El profesor jubilado que recuperó su vena poética en tiempos de coronavirus

Hacía catorce años que Enrique Piñeiro no escribía. La situación excepcional que se vive rescató su inspiración


pontevedra / la voz

A Enrique Piñeiro siempre le gustó escribir. Este profesor que durante seis cursos enseñó francés a alumnos del IES Valle Inclán de Pontevedra se jubiló hace algo más de cuatro años. Cuenta que escribió de manera intermitente durante su vida, pero que hacía mucho tiempo que no se ponía. Concretamente, catorce años. «Mi anterior serie de poemas es del 2006».

Este docente, porque son muchos los que piensan que un profesor nunca se jubila, ha sacado algo positivo de la emergencia sanitaria generada por el coronavirus. Y sucedió sin proponérselo. «Estamos viviendo una situación tan excepcional, extraña y diferente que sentí la necesidad de expresar estas sensaciones. Pero no tengo ningún plan», aclara. Para Enrique Piñeiro, a pesar de no estar en activo laboralmente hablando, las jornadas del confinamiento son muy distintas a las de antes del estado de alarma. «Te levantas, te asomas a la ventana y te impresionan esas calles vacías, esos silencios y el hecho de que en una ciudad se escuche más a los pájaros. Después cada tarde, a las ocho, ves a la gente salir a los balcones a aplaudir a los sanitarios».

Esos sentimientos y esas experiencias obligadas han dado pie a una especie de diario del confinamiento en poemas. Así lo llama su autor. De momento de su cabeza y de sus manos salieron dos, Domingo de marzo y Sábado de abril. ¿Cómo es su poesía?, se le pregunta a Enrique. «Es un estilo directo y un lenguaje cotidiano. No hay puntuación, es verso libre». Compartió sus creaciones con la familia y los amigos, sin aspirar a más.

«Diez de la mañana/domingo/veintinueve de marzo de dos mil veinte/bajo un cielo de un intenso azul/y deshilachadas nubes opalescentes/brillan las hojas nuevas de los magnolios/dormita el gran tilo/despiertan los camelios». Así arranca Domingo de marzo, un poema en el que Enrique habla del silencio que reina sobre la ciudad desierta, del cambio horario y de un mundo que se ha encogido y cabe en una caja de muñecas.

Más reciente es Sábado de abril. En ese poema no falta una referencia a Luis Eduardo Aute y su canción Las cuatro y diez. «Siempre me encantó Aute, desde los años 70 cuando Al alba se convirtió en el himno de la época. Me identifico mucho con él y Las cuatro y diez tiene un significado especial para mí», desvela. Algo que se siente en el final del poema. «He encendido el televisor/ha muerto Luis Eduardo Aute/he cerrado los ojos en silencio/he cerrado las manos/apretado los puños/he recordado una canción/la he tarareado/date prisa/que ya son las cuatro y diez/he regresado a aquel sábado de hace años/tantos/que me falta el aire al recordarlo».

Durante su vida laboral como profesor Enrique rotó bastante por centros educativos. Además de los seis años que ejerció en el IES Valle Inclán también impartió docencia en A Coruña, Vigo y Marín y vivió dos años en Francia en distintas etapas vitales. ¿Qué dijeron allegados y colegas de sus poemas? «En general, gustaron». ¿Habrás más, entonces? «Supongo que sí porque esta situación no se sabe por cuánto se va a prolongar. Tengo que engrasarme porque aunque escribo de manera intermitente desde hace años hacía mucho que no lo hacía». Además de la poesía, últimamente ha escrito prosa y tiene un proyecto de una novela. «Yo ya tenía tiempo libre, pero ahora tengo más. Es una idea, una persona de cierta edad que recuerda. Un diario íntimo».

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