«El viernes facturamos cien euros y el sábado 300 en locales de 2.500 euros de alquiler. Es inviable»

Los bares de ocio nocturno se han acoplado a la normativa y miden la temperatura, toman los datos del cliente y controlan el aforo, pero denuncian que la gente sigue bebiendo en la calle


pontevedra / la VOz

El primer fin de semana de ocio nocturno deja en Pontevedra una resaca dolorosa para los empresarios del sector. Llevaban semanas preparándose para abrir después de casi cuatro meses cerrados y este martes ya hay quien piensa que si la situación no mejora, tendrán que volver a bajar la verja y esperar a que el miedo desaparezca y se asuman las restricciones de seguridad con normalidad. Los datos son infalibles. «El viernes facturamos cien euros y el sábado, 300, en un local en el que estamos de alquiler. No llega ni para eso», comenta Julio Barral, propietario del Fetiche, Patrimonio y Aranda.

Se muestra desanimado por lo vivido el fin de semana. «La gente se burla de que pusiéramos tantas medidas de seguridad, tenemos control de entrada, de temperatura y aforo limitado con mascarilla, pero te dicen que vienen de otros sitios en los que no había nada y pasan de entrar», señala Barral, que asegura que el primer mal con el que tienen que luchar es contra la permisividad de beber en las plazas. «Los locales de noche hemos tenido que adaptarnos, pero en la calle están todos juntos bebiendo y nadie les dice nada, sin seguridad y después somos nosotros los culpables», destaca.

Muchos de los locales de copas de Pontevedra han cobrado entrada en esta vuelta a la normalidad, otros fijan el consumo obligatorio de una copa para acceder. Y aún así hacen números. Si la consumición es a siete euros y entran 50 personas, serían unos 350 euros. «Con facturación así, es complicado. Los alquileres son de 2.500 euros», apuntan.

Desde la Policía Local reconocen que las noches del fin de semana fueron tranquilas y no hubo que abrir ninguna incidencia en Pontevedra después de que los agentes tuviesen que desalojar un local en Vigo por superar el aforo y encontrar a los clientes bailando sin mascarilla. «Yo estuve toda la noche en los bares vigilando que se cumpliese la normativa», explica Barral, que insiste en que la gente es reacia a entrar en un «local seguro» y prefiere estar en la calle.

El responsable de La Pomada, Daniel Lorenzo, es algo más optimista, aunque cree que lo peor está por venir. «Yo ya asumo que no voy a tener un sueldo hasta que haya una vacuna», confiesa con la dureza que suponen estas palabras. En su local hay un aforo para 66 personas. Ni una más ni una menos. Tiene 66 pulseras que dan a cada cliente al entrar y que desinfectan a la salida. Además, dan la opción de medir la temperatura al entrar y dejar los datos del cliente. «A mí todas estas medidas de seguridad me parecen muy bien, pero no son justas porque no son para todos los sectores. Yo he llevado todo a rajatabla», apunta Lorenzo, que al igual que Julio Barral, reconoce que la gente bebe en la calle o en bares que se han convertido en pubs prolongando los horarios hasta la madrugada. «Trabajan como bares de copas y están desbordados, nosotros estamos acostumbrados y tenemos personal de seguridad», comenta.

Tanto en Pontevedra como en Sanxenxo coinciden en la dificultad de hacer cumplir que los clientes mantengan la mascarilla. «Acceden con ella sin problema, pero cuando empiezan a beber se olvidan de ponerla otra vez», señalan desde los locales de ocio nocturno. Aunque el pub de Vigo es el único que ha tenido que ser desalojado en el primer fin de semana, la policía de Sanxenxo asegura que no se incumplió el aforo, pero «hay que andar muy encima» de los locales del puerto deportivo.

Desde los bares de ocio nocturno de Pontevedra no quieren que lo que ocurre en A Mariña se reproduzca aquí y se agudice más esta crisis. «Yo se lo advertía a los clientes», explica Lorenzo, que como Julio Barral, piden el respaldo de las Administraciones locales. «Si no se controla la calle, nosotros no tenemos nada que hacer, facturo diez veces menos que antes. Nada», se despide.

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«El viernes facturamos cien euros y el sábado 300 en locales de 2.500 euros de alquiler. Es inviable»