«Me molesta la indiferencia de muchos ante la suerte que corra el templo»

Jesús Niño, párroco de Salcedo, lidia con la búsqueda de fondos para reabrir la iglesia, clausurada por su deterioro


pontevedra / la voz

Jesús Niño Sanchez-Guisande es licenciado en Derecho y en Historia de la Iglesia. Se ordenó sacerdote en 1982 y su primer destino fue la iglesia de San José de Campolongo. Tras doctorarse en Roma regresó a Pontevedra, primero a Monte Porreiro, luego a Figueirido y ahora oficia en Salcedo. Le ha tocado la difícil tarea de mediar entre el Arzobispado y la parroquia para conseguir la financiación que mantenga abierto un templo clausurado hace más de un año a causa de su grave deterioro y que necesita una inversión que supera los 300.000 euros.

-¿Qué significaría para la parroquia de Salcedo el cierre definitivo de la iglesia?

-El templo es el lugar donde el creyente se relaciona de un modo estricto con dios. Su desaparición vendría a ser la agonía del cristianismo.

-¿Su cierre podría incidir en una posible crisis en Salcedo?

-El número de feligreses disminuye de forma alarmante. Esto sucede en muchos sitios, pero a mí no me consuela. Lo que más me preocupa es la ausencia de juventud en las liturgias. San Martín es un reflejo más de la crisis que está pasando la Iglesia hoy en día.

-¿Es reversible?

-Como historiador de la Iglesia me consta que hubo crisis en muchas épocas, con corrupción del alto y el bajo clero y escasez de vocación. Pero hoy en día hay otro factor determinante, una galopante indiferencia hacia todo lo religioso. Y ante esta situación no cabe la ceguera voluntaria y aferrarse a las prácticas de siempre. No podemos responder a los problemas de hoy con soluciones de ayer. Es la hora de la imaginación y de la inventiva y no creo que valga ese priapismo pastoral que parece haberse apoderado de algunos representantes de comunidades cristianas. Los tiempos de las exhibiciones religiosas han pasado. Esta crisis gravísima afecta negativamente a la situación por la que está pasando Salcedo.

-¿La feligresía está implicada en la restauración del templo?

-Hay una comunidad cristiana pequeña pero muy viva que celebra impertérrita en la Raíña da Paz su fe. Esta realidad ha purificado otros aspectos. Nos llevamos mejor y hay una mejor relación personal. Yo me despido personalmente de todos los feligreses y eso me ayudó personalmente mucho.

-Su paso por la parroquia de Figueirido estuvo marcado por la tensión con los vecinos. ¿Se encuentra más cómodo en Salcedo?

-Esta es la parroquia que más me satisface. Y me gustaría también llegar a sintonizar en la misma medida con los vecinos de Bértola. A raíz de los problemas en el templo hay una creciente buena relación con las comisiones de fiestas de Salcedo y eso es positivo para todos.

-¿Con alguna entidad la relación no es tan fluida?

-Con alguna no existe. Lo que me molesta es la indiferencia de muchos parroquianos ante la suerte que pueda correr el templo y parece que solo ponen su interés en reconstruir cabañas de la edad de piedra.

«Los tiempos de las exhibiciones religiosas pasaron. Necesitamos imaginación»

«No podemos responder a los problemas de hoy con soluciones de ayer»

«Me gustaría alcanzar con los feligreses de Bértola la misma sintonía que con Salcedo»

«Soy contrario a la Ley de Memoria Histórica. No es bueno remover heridas»

Jesús Niño nació en Santiago porque su madre se empeñó en que su primer hijo fuese gallego, pero su familia estaba destinada en Cádiz, donde su padre ejercía como director provincial de Sanidad Civil.

-¿Su vocación religiosa tiene que ver con influencias familiares ?

-Sí. De mi familia aprendí el valor de la paz y el perdón y conceptos como la tolerancia y la comprensión. Mi familia paterna era de derechas y monárquica y mi tío Lorenzo fue masacrado en el castillo de La Mola con 133 oficiales, compañeros rojos, en los inicios de la guerra. Mi familia materna era liberal y republicana. Y mi tío Gumersindo, republicano y masón, fue perseguido y destituido de su cargo como decano de la Facultad de Medicina en Zaragoza y huyó a Argentina para salvar la vida.

-Esa etapa de la vida de su tío en Buenos Aires también tuvo influencia en usted...

-Totalmente. Él allí se hizo muy amigo de Castelao, tanto que le acompañó y le cuidó en su enfermedad. De ahí mi amistad con su hermana, Teresa Castelao, una mujer con un nivel cultural extraordinario.

-¿Qué opina de la Ley de Memoria Histórica?

-Estoy en contra, por supuesto. En mi casa nunca se dio el rencor. Siempre se habló de perdón y de no remover heridas difíciles de cerrar.

-¿Qué es lo que más aprecia de la vida?

- Me encanta la historia, sobre todo la de la Iglesia; la música clásica, la cultura, los libros y las bibliotecas. Me gusta compartir conversación con amigos coincidentes en gustos y en educación. Y me encantan los perros; nunca me han fallado. Valoro mucho la sinceridad y el buen gusto y lo que más desprecio es la ingratitud y la falsedad.

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