La abuela al reunir a sus nueve nietos: «Qué emoción, llevaba dos meses viéndolos solo desde la ventana»

Emma Domínguez pudo abrazarlos después de dos meses sin poder hacerlo


pontevedra / la voz

Lala, como la llaman sus nietos, tuvo este martes el día más feliz de esta cuarentena. «Ay, qué emoción, solo los podía ver desde la ventana y ya los tengo aquí». Al fin, después de 60 días, pudo abrazar a nueve de sus once nietos. Aunque ellos al principio decían «Lala, no te podemos abrazar», pronto se olvidaron y la llenaron de todos los besos que tenían acumulados desde el 14 de marzo.

El barullo volvió a su casa después de días de demasiado silencio. Tanto ellos, como la abuela, tachaban los días que faltaban para poder verse, aunque Emma Domínguez defendió desde el primer día que hay que acomodarse a las circunstancias que vienen dadas. Y ella sabe muy bien de lo que habla porque desde joven ha trabajado para sacar adelante a sus seis hijos después de quedarse viuda antes de lo que cualquiera debería. «A mí la palabra resignación no me gusta, yo prefiero decir que hay que acomodarse, tenemos que saber acomodarnos a lo que nos pasa. De todo se puede sacar algo positivo y de estar en confinamiento, también». Ella lo aplicó durante estos 60 días de aislamiento.

Pero este martes, poco después de comer, sus hijas se acercaron para por fin para que los nietos pudiesen ver a su abuela. «Los veía en vídeo llamada, pero el roce es el roce. Estaban acostumbrado a dormir y a pasar muchas horas conmigo, los echaba mucho de menos», reconoce Domínguez Pedrosa, que asegura que es una afortunada por poder tener juntos en Pontevedra a casi todos sus hijos, salvo el chico que vive en A Coruña. «Estoy acostumbrada a tenerlos a todos alrededor, tengo una terraza muy grande con una mesa de tenis de mesa y canastas. Somos una familia muy unida», comenta Emma, cuyos nietos le dan una inyección de vida cada día que van a su casa. «Tengo la suerte de que viven cerca y estos últimos días solo podía verlos por las ventanas o con la vídeo llamada», recuerda desde su casa, de la que tan solo sale para dar un pequeño paseo entre las 11 y 12 o entre las siete y las ocho de la tarde.

«Los echaba tanto de menos, estaban altísimos, al más pequeño, que tiene dos años, lo vi ya muy independiente», reconoce Domínguez Pedrosa, que además de los nietos también echaba de menos a sus hermanas. A pesar de la soledad de la cuarentena, Enma reconoce que ha intentado llevarlo lo mejor posible y «no lo he pasado tan mal, intenté mantener la rutina de siempre, hacía mis oraciones, gimnasia, leía muchos y cuidaba mis plantas».

Y no solo eso, con la hija que tiene con ella en casa y su hijo, que estos días la acompaña también, ha aprovechado para ver todas las películas de Harry Potter, además de volver a los juegos de mesa de cuando sus hijos eran unos niños. «Recuperamos los juegos de mesa, como el parchís, el Trivial, son una solución importante», dice. Ahora ya pasarán a un segundo plano porque sus nueve nietos volverán a llenar esa enorme terraza de carreras y juegos.

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