«No encaja que no haya mujeres en la élite como en otras profesiones»

Irene y Rosa Vilaboa rompen el techo de cristal del balonmano desde el Teucro


pontevedra / la voz

Irene Vilaboa no ha parado de descolgar el teléfono desde que el pasado miércoles se hizo oficial su fichaje por el Teucro, donde estará acompañada en el banquillo por su hermana gemela, Rosa. Le sorprende el revuelo que ha causado su incorporación, le da cierto rubor pensar que en el siglo XXI siga siendo noticia que una mujer dirija a un equipo masculino en la División de Honor Plata. Pero la falta de ejemplos hace que sí lo sea. Ellas llevan toda la vida entrenando a más hombres que mujeres, pero ser las primeras en tomar el mando de un banquillo en la élite masculina es un paso la frente que hasta ahora no ha dado nadie en España. «Lo que no me encaja de esta profesión es que no haya mujeres en la élite, mientras en otras profesiones, sí que las hay», resalta Irene Vilaboa, que lleva más de veinte años dirigiendo equipos, de los que buena parte de ellos los condujo con su hermana Rosa al lado.

A las dos les gustaría encontrar una explicación para saber por qué hay una brecha de género en los puestos de mando en el deporte. «Los hombres siguen con más facilidad cuando dejan de ser jugadores», señala Irene. Con tantas mujeres practicando balonmano y llegando a lo más alto en las competiciones internacionales -la selección nacional femenina fue plata en el último Mundial-, su presencia desaparece cuando toca ponerse al mando. No hay mujeres en ACB, ni en Primera, ni siquiera en Segunda, ni en Segunda B del fútbol, pero es incluso poco habitual que las haya dirigiendo equipos femeninos de élite. ¿Y dónde está el tapón? «En los puestos de responsabilidad solo hay hombres, habría que preguntarle a ellos», reflexiona la entrenadora viguesa, que espera que se normalice la presencia femenina en los banquillos y deje de convertirse en viral que ellas estén en la primera línea.

Tándem perfecto

Irene y Rosa se complementan para formar un tándem casi perfecto «si es que existe la perfección», puntualiza la segunda entrenadora, que durante este último año ya estuvo a la sombra de Luis Montes: «Estuve muy a gusto en la pista, fue una temporada difícil, pero cuando fue el parón estábamos en el mejor momento». Ahora comienza una nueva etapa, que para ella, es como de continuidad, después de tantos años al lado de su hermana Irene. «Para mí eso es lo normal», reconoce. Entienden el balonmano de la misma forma. Hablan con la misma pasión y tienen las mismas ideas, esas que ahora vuelven a compartir como lo han hecho desde que eran niñas. Son dos entrenadoras que piensan con una única filosofía. «Rosi me aporta todo en el banquillo», destaca Irene, mientras su hermana reconoce que «nos entendemos bien y siempre nos aportamos cosas positivas».

Ellas han dado el paso de jugadoras a entrenadoras, pero saben que muchas no han querido y otras, no han podido. «Yo estoy agradecida de que me hayan dado la oportunidad. Lo hicieron en el Porriño, en el Bueu y ahora en el Teucro. Todavía no es habitual que se apueste por una mujer», explica Irene, que compagina el deporte de élite con su puesto de trabajo. Esa dificultad para conciliar hace que muchas den un paso a un lado y sacrifiquen su pasión por una profesión.

«Este año es un reto entrenar a un equipo con 75 años de historia», explica. Además será la primera mujer en hacerlo. Será una temporada dura, pero Irene tiene las líneas maestras muy definidas. «Empiezo una etapa nueva, tiraremos muchos de los de casa, pero en esta categoría hay que hacer fichajes», comentan. Rosa ya sabe lo que es estar en Plata. Fue la única mujer que formó parte de la parte técnica. Y es que en los 32 equipos de Plata y Asobal las escasas mujeres que hay ocupan puestos sanitarios. Pero ahora ellas abren un nuevo camino. Han roto su techo de cristal con unos cimientos demasiado sólidos.

Una trayectoria que la llevó a formar parte de la selección nacional femenina júnior

Irene Vilaboa es un nombre conocido en el balonmano gallego. Tanto ella como su hermana, naturales de Vigo, han dedicado buena parte de su vida al deporte. Primero como jugadoras -Rosa era extremo e Irene, portera- y después como entrenadoras. Ambas se han sabido ganar el respeto de sus jugadores gracias a una disciplina en la que no hacen falta los gritos, pero a exigencia no hay quien les gane. Irene ahora va a dirigir al Teucro después de curtirse en banquillos de prácticamente todas las categorías. En el Balonmano Porriño trabajó con la base, pero también capitaneó el equipo femenino en División de Honor, además de entrenar a los equipos de categoría autonómica y al juvenil femenino. En todos los clubes en los que ha estado ha conseguido ascenderlos o llevarlos a fases finales de los Campeonatos de España. Lo hizo también en el Atlético Guardés y en el Bueu Atlético. En el primero de ellos clasificó al equipo femenino para la fase de ascenso a la División de Honor, mientras en el conjunto de O Morrazo logró meter al equipo masculino en Primera Nacional. Quien la conoce en el banquillo alaba su capacidad de sacar el mayor rendimiento de sus plantillas y de formar a jugadores.

Pero la trayectoria de Irene Vilaboa llega también a la selección gallega y a la nacional. Dirigió dos temporadas al combinado gallego femenino absoluto y durante diez años fue miembro del cuerpo técnico de la selección júnior, logrando la plata en el Europeo de Turquía y el cuarto puesto en el Mundial de Seúl. Ahora llega al Teucro para dar el perfil que exigía el club. «Queríamos una entrenadora que trabajará con la base y en equipo con los demás miembros de la comisión deportiva», explican desde la junta gestora del club.

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