«Solo la cultura evitará que volvamos a la caverna»

La solidaridad, la reacción ante las catástrofes, los ciclos contraculturales; todo es música y mucho más


vILAGARCÍA / la voz

«Fuimos los primeros en caer y seremos los últimos en levantarnos». Es algo que Antonio Caneda Bemposta (Vilaxoán, 1963) tiene cada vez más claro a medida que nos internamos en el universo de la pandemia. De su mano y de la de Susana Laya surgieron iniciativas impregnadas de música como el fanzine Vibraciones Pop, el Festival do Norte y el Atlantic Fest, que estaba a punto de desembarcar en Vilagarcía cuando el coronavirus presentó sus credenciales paralizantes. La industria cultural, enraizada como una enredadera en cualquier hueco de la vida social y económica, está ahora en el aire. Así que n no es mal momento para detenerse a reflexionar.

«Si me preguntas por mis primeros recuerdos te hablaré de algo que aparentemente no tiene nada que ver con la música. De mi infancia en Vilaxoán, donde me criaron mi abuela y mi tía Purita cuando mis padres se fueron a Francia. De la plaza de Rafael Pazos, con su quiosco, su ferretería, una zapatería, la lechería, la tienda de electrodomésticos, el estanco, la panadería, las tiendas de ultramarinos, la mueblería, los bares, la escuela y hasta una boutique, Adela». En un tiempo de culos pelados, aquellos pequeños comercios fiaban y vendían a plazos, sin necesidad de préstamos bancarios. Por supuesto, nada que ver con los centros comerciales de hoy, en los que lo único que te preguntan es si pagarás en metálico o tirarás de tarjeta. «Sacaron mucha hambre de la calle».

Desde esa conciencia popular y a la fuerza solidaria llegan descubrimientos como las verbenas con Los Duendes o los Tamara. Y a mediados de los años 70, siendo un chaval, el destello de la contracultura, que se abre paso en la molicie del franquismo agónico y sus prórrogas gracias a la radio y a tipos como Ordovás.

«Yo escribía por carta para que me mandaran fanzines. Ahí empecé a meterme en todo esto. Revistas como Ajoblanco, con Pepe Rivas, que me marcan muchísimo...». Llega el 82, y aquellas termitas infatigables del underground ganan fama y respetabilidad. Almodóvar es un genio, Mariscal diseña unos juegos olímpicos. «Si te fijas en ello, siempre sucede lo mismo. La reacción ante las catástrofes genera contracultura. A la Segunda Guerra Mundial le sigue un movimiento como la generación beat. El 68 surge de la de Vietnam. En la crisis de los 70 aparece el punk combativo británico y el más literario de los Estados Unidos. De los escombros del 11-S en Nueva York emergen bandas como The Strokes, The Killers o The National, que se convierten en grandes fenómenos pero empezaron de forma muy diferente. En los 70 la contracultura está en Barcelona, pero en los 80 todo eso muta, se traslada al Madrid de Tierno y comienza a vender; el sistema se lo apropia y lo pone en las estanterías. Siempre es así».

La rueda, claro, sigue girando. Toño señala al Trap y rompe una lanza a su favor. «El Trap viene de Atlanta, de las trap house, las casas de trapicheo donde se genera todo este movimiento. Y aunque hoy reniegan un poco de esa etiqueta, y hablan de música urbana, en España se enraíza en Granada a partir de la crisis del 2008 y de ahí a Barcelona y Madrid. Chavales cuyos padres se separan, desahuciados, deprimidos, que trapichean para sobrevivir. Es la vida en la calle y esos chavales la relatan. ¿No es lo que hicieron Lou Reed o Iggy Pop? ¿O es que Elvis no era lo más machista que te podías echar a la cara? No te puedes perder este movimiento porque digas que te coge muy mayor, es como si un chaval de 16 años te dice que no le interesan los Beatles porque le pillan muy joven. Lee al filosofo Ernesto Castro y a la profesora Alicia Álvarez Vaquero, verás».

De la Vilagarcía del Corsario y el Asalto Rock a las páginas de Vibraciones Pop y a la fontanería tras los escenarios. «Hay una escena increíble en Galicia, y nosotros queremos hacer lo que siempre hemos hecho, ahora desde New Live y el Atlantic Fest, apostar por ese talento. Nunca hemos traído a una banda por los tiques que vendiese». Lamentablemente, la cosa se ha puesto turbia. «Es pronto para ver por dónde van a ir los tiros, pero sí te diré algo. La libertad, la igualdad de género, todos los avances sociales que hemos conseguido... ¿Vamos a dejar que salten por los aires? Solo la cultura puede evitar que volvamos a la caverna».

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