«Os primeiros días non había material e tivemos que buscarnos a vida»

Personal del Hospital Provincial agradece el apoyo recibido en forma de pantallas


pontevedra / la voz

Agradecer el trabajo y el apoyo pero, sobre todo, la empatía de gente anónima. Es lo que han hecho este miércoles un grupo de trabajadores del Hospital Provincial de Pontevedra. Marisol Dorado, celadora desde hace 43 años, lo tiene claro. «Era hora de salir y agradecer públicamente todo ese trabajo», subraya. Esa red solidaria que se puso en marcha en España y en Galicia cuando no había material suficiente en los centros sanitarios de la mano de iniciativas como coronavirusmakers o cooperavirus también se hizo fuerte en Pontevedra.

De esa red y del esfuerzo de particulares llegaron cientos de pantallas protectoras al Provincial que se repartieron primero entre el personal del servicio de urgencias pediátricas, que es el más expuesto, y después entre otras plantas del hospital. La situación es hoy muy distinta de la que se vivió a mediados de marzo. Lo recuerda la enfermera Vanessa Cernadas. Su cuñado, Iván Santoro, fue de los primeros que se ofreció a echar una mano para suplir la falta de material.

«Os primeiros días non tiñamos nada, non había material. Os equipos de protección individual (epi) chegaban aos poucos e tivemos que buscarnos a vida», señala Vanessa. Su cuñado tiene una impresora 3D en su casa y se puso a hacer pantallas. Cree que él solo donó más de 80 unidades. Esta enfermera explica que las pantallas se montan después en el hospital y se le ponen las gomas. Hace hincapié en que es un material de protección importante que llevan por encima de la mascarilla. «A pantalla ofrece seguridade ante salpicaduras, sobre todo nas mostras que se recollen en urxencias». Además de su cuñado, han aportado pantallas otras personas. Han llegado del IES A Xunqueira II, que en marzo ya se sumó a las iniciativas nacionales, y también de otros particulares.

César Rodríguez, hijo de la celadora Marisol Dorado, es ingeniero informático. También se implicó. No tenía impresora 3D en casa, pero se compró una poco después. «Mi madre me llamó y me dijo que necesitaban material de protección. Esto estaba empezando, hablé con alguna gente, busqué información para saber cómo se hacían y me compré la impresora. Yo no tenía ni idea», confiesa. César señala que lo que se buscaba con este trabajo en red era conseguir un stock suficiente para ir distribuyendo entre los profesionales sanitarios. En su caso, sigue fabricando pantallas hoy en día. Hace entre cuatro y cinco por jornada porque con cada una tarda dos horas. «Por la noche no puedo dejar la impresora encendida porque hace mucho ruido».

Dice que para el personal del Provincial entregó unas 30. Otra parte de su producción la donó al hospital privado Quirónsalud, donde trabaja su mujer, y otra para la iniciativa coronavirusmakers. Este ingeniero informático coincide en que en las primeras jornadas tras decretarse el estado de alarma no había material para los trabajadores: «En aquellos momentos no había nada».

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