El Camino Portugués se vacía cuando esperaba 12.000 peregrinos en abril

«Es frustrante ver como se van cancelando las reservas y se caen al suelo tus expectativas», dice uno de los propietarios de una casa rural en Caldas


pontevedra / la voz

La Semana Santa es el termómetro que usan los albergues y hosteleros para medir el impacto que tendrá el Camino de Santiago esa temporada. Viendo cómo va el arranque de la campaña pueden prever cómo será el verano. Ni en la peor de sus pesadillas se imaginaban que las puertas de sus negocios tenían que estar cerradas cuando había que dar el pistoletazo de salida al año. En las últimas semanas muchos daban los últimos retoques a sus albergues y recibían reservas cada día. Las expectativas eran muy altas, pero el estado de alarma para frenar la propagación del coronavirus ha echado por tierra el mes de abril. Las únicas llamadas que suenan son para cancelar reservas, que en algunos casos llevaban más de un año cerradas.

Tomando como referencia los datos de ocupación del 2019, se esperaba que por el Camino portugués pasasen cerca de 12.000 peregrinos a lo largo del mes. Ahora ese contador quedará a cero y las pérdidas para el sector se acercan al medio millón de euros en abril. Se calcula que el gasto por peregrino y día es de 40 euros, según explica Tino Lores, presidente de la Asociación de Amigos del Camino Portugués, quien lanza un rayo de esperanza a medio plazo: «No es catastrófico, pero sí muy negativo, si en Semana Santa colgabas el cartel de completo, sabías que en verano la ocupación sería del 80 %».

En el último año, esta ruta ha superado todas sus barreras al alcanzar los 96.500 peregrinos, gracias al fuerte incremento del Camino por la costa. Son 15.000 más que el año anterior. A la tímida esperanza que da Tino Lores para el verano se contrapone la de Jesús Fariña, propietario de Doña Urraca, uno de los primeros albergues de Caldas. «Damos la temporada por medio perdida, va a ser un año muy duro, estaremos así hasta junio en el mejor de los casos y en el peor, hasta septiembre», explica Fariña, que cree que lo que estamos viviendo «va a cambiar la forma de relacionarnos. A ver cómo vivimos el Xacobeo 2021».

El 80 % de los peregrinos que hacen el Camino portugués son extranjeros y eso es uno de los mayores inconvenientes que ven los empresarios. «Habrá mucho menos volumen de gente y nos va a afectar a todos porque se repartirán más», comenta Fariña, que al igual que buena parte de los propietarios de albergues de Caldas, Barro y Pontevedra estaban empezando a abrir cuando se decretó el estado de alarma.

«Es frustrante ver como se van cancelando las reservas y se caen al suelo tus expectativas»

Fernando Piñeiro puso en marcha la Casa Herrería la temporada pasada en Caldas

 

Fernando Piñeiro tuvo una idea hace un año. Vive en Caldas y veía como cada día pasaban cientos de peregrinos por la villa. Aunque no tenía relación con el sector decidió comprar una casa en el centro de la villa termal y rehabilitarla. Lo hizo con mimo, manteniendo la identidad de la vivienda y dándole una nueva vida después de que la levantasen por primera vez a principios del siglo XIX. Convirtió Casa Herrería en una casa rural con cinco habitaciones. Abrió el año pasado con la temporada ya comenzada y esperaba esta para ver la rentabilidad que podía darle su inversión. «Esto nos pilló con un montón de reservas para marzo, abril y mayo, ahora es frustrante ver cómo se van cancelando todas y las expectativas se caen por los suelos», señala Piñeiro, que le entristece como la situación está acabando con su ilusión y hiere un motor importante en Caldas.

«Después de esto nada será igual, va a cambiar la forma de viajar, el turismo va a ser uno de los más afectados de cara al futuro, habrá consecuencias a la hora de moverse por el mundo», comenta Fernando Piñeiro, que estaba descubriendo lo «agradable que es que un negocio funcione». Y lo dice porque además de la casa rural tiene negocios de ropa y zapaterías. «Vengo de un sector que está sufriendo mucho, el comercio local lo está pasando mal y ves que esto funciona y que además es superagradable, me encanta», señala este empresario de Caldas, que ve peligrar la temporada. Lo fuerte arrancaba en Semana Santa y se alargaba hasta finales de octubre, pero «hay que ver ahora cómo impacta en el Camino el resto del verano».

Con la misma incógnita está Alejandra Fuertes, que gestiona pisos turísticos en Caldas a través de Administradores de fincas Cimas. «Tenemos clientes que los habían comprado para sacarle rentabilidad ahora con el Camino de Santiago y con esto, no saben que puede pasar, están preocupados», comenta Fuertes, que reconoce que el estado de alarma ha sorprendido a muchos propietarios que se estaban metiendo un pie en el negocio.

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