«Últimamente se venden más cuadros de Franco, parece que está de moda»

El museo de la segunda mano que es Los Juncales esconde desde muebles ingleses a piezas de coleccionistas como bicis estáticas de los cincuenta o cámaras de principios del sigo XX


pontevedra / la voz

Atravesar la puerta de Los Juncales es hacerlo en una máquina del tiempo que te transporta a un pasado forjado por los miles de objetos que esconde en las dos plantas de un negocio a medio camino entre un anticuario y un rastro. Se encargan de darle una segunda vida a las cosas, algunas con más valor del que nadie hubiera pensado que alcanzaría cuando tenía las piezas arrinconadas en su casa. Al fondo a la izquierda, se esconde la más codiciada del local, un mueble inglés de chapado de palma de caoba que supera los tres mil euros. Es tan grande que le impidió irse con el último comprador que se enamoró de él. «Se iba a ir para un palacete en la Orotava, en Tenerife, pero por unos centímetros no le entraba en el hueco», comenta José Manuel Garrido, que atiende desde hace 17 años este negocio. Es el que se encarga de valorar las mercancías que los particulares le ofrecen. Algunos hasta le dejan las piezas un par de días para que compruebe su estado y su funcionamiento. La intuición y la experiencia son sus armas para fijar un precio final, en el que influyen otros condicionantes como el estado, el material, la procedencia o la fecha de fabricación.

Con un bagaje que se remonta casi un par de décadas pocas cosas le quedan ya sin ver. En estos años ha visto de todo, pero en los últimos meses hay algo que aún le sorprende. «Últimamente se venden más cuadros de Franco de lo que crees, hay mucho nostálgico, suelen llegar aquí de pisos de gente muy mayor», reconoce este vendedor. En la tienda tiene dos a la vista, pero hay alguno más escondido. Uno de ellos se vende a 55 euros y sale Franco con ropa militar y una batalla al fondo. «Cuando lo sacaron del Valle de los Caídos parece que lo pusieron de moda», bromea, pero su compañera en Los Juncales reconoce que «muchos se venden para fuera y otros son para gastar alguna broma».

Al margen de la venta de los cuadros franquistas, Los Juncales esconden joyas y curiosidades para coleccionistas. «Podría sorprenderte las cosas que se piden, hay quien colecciona tazas de café pequeñas, relojes, figurasde Swarovsky, platos macao e incluso fósiles», explica Maricarmen, junto a buena parte de las piezas, asegura que lo que más le gusta a ella son los recuerdos de Sargadelos. Pero eso es algo muy personal. Ella y José Manuel hacen de guías turísticas de este museo de la segunda mano al que recurren muchas familias de Pontevedra por diversos motivos. Su sistema de trabajo es muy sencillo. El particular se pone en contacto con Los Juncales y ellos se acercan a por las piezas para valorarlas, si es que creen que puede valer la pena. Entre esas joyas resaltan dos piezas de arte sacro, que son de las más antiguas del local. Datan del siglo XVIII, que llegaron de casa de unos particulares y aún no han encontrado un nuevo hogar. 

No tienen la mercancía en depósito

Los Juncales pagan la mercancía que valoran y engordan esta máquina del pasado en la que perderse es un placer. «Van de vuelta más cosas de las que hay aquí», comentan los empleados para demostrar que no todo vale. No es una feria ni un mercadillo, es un rincón con acceso al pasado. Y, ¿qué es lo que más le llama la atención a la gente?». No saben con que quedarse, si con las máquinas de fotografía de fuelle de principios del siglo XX, las máquinas de escribir antiguas o una bicicleta estática para hacer gimnasia pasiva de los años cincuenta, una joya que José Manuel no ha visto nunca. Muchos de estos objetos superan con creces los cien euros, pero ¿quién se deshace de todas estas piezas? La procedencia es de lo más variopinta. El propietario de la tienda, Carlos Juncal, trae mucho material de Inglaterra, pero la gran mayoría llega ahora de familias que heredan casas y se quieren deshacer de parte de los muebles. «Las casas ahora están muy vacías», comenta la empleada. Pero también hay espacio para la picaresca. «A veces viene la policía buscando algo robado y nosotros tenemos que echar a gente porque ves que lo que trae no es de procedencia legal», subraya Garrido.

En medio de tantas joyas del pasado sorprende un buen puñado de ropa y botas militares. ¿Cómo ha llegado eso hasta ahí? Muy fácil. A los militares le dan la ropa y después algunos la venden en Los Juncales. «Es la preferida de pescadores, es ropa muy buena», comenta la empleada.

Como cualquier negocio local, ven en Internet una amenaza, pero «estas cosas hay que probarlas y evitar que te metan falsificaciones». Su trabajo es más que eso, es un placer en el que invierten su vida.

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