Se buscan vacas para pastar en carretera peligrosa y llena de coches

La hierba ha crecido y teñido de verde un tramo en medio y medio de la PO-531, un vial cuya historia da para un culebrón


pontevedra / la voz

Circular deprisa por el vial que va desde Pontevedra a Vilagarcía, la PO-531, amén de una temeridad, es prácticamente sinónimo de multas contantes y sonantes. Además, tratándose de una de las carreteras convencionales más atascadas, lo más probable es que el conductor ya no tenga opción alguna a pisar el acelerador. Camiones y coches le obligarán a ir a paso lento; sin prisa pero sin pausa. Conductores y pasajeros habituales de este trazado tendrán, por tanto, tiempo para fijar la vista en lo que rodea a esta carretera a lo largo de los casi veinte kilómetros que hay desde la urbe del Lérez a la capital vilagarciana. Y, ojo, porque muchas veces las cosas no son lo que parecen ser a simple vista. Ocurre en Curro (Barro). Ahí, yendo de Pontevedra a Vilagarcía, antes de que el coche llegue al macrocudo, hay un carril muerto bien extraño. Está en medio y medio de la carretera y las lluvias otoñales lo han teñido completamente de verde. La retranca vecinal no se ha hecho esperar: «Home, para traer vacas non está aínda a herba, pero case», se escucha decir. ¿Por qué se deja convertir en pradera un tramo de asfalto? Todo responde al culebrón de esta carretera. Pasen y lean.

Hay que remontarse unos cuantos años atrás para entender cómo ha surgido esa pradera en medio y medio de la carretera PO-531. Fue hace unos catorce años cuando se le empezó a dar vueltas a la remodelación de la carretera que une a la capital de la provincia con Vilagarcía. Eran aquellos años grandilocuentes en los que se hablaba de una futura autovía, de una remodelación integral. Hubo mucha polémica por alguna de las actuaciones que se pretendían llevar a cabo, luego llegó la crisis y, al final, prácticamente ninguna de las megaobras anunciadas una y otra vez llegaron a hacerse realidad.

Lo peor es que algunas actualmente quedaron, literalmente, a medias. Es el caso de la de Curro. Ahí, la rotonda tamaño miniatura que se hizo junto a la iglesia se suponía que era una solución provisional, tal y como ayer recordaba el alcalde, Xosé Manuel Fernández Abraldes. «A idea era facer un baixo túnel, baixar a estrada e que o tráfico pasara por abaixo... de aí que se deixara ese tramo morto no medio e medio da estrada», cuenta el regidor.

Los conos voladores

El problema es que nunca se hizo el falso túnel ni se bajó la carretera. Y el tramo muerto ahí se quedó, muerto. Al principio, y dada la confusión que generaba entre los conductores, se le pusieron conos rojos y blancos para señalizarlo y que este espacio no sirviese ni para hacer adelantamientos ni otras filigranas. Pero los conos volaban a cada paso, provocando un desorden monumental en el vial. Un día, en septiembre del 2014, un camión embistió contra los conos y se los llevó todos por delante. Para evitar esos percances y quizás viendo que lo que era una situación provisional se estaba volviendo definitiva, un día llegaron los operarios autonómicos Curro y cambiaron los conos de quita y pon por unos pivotes fijos en color verde. Ahora, esos elementos de plástico combinan a la perfección con la pradera que se está montando sobre el asfalto. Musgo y hierba compiten sobre el vial para asombro de muchos conductores.

¿Qué futuro tendrá este tramo inutilizado de la PO-531? Seguramente, habrá que esperar para saberlo. La Xunta, lejos de liarse con aquella famosa remodelación integral, lo que está haciendo es mejorar la PO-531 por trozos. La última obra anunciada, con un presupuesto de 1,6 millones, es en Bretoña (Barro)

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