Cuando los aplausos son más fuertes que los abrazos

Sanitarios, vecinos y empleados de supermercados se agradecen cada día a las ocho de la tarde su apoyo cerrando el círculo de la solidaridad


pontevedra / la voz

Desde hace 40 días vivimos a través de las ventanas. Nuestras vidas transcurren a ralentí en el espacio que se vislumbra detrás de los cristales, apenas un puñado de metros cuadrado que se abren idénticos cada día ante nuestros ojos nos permiten saber cómo sigue girando el mundo. Y sigue haciéndolo, sigue girando empujado por la solidaridad de todos los que se asoman a las ventanas y los que desde la calle batallan para que esta pandemia tenga fecha de caducidad.

Las ocho de la tarde se han convertido desde hace semanas en la hora de las gracias, cuando los abrazos que ya no podemos dar se convierten en unos aplausos cada vez más sonoros y que dan más calor. No solo a los sanitarios, sino a todos los que trabajan para que los que vivimos entre cuatro paredes podamos seguir haciéndolo. Transportistas, repartidores, profesionales sanitarios, asesorías o empleados de supermercados están en en ese grupo al que agradecemos su esfuerzo. Hay quien aplaude desde su ventana, quien entona el Resistiré o los que prefieren tirar de play list para agradecer el trabajo de sus vecinos. La mayoría de estos profesionales han cambiado de la noche al día su modo de trabajo, han extremado la seguridad y reforzado los turnos para combatir la pandemia. Aunque cada mañana se hace un poco más duro, tienen una recompensa cada tarde para seguir en la brecha. Son muchos los profesionales que cuando están hasta arriba de trabajo piensan en voz alta:«Esos aplausos diarios son también para mí».

Es la hora de la inyección para ellos. Desde las ventanas de Pontevedra se asoman, con música o no, para aplaudir a los sanitarios y cada vez a más colectivos, mientras los profesionales del Provincial se concentran a la misma hora en la puerta del hospital para agradecer el respaldo de los vecinos y dar con aplausos una especie de grito de agradecimiento, pero también baten sus manos por los empleados de los supermercados, que a esa misma hora, cuando bajan la verja, salen para responder a esas muestras de apoyo.Las profesionales de Froiz agradecen a los sanitarios y a los vecinos sus aplausos cerrando el circulo de la solidaridad y permitiendo que el mundo siga girando, aunque nosotros veamos siempre la misma estampa desde nuestra ventana. 

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