El ADN en un trozo de guante delata a un violento ladrón

Además de por el robo, fue condenado por el daño psicológico que causó a la víctima, que padece estrés postraumático


Pontevedra / la voz

Un detalle insignificante, apenas un trozo de un guante olvidado en la escena del crimen, ha permitido sustentar la condena contra uno de los ladrones que, en la noche del 9 de mayo del 2017, protagonizaron un violento robo en una vivienda. De este modo, dos hombres «vestidos totalmente de negro y encapuchados» accedieron a la casa unifamiliar sorprendiendo a uno de los propietarios viendo la tele, mientras su mujer se encontraba en una finca cercana.

Al tiempo que uno de los asaltantes encañonaba la cabeza de la víctima, su compinche «le tapó la boca con fuerza». Cuando intentó gritar en demanda de auxilio, «le propinó un puñetazo en la boca con fuerza» para, acto seguido, tratarle de maniatarla al sofá con unas bridas. Y todo ello sin dejar de gritarle «¿dónde está el dinero?» o le decirle «dennos el dinero y a usted no le va a pasar nada».

Fue entonces cuando la mujer de la víctima escuchó gritar a su marido, por lo que regresó a la casa vociferando que los vecinos habían llamado a la Policía. Su estrategia surtió efecto y los ladrones huyeron a la carrera sin pensárselo dos veces.

En su huida, los ladrones se dejaron atrás únicamente el dedo de un guante que uno de los asaltantes se arrancó para poder embridar al denunciante. Precisamente, esta fue el indicio al que se agarraron los investigadores, lo cuales lograron aislar una muestra genética en la cara interior del mismo que señaló al acusado: «El estado de la ciencia permite reconocer un gran efecto probatorio a las pruebas de ADN, en cuanto conducen a la identi?cación de la persona que dejó los restos que se analizan con un irrelevante margen de error».

Las penas

Como consecuencia de los hechos imputados, la Audiencia de Pontevedra acaba de confirmar la pena impuesta en su día de dos años y medio por un robo con violencia en casa habitada, así como año y ocho meses por un segundo delito de lesiones psíquicas. No en vano, el asalto provocó en la víctima «un trastorno por estrés postraumático que debería haber tenido seguimiento médico mediante tratamiento psiquiátrico para paliar los síntomas y padecimientos ocasionados, pero que el lesionado evitó para tratar así de no recordar el suceso.

De este modo, los jueces descartaron la versión que ofreció el hoy condenado de que no tuvo nada que ver con el robo. Explicó que trabaja en un taller, por lo que es habitual que se cambie de guantes periódicamente, que terminan en la basura, por lo que cualquiera podría haber accedido a ellos. Además, mantuvo que, en el momento de producirse, el robo, se encontraba en su domicilio de Madrid, circunstancia que también fue desestimada por los magistrados.

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