«Llegamos a hacer auténticas animaladas para sortear un simple escalón de una ducha»

Viajar en silla de ruedas. Ese es el reto al que se enfrentan a menudo en Amencer. Tienen experiencias de todo tipo


pontevedra / la voz

En el centro de día de Amencer, en Campolongo, al que acuden adultos con parálisis cerebral, el vaso siempre se ve medio lleno. Y más si anda por el medio Rosa, trabajadora de la entidad, habitual coordinadora de los viajes de Amencer y, sobre todo, el optimismo hecho mujer. Se le pide a ella que reúna en una mesa a algunos de los usuarios más viajeros, a esos que se apuntan a un bombardeo. Y enseguida toman asiento Rosa, Maca, Sergio, Julio y Antonio dispuestos a contar qué es lo que se encuentran cuando salen de viaje o a comer, teniendo en cuenta que casi todos van en silla de ruedas. Ellos, como la citada monitora, ponen blanco sobre negro. Cuentan experiencias difíciles, sobre todo cuando tienen que ir al baño y se topan con barreras imposibles de sortear. Pero creen que las cosas han cambiado. Y que, encima, han cambiado para bien.

Hablan primero de lo bueno. Y cuentan que hace años que decidieron que, en lugar de viajar a Canarias o a otras mecas del turismo nacional en la excursión anual de Amencer, se iban a quedar en Galicia e incluso en las Rías Baixas. ¿Por qué? Para ahorrar en transporte. Quedarse aquí tiene el inconveniente de no poder ver mundo y algunos ese extremo no lo llevan bien. Pero tiene una ventaja descomunal: «Podemos estudiar bien los sitios a los que vamos a ir y asegurarnos de que vamos a estar cómodos», cuenta Sergio. Luego, todos sonríen al hablar de un hotel, llamado Troncoso, al que van con asiduidad en Sanxenxo. Dicen que el negocio no puede hacer más esfuerzos para que ellos estén «como en casa».

 Quitar el toallero

Así, hablan de que cada año les sorprende con que se han hecho un poco más accesibles aún. «Este verano tenían una silla para la piscina», cuentan. Y no solo destacan las obras que hicieron, sino la actitud: «Siempre ayudan y si hay que mover mobiliario se mueve, si hay incluso que sacar herramientas y quitar un toallero para que se pueda mover una grúa también se hace», indican.

Hasta ahí, lo bueno. Luego, echan la vista atrás. Y hablan de que costó mucho llegar a encontrar un sitio confortable y que todavía queda mucho por hacer. «Estuvimos en hoteles donde no nos cogían las sillas por las puertas de los baños. Llegamos a hacer auténticas animaladas para sortear un simple escalón de una ducha o para entrar en una habitación. Porque estás allí, ves que la silla no entra en la ducha o que si la metes dentro el plato queda tan pequeño que le salen las piernas para fuera y tienes que ser resolutivo. Y entre dos acabas cogiéndolo en brazos», interviene Rosa, la trabajadora.

Sergio es el único que no va en silla de ruedas. Pero viaja o sale a cenar con Maca, su pareja, que sí lo hace. Y se vio en más de un apuro cuando ella tiene que ir al baño: «A veces me da reparo porque tengo que entrar a ayudarle y el baño de minusválidos está dentro del servicio de mujeres», dice. Su comentario desata un torrente de anécdotas de baños para discapacitados metidos en almacenes u otros lugares surrealistas. Se ríen. Y vuelven a insistir en que todo va mejorando. Porque así es Amencer. Todo positivismo. Todo buen rollo.

 Solo 22 negocios de hostelería están en el mapa de locales accesibles

Imaginémonos a un grupo de 22 personas que busca alojamiento en las Rías Baixas para el mes de junio. Quieren dar paseos, un chapuzón en una piscina, acercarse a ver el mar, algo de juerga nocturna y poco más. Sin duda, les sobrarían hoteles, pensiones y apartamentos donde quedarse. Es más, tardarían varios días en elegir porque la oferta es abundantísima. Ahora imaginémonos a ese mismo grupo teniendo en cuenta que, de ellos, unas quince o veinte personas van en sillas de ruedas eléctricas, necesitan grúas para moverse a las camas y tienen que ducharse en sillas especiales. ¿Tendrían tantas opciones para dormir en la comarca de Pontevedra? No, desde luego que no. Ni siquiera lo tendrían fácil para ir a un restaurante. En la guía de recursos accesibles de Turismo de Galicia solamente figuran 22 locales de hostelería. De ellos, 14 son alojamientos -hay un cámping, unos apartamentos y el resto son hoteles- y ocho son restaurantes. Casi todos están ubicados en Sanxenxo.

Pero, ojo. Ni siquiera todos esos locales garantizan que una persona con discapacidad tenga unas comodidades mínimas. No en vano, solo siete de estos establecimientos tienen la categoría de adaptados, es decir, que cumplen totalmente la normativa en materia de accesibilidad. El resto figuran como practicables, es decir, que se adaptaron en parte para personas con discapacidad pero aún tienen carencias.

Lo más positivo es que en la guía de Turismo de Galicia -disponible en la página www.turismo.gal- cada local cuenta con un documento detallado en el que explica sus características específicas para dar respuesta a personas con necesidades especiales. En ese documento se pueden observar todo tipo de detalles, desde qué accesos tiene el local hasta cuestiones mucho más específicas como la altura de los armarios o si los pestillos de las puertas se pueden manipular con facilidad. También especifican ahí si tienen cartas en braille o menú de signos, algo ciertamente muy poco habitual.

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