«Llevo tres noches durmiendo en solitario en los albergues, estoy un poco alucinado»

Adrián, de Torrejón de Ardoz, fue el primero en pernoctar en el alojamiento público de Pontevedra para peregrinos tras la pandemia. Creía que viniendo de una «zona covid» le lloverían comentarios. Solo se topó amabilidad

Adrián Álvaro, en el albergue público de Pontevedra, con Tino Lores, responsable de las instalaciones
Adrián Álvaro, en el albergue público de Pontevedra, con Tino Lores, responsable de las instalaciones

Pontevedra

Adrián Álvaro, de Torrejón de Ardoz (Madrid), se hizo famoso ayer, miércoles, en Pontevedra, de una forma totalmente inesperada. Él, peregrino del Camino Portugués, llegó tranquilamente hasta las puertas del albergue público de Pontevedra buscando darle descanso al cuerpo. Y se topó, además de con un enorme protocolo para prevenir contagios por coronavirus, con toda una nube de flashes que le retrataban. ¿Por qué le buscaban? Adrián fue el primer peregrino en dormir en el alojamiento público pontevedrés tras la pandemia; es el caminante uno de esta nueva etapa. Así que bien merecía protagonismo.

Él, que esta mañana de jueves caminaba ya hacia Caldas, se lo tomó con humor del bueno. Y se dispuso a contarle su historia a todo aquel que quisiese escucharle. Porque lo cierto es que Adrián tiene historia y camina hacia Compostela en un momento crucial de su vida. Antes de narrarla, cuenta qué es lo que se está encontrando en el Camino Portugués, ese que arranca en las tierras lusas y desemboca en Compostela pasando por Tui, Pontevedra o Caldas: «Llevo tres noches durmiendo solo en los albergues, estoy un poco alucinado. Apenas me cruzo con peregrinos, la verdad es que es increíble», dice. 

Adrián, de 27 años y licenciado en Biología, llevaba tiempo con trabajos esporádicos, sin encontrar el hueco deseado en el mercado laboral, cuando decidió que iba a irse directamente al paro y aprovechar ese tiempo para darle un arreón a las oposiciones que preparaba desde hacía dos años para ser profesor de su especialidad. Tenía todo matemáticamente calculado: «Contaba con diez meses de paro, que se me acaba ahora en julio. Y las oposiciones iban a ser en junio. Por tanto, si aprobaba, todo debía ir bien», explica. Pero la pandemia le jugó una mala pasada y los exámenes se pospusieron hasta el 2021. Así que Adrián se vio obligado a rehacer planes y a acostarse cada día con la duda de si en septiembre le llamarán para dar clases puntualmente al correr la lista en la que está anotado, si ejercerá como profesor particular... Con esos interrogantes andaba cuando se acordó de la promesa que había hecho. «Hace meses planeé que, una vez pasadas las oposiciones, haría el Camino de Santiago. Si aprobaba sería para celebrarlo y, si suspendía, para llorar las penas», cuenta.

Al final, ni una cosa ni la otra, pero Adrián se vino igual desde Madrid en coche hasta Santiago para hacer el Camino Portugués. El primer peregrinaje que hizo fue en transporte público, ya que dejó el coche en Compostela, fue a Vigo en tren y luego hasta Tui en autobús. Ahí, pasó su primera noche en un albergue, en este caso privado. Estaba solo. Al igual que durmió en solitario en la siguiente jornada, en la que pasó la noche en Redondela. Y en esas mismas circunstancias pernoctó en el albergue pontevedrés, con todas las instalaciones para él solo: «Está todo vacío, no me imaginaba que sería así, pensé que habría poca gente pero no que estaría solo», señala. Tampoco se está encontrando con muchos peregrinos. A lo sumo, cinco a lo largo de toda una etapa. 

Ahora camina ya hacia Caldas, donde pernoctará hoy, jueves, y enfila sus pies hacia la villa termal con dos sensaciones positivas con respecto al Camino y la pandemia: «Pensé que al venir de Madrid y especialmente de Torrejón, una zona covid, igual me hacían algún comentario malo o me decían que cómo había venido. Pero para nada, cero madrileñofobia, me encontré gente amabilísima. Y, por otro lado, hay muchas medidas de seguridad en los albergues, algunas incluso exageradas estando una persona solo dentro».

Prevé llegar a Compostela en tres días y sacarse la espina que le quedó años atrás cuando peregrinó desde Palas de Reis y por tres kilómetros no le dieron la Compostela. Madrugar no le quitó el sentido del humor y, al preguntarle si ligar está difícil en el Camino con tan poca afluencia, espeta: «Está casi imposible, ¿cómo vas a ligar si casi no te cruzas con nadie?».

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