«No concebimos una boda sin abrazos, ni muestras de cariño»

El coronvavirus deja a esta pareja con la incertidumbre sobre su banquete, previsto en Portugal


marín / la voz

Sheila González, de 32 años y vecina de Ponteareas y Daniel Pardavila, de 34 años y vecino de Marín, se iban a casar el 12 de junio en la iglesia de Xinzo, en el concello natal de la novia. El coronavirus los ha obligado a aplazar el enlace hasta el final del verano. Encontraron fecha en septiembre, porque muchas parejas en circunstancias parecidas se han visto forzadas a retrasar la boda para el próximo año. Sheila y Daniel confían en que en entonces la situación haya mejorado sustancialmente. «La fecha la pusimos nosotros por precaución más que nada», indica Daniel.

El estado de alarma les ha trastocado todos los planes. «Tuvimos que volver a llamar a la gente, explicarles el por qué, aunque evidentemente ya saben que es por esta emergencia sanitaria», apunta el novio. Daniel está tranquilo en cuanto el retraso, porque si la desescalada avanza a buen ritmo, espera poder hacer más cosas que ahora. «No concebimos una boda sin abrazos, con medidas de seguridad y de distancia que no concuerdan con lo que es una boda, sin una muestra de cariño».

Banquete en Portugal

Con el ceremonia religiosa encarrilada, mantienen abierto otro frente: el banquete. Sheila explica: «El 18 de septiembre es la fecha que nos dio el restaurante, porque aunque nos casamos en Xinzo, el restaurante es en Portugal». Esta circunstancia es de lo más habitual en el Baixo Miño, pero con la pandemia, de repente, se complica mucho. La frontera está cerrada. A estos novios les dio tiempo a probar el menú, pero «se va a tener que adaptar a las nuevas normas», aclaró Daniel.

«Cuando empezó el estado de alarma en España, le dijimos al restaurante de Portugal de cancelarla, pero nos decían que la dejásemos para el 12 de junio y tuvimos que decirles que no, que la frontera está cerrada», añade Sheila. «Nos dieron como alternativa septiembre o sino ya octubre, noviembre o diciembre y les dijimos que nosotros en otoño o invierno no queremos, que como mucho septiembre», matiza. Al final se acordó el 18 de septiembre.

Después tuvieron que encargarse de llamar a todos los proveedores. «Tuvimos que poner de acuerdo a fotógrafo, a la floristería, la peluquería y demás para ver si tenían la fecha disponible y ahora aún no tenemos dijey», apunta. Como efecto indirecto del confinamiento, Sheila señala que se ha tenido que volver a probar el traje -«yo con los nervios adelgacé», indica-.

«Si llegado julio o principios de agosto y vemos que todo sigue igual, lo más seguro es que la cancelamos para el año. Tenemos que ver cómo va todo», concluyó Sheila. Y en su caso, tienen que seguir lo qué ocurre en dos países.

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