«La japónica es la almeja que permite sobrevivir al marisqueo en nuestra ría»

El molusco que cuando llegó no se apreciaba hoy es vital para la lonja de Campelo


pontevedra / la voz

Las cifras oficiales reflejadas en el portal Pesca de Galicia sobre la actividad de las lonjas gallegas son incontestables. La almeja japónica es el molusco refugio para el sector marisquero pontevedrés. Es más, esta modalidad de bivalvo supone en el parqué de Campelo el mayor porcentaje proporcional en el total de capturas y en la facturación frente a lo que ocurre en el resto de las Rías Baixas. Por ejemplo, la japónica va ganando cada vez una mayor presencia en las lonjas arousanas, al compás del declive de fina y babosa, pero todavía está lejos de las cifras que se manejan en Pontevedra. La patrona mayor de Lourizán, María del Carmen Vázquez, lo tiene claro. Sin esta variedad de almeja, la lonja de Campelo tendría serios problemas de viabilidad. «La japónica es la que permite sobrevivir al marisqueo en nuestra ría», sentencia. Y eso que cuando esta especie llegó a Pontevedra hará unos veinte años el sector ni la apreciaba ni la recogía.

«Yo recuerdo cuando hace muchos años empezó a aparecer la japónica no la queríamos», recuerda Vázquez. Incide en que se decía que competía con las otras especies de almeja y que no valía comercialmente porque nadie pujaba por ella. «Ahora es la que hay porque es la que aguanta todo lo que pasa en la ría», añade. ¿Qué es lo que ha pasado en la ría? Pues que la llegada de parásitos y otros problemas ha tenido un efecto devastador en los moluscos más cotizados y habituales. Por ejemplo, hace diez años el berberecho empezó a escalar posiciones en las tablas de ventas de las lonjas. Solo en Campelo, llegó a suponer ventas de un millón de euros al año. Había producto en la ría y había demanda en los mercados. Entonces apareció la marteillia, primero en Arousa y luego en el resto de las Rías Baixas y la mortandad del berberecho fue tal que prácticamente está extinto a efectos comerciales. Los pocos que subsisten los mata la plaga cuando están cerca de alcanzar el tamaño comercial. Los esfuerzos de la Xunta por conseguir berberecho resistente a la marteillia no han tenido ningún resultado concreto.

En cuanto a la babosa, «es una almeja muy delicada». Las lluvias y una caída de la salinidad en el fondo de la ría por el aumento del caudal de los ríos provoca mortandades importantes. Para colmo, como esta especie, al igual que la almeja fina, tiene un crecimiento lento, sus poblaciones tardan mucho tiempo en recuperarse para abastecer la demanda de los mercados. La fina parece estar superando el bache y empezar a repuntar, pero hay que esperar a ver cómo marchan las cosas. A día de hoy, «no hay suficiente para una cuota grande», recalca Vázquez.

Hay que añadir que el canal del río, el banco más productivo de Pontevedra, está cubierto de lodo y en gran medida estéril por falta de dragado. La japónica, de rápido crecimiento y resistente casi a todo lo que le venga encima, se ha convertido en el producto refugio, el valor seguro para las cofradías. No alcanza las altas cotizaciones de babosa y fina, pero su valor se ha mantenido constante a un precio del que por ahora no hay queja.

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