«El reto marcó un antes y un después para mí, para Asseii y estas dolencias»

El documental que recoge la aventura en bici y patinete de Víctor Loira se proyectó en el Hospital Montecelo


pontevedra / la voz

Cargado de ilusión y de respeto y muy arropado por su familia y sus amigos. Así iniciaba Víctor Loira, aquel 19 de agosto del 2018 en Pontevedra, su reto de 1.320 kilómetros en bicicleta y patinete por las enfermedades inflamatorias intestinales (EII). El pasado septiembre el documental que recoge aquella aventura gallega se estrenaba en el Teatro Principal y ayer se proyectó en el salón de actos del Hospital Montecelo. Pontevedra es la segunda parada hospitalaria de la película tras Ourense. Hoy llega a Vigo dentro de su recorrido por centros sanitarios de la comunidad. Dirigido por el equipo del aventurero Sebastián Álvaro, fue financiado por la farmacéutica Janssen.

Antes de la proyección, Víctor Loira, el «Ironcrohn» -como le llaman cariñosamente-, recordó para La Voz lo vivido aquellas intensas y duras jornadas que se prolongaron entre el 19 de agosto y el 4 de septiembre. ¿Qué supuso el documental?, se le pregunta a Víctor, enfermo de Crohn, con cuatro sedales perianales y una bolsa de ileostomía. Él lo tiene claro. «El reto marcó un antes y un después para mí, para la asociación Asseii y para las enfermedades inflamatorias intestinales. Con sacrificio y ganas todo se consigue. Claro que hubo momentos fastidiados, pero también muy bonitos, y todo esto se consiguió con el apoyo de mi familia y mis amigos, en especial, Ángela [Paz] y Fernando [Baquero], y de Janssen».

Visibilizar las enfermedades inflamatorias intestinales y mostrar cómo afectan al día a día de quienes las padecen era uno de los objetivos del reto. «Aunque cuando empezamos el reto ya había en Galicia algunos baños para ostomizados o estaban en obras, no eran tan conocidos como hoy. De los 34 que hay en España, 28 están en Galicia».

En ese recorrido por etapas de 1.320 kilómetros combinando la bicicleta con el patinete Víctor pasó más de una fase complicada. Las más crítica tiene que ver con su mujer, Tita García, enferma de ELA. «Bajando de A Veiga hacia o Barco me estaba esperando el conselleiro, pasé el hospital y me contaron que de noche se había estropeado la máquina de aire controlado de Tita. Ángela no vino a despertarme para no preocuparme, pero cuando me lo contó ya no tenía ganas de dar a los pedales. Sabía que se podía arreglar y que un día sin máquina puede aguantar, pero no se me iba de la cabeza. Pensaba, traigo a gente para que me acompañe y mira...», rememora todavía emocionado. Por otros motivos, la etapa de San Andrés de Teixido fue de las más duras, con alguna pendiente del 16 %.

El patinete fue mucho peor que la bici, sentencia Víctor. De Sebastián Álvaro y de todo su equipo quedó «una amistad muy grande». «En etapas de 160 o 180 kilómetros ellos ven cómo se sufre, pero nunca me estorbaron, al contrario, me facilitaban las cosas. Cuando llegaba, me duchaba, descansaba y cenábamos todos juntos como una familia». Para el protagonista del reto el documento refleja muy bien la realidad de las dolencias inflamatorias intestinales. Algunos conocidos le dijeron, tras ver la película, que jamás pensaron que Víctor pasara «por todas esas cosas». «Hace reflexionar en los valores que la gente pierde, hay más suicidios que accidentes de tráfico, y en la fuerza de la familia y de la amistad. Y también en los beneficios de hacer deporte. No como lo hago yo, que requiere muchos entrenos, pero sí caminatas, que hay cantidad», aconseja Víctor.

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