Prioridad número uno: la economía

El «día después de» será el momento de atender y ayudar a las familias, a las pymes y a los autónomos pontevedreses


En una de las intervenciones públicas más clarividentes que le recuerdo desde hace tiempo, Miguel Anxo Fernández Lores acaba de clavar un análisis certero sobre la necesidad de preparar un plan de choque económico para «el día después» de que salgamos de este estado de alarma y la pandemia comience a ser un inolvidable recuerdo. El alcalde propuso diversas líneas de actuación que, por cierto, en gran medida superan las capacidades de un ayuntamiento y requerirán de acuerdos políticos transversales, basados en el consenso para sacarse el corsé del «techo de gasto» impuesto en tiempos de otro pontevedrés, Mariano Rajoy.

Viendo la catarata de ERTE que se han solicitado, constatamos que después de la crisis sanitaria que nos habrá costado aún no sabemos cuántos miles de vidas de conciudadanos, está llegando una crisis económica de la que Pontevedra no escapa. En estas mismas páginas de La Voz de Galicia, decía esta semana José María Corujo, presidente de la patronal local AEMPE que «el día después de la alerta va a ser tremebundo; todos tendremos que echar el resto para que esto no se vaya al garete».

Observadores como Kristalina Georgieva, gerente del FMI anuncian que este año 2020 ya está en una recesión tan mala o peor que la crisis financiera global del 2009. Según la OCDE, España será uno de los países más afectados. No solo por el efecto de la pandemia y la duración de las medidas de confinamiento, sino también por los efectos colaterales que en nuestro país (y quien dice España, dice Galicia, dice Rías Baixas, dice Pontevedra) se traducen en un desplome del negocio turístico por el aluvión de cancelaciones en un sector que supone el 12 % del PIB.

Necesitamos acicates

Sin embargo, no podemos ni debemos caer en el abatimiento. A diferencia de la crisis del 2009 cuyo final tardó años, llevándose por delante millones de puestos de trabajo y de empresas, en esta ocasión, los analistas coinciden en que es una recesión temporal. Acabo de leer al economista Federico Steinberg que define esta crisis como un modelo en «V». Es decir, a la caída en la que estamos ahora debería sucederle una subida en cuanto se restituya la normalidad. Sea cual sea el escenario que nos encontremos al final de esta emergencia, y volviendo al análisis que hizo Fernández Lores, necesitamos que todas las Administraciones públicas echen el resto para rescatar cuanto antes la economía de las familias, de las pequeñas y medianas empresas y de los autónomos que en una ciudad como Pontevedra son el músculo principal. Si hace una década, la prioridad del Gobierno fue rescatar a las entidades bancarias con la inyección de miles de millones de euros (no devueltos), es el momento de que la prioridad número uno seamos los ciudadanos y de que la banca se moje como debe, inyectando liquidez mediante los préstamos avalados por el Estado según los recientes decretos del Gobierno.

Me consta que una vez más, precisadas esas medidas, del mismo modo que las gestorías y asesorías de la ciudad están saturadas de solicitudes de ERTE, hay también un aluvión de peticiones de créditos en las oficinas bancarias locales que solicitan empresarios y autónomos para disponer de circulante con el que poder encarar los pagos urgentes y la reanudación de sus actividades cuando concluya esta pesadilla.

Envite al municipalismo

Alcaldes como Miguel Anxo Fernández Lores han decidido encabezar un movimiento para que el Ministerio de Hacienda retire la faja que Cristóbal Montoro impuso en el 2012 con el techo de gasto a los ayuntamientos, lo que encorsertó la capacidad de los concellos, obligando a que los remanentes de tesorería, es decir el dinero líquido disponible, sean para pagar deuda. En suma, para las entidades financieras. Como bien reivindicó el regidor «xa chegou de rescatar aos bancos; é a hora de rescatar ás persoas».

Lores sostiene que la capacidad financiera del Concello le permitiría disponer de entre 15, y hasta 20 millones de euros, para inyectar en la economía local, ayudas al comercio, pymes y autónomos para ese plan de choque que auspicia. Pero necesita sacudirse el yugo de Hacienda, lo mismo que ocurre a los más de 8.000 ayuntamientos que hay en España. Un propósito que solo podría conseguirse desde la unidad de acción del municipalismo que representa la FEGAMP en Galicia y sobre todo la FEMP que preside Abel Caballero. Es el momento de que el alcalde vigués demuestre su ascendente ante el Gobierno de Pedro Sánchez y logre que los concellos se sacudan esa atadura mediante la derogación de la llamada Ley Montoro.

Mientras tanto, lo que Lores y todos los demás alcaldes sí pueden hacer es pagar a proveedores, que es otro modo de inyectar circulante a las empresas. Asimismo, en el ámbito de sus competencias pueden aplazar y rebajar aquellas tasas y precios municipales que el actual estado de alerta impedirá atender. Pontevedra afirma que abonó 3 millones en pago de facturas. Y que ha decidido aplazar algunos impuestos como el de circulación de vehículos, pero echo en falta que aún no haya considerado hacerlo con otras obligaciones muy sensibles como el agua, basuras o tasas como la de veladores.

A situaciones excepcionales, soluciones excepcionales.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

Prioridad número uno: la economía