Magistrados con vocación docente

Alumnos de ESO y bachillerato conocen en la Sección Cuarta de la Audiencia cómo se desarrolla un juicio y la visión de jueces, fiscales y abogados sobre la justicia


pontevedra / la voz

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial tenía en su agenda el señalamiento de una vista en la que se juzgaría a un hombre acusado de apropiarse de una cantidad superior a los 110.000 euros de un farmaceutico de Lalín. Según el escrito de la Fiscalía lo hizo aprovechando su trabajo como asesor en temas financieros en la mencionada farmacia.

La vista no llegó a celebrarse al alegar el abogado del acusado que su cliente estuvo durante un periodo muy largo sin defensa letrada, lo que le generó una situación de indefensión. El tribunal suspendió la vista hasta dictaminar si realmente se produjo una situación de indefensión.

La sala estaba abarrotada de público. Alumnos de 3º y 4º de la ESO y de bachillerato asistían, acompañados por sus profesores, a la sesión judicial. Y los magistrados dieron rienda suelta a su vocación docente, de la que también hizo gala el fiscal y los abogados de la defensa y de la acusación.

Al principio con cierta timidez y a medida que avanzaban los minutos con más soltura, los alumnos respondieron a la invitación del presidente de la Sección Segunda, Xoán Xosé Barreiro Prado, a interesarse por una profesión por la que ninguno de los escolares dijo sentir vocación: la de juez.

Rompió el hielo explicando a los jóvenes que su toga marca el ascenso de juez a magistrado y que es acorde a la solemnidad de impartir justicia y tiró de humor para comparar su toga con el «mono de trabajo» de cualquier operario para a continuar matizar que esa prenda, imprescindible para el ejercicio de su profesión, debe adquirirla cada uno con su primer salario.

En la vestimenta se detuvo también el fiscal jefe, Juan Carlos Aladro. «Vamos vestidos tan de negro que parecemos murciélagos, con puntillas en los puños que parecen blondas de tarta, estamos en una posición más elevada que el acusado y los testigos y utilizamos un lenguaje como si estuviesemos en Versalles. Todo eso intimida a la gente, pero aquí, nuestro único objetivo, es buscar la verdad».

Fue también el fiscal jefe quien introdujo a los alumnos en el funcionamiento básico de una administración de justicia que tildó de «institución con un gran anquilosamiento en el pasado, basada en el papel y el bramante y a la que le cuesta adaptarse a la era de la digitalización».

La falta de medios humanos y materiales, la lentitud de la justicia para adaptarse al expediente electrónico y la aplicación de un procedimiento penal de hace dos siglos fueron algunos de los conceptos más repetidos desde el estrado. Y generaron preguntas concretas entre el alumnado. Quisieron saber, por ejemplo, por qué estaban citados a una vista que juzgaba hechos ocurridos en 2015. Y en la respuesta hubo concordancia entre las defensas y la fiscalía: La falta de medios dilata la instrucción y el procedimiento en general causando un grave daño a la persona juzgada. «Si a xustiza se demora moito deixa de ser xustiza», aseguraba el letrado de la acusación. Una afirmación que el fiscal apuntillaba con una reflexión: «La justicia es la manifestación social de la venganza, un plato que se sirve frío. Aquí a veces, rancio».

Se interesaron también por los procedimientos con jurado popular y se encontraron con voces que cuestionan su eficacia. Los argumentos fueron compartidos por magistrados y abogados. Ser español y mayor de edad es el único requisito para ser citado como miembro de un jurado. «Y no siempre es fácil que entiendan el lenguaje y la terminología que se utiliza en sala». A mayores, indicaron la incapacidad del Tribunal para variar el sentido de un veredicto.

Como positivo, los alumnos conocieron la generosidad de los abogados que integran el turno de oficio.

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