Gorgullón- como en sitios que históricamente se volcaron con la derecha y ahora ya no lo hacen tanto. Ocurre así en Ponte Sampaio, donde tal y como se citó el BNG consiguió empatar con el PP en una mesa y en otra los conservadores ganaron por solo dos papeletas.

El BNG, por su parte, sube de forma generalizada -cabe recordar que venían de una situación crítica en el 2016, cuando bajaron hasta los 6.332 sufragios-. Quizás, lo mejor para el partido es que le fueron bien las cosas en sitios donde tradicionalmente le apoyan -la gran anécdota sería la de la mesa de A Canicouva, donde el Bloque gana por goleada y tiene más apoyos que el PP y el PSOE juntos- pero también logró nutrirse de sufragios en mesas que son bastante volubles, es decir, que dependiendo de la cita electoral o de la corriente general se van volcando hacia uno u otro lado, como las ubicadas en el Torrente, en el Centro Leste o en el estadio de Pasarón. Y ya, para adornar el «Pontonazo», el BNG logró arañar votos, aunque fuese tímidamente, en viejos feudos del PP.

De Monte Porreiro a Xeve

¿Qué ocurrió con el PSOE? Los socialistas subieron en votos en la ciudad de Pontevedra. Pero lo cierto es que el empuje del BNG les relegó a ser tercera fuerza en prácticamente todas las mesas. Lograron alzarse con la segunda posición en ocho de ellas. Ocurrió así en mesas de Monte Porreiro (en dos distintas), Vilaverde, Campañó, Campañó, Lourizán, Estribela y Xeve. Los del puño y la rosa no llegaron a ganar en ningún colegio de Pontevedra.

Los datos de la coalición Galicia en Común en Pontevedra siguieron la tónica gallega. Es decir, fueron estrepitosos para la formación en Pontevedra. Llama la atención que en dos urnas no llegasen a tener ni siquiera un voto que recontar. Les pasó tanto en una mesa de Monte Porreiro como en la de A Canicouva. Por el contrario, donde más lograron rascar fue en una mesa ubicada del centro, en la Casa da Luz, donde sacaron 34 sufragios. Es una cifra ínfima para una partido que en el 2016 -bajo la marca de En Marea- había sido segunda fuerza en la ciudad.

¿Y Vox? Logró pocos sufragios en Pontevedra, pero arañó votos en todas y cada una de las mesas. Eso sí, en alguna solo se hizo con una papeleta. Sus mayores apoyos -21 votos por cada mesa- los tuvo en dos zonas bien distintas: una mesa de la calle Rosalía de Castro y otra en Monte Porreiro, un barrio que no puede votar más disperso.

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