Narcotráfico 3.0

El sumergible que transportaba el alijo interceptado hace una semana en Aldán evidencia que las bandas gallegas no se rinden, solo evolucionan


Hacía tiempo que una noticia relacionada con un golpe al tráfico de drogas no gozaba del predicamento que ha tenido la interceptación del «narco-sumergible» cazado en aguas de Aldán. El caso ha tenido un impacto mediático impresionante. Y también en las redes sociales. Ha dado mucho juego para memes, más o menos afortunados, que supongo, como yo, habrán recibido.

Resulta una historia atractiva: un alijo a bordo de un transporte prácticamente inédito en las Rías Baixas. Una especie de submarino rústico, de 22 metros de eslora, con un equipamiento rudimentario para la navegación. Un cascarón hecho de restos de veleros, a base de fibra de vidrio, que no disponía de la motorización necesaria para navegar sumergido por lo que pasó más tiempo entre aguas, apenas a ocho metros de profundidad y teniendo que emerger repetidamente para seguir su singladura en superficie y batiendo contra las olas.

Tripulado por tres individuos que se han cruzado el Atlántico en semejante zarrio carente de cualquier comodidad. Ni camarotes, ni catres ni siquiera un aseo. Solo un caldero. La imagen de esos tres tipos navegando entre las borrascas que nos han sacudido en Galicia, da mucho miedo. Y mucho asco, también.

El reportaje que esta misma semana nos contó Javier Romero con imágenes de Ramón Leiro en La Voz de Galicia, al que les remito, es definitorio.

Tres desgraciados

Es obvio que en estos casos hay dos historias paralelas protagonizadas por hombres pobres y hombres ricos. Una es burda y bizarra. La de tres tipos metidos dentro de esos pocos metros cuadrados de poliéster y fibra de vidrio, oliendo a choto y peor, transportando 152 fardos de cocaína que, de paso, les servían de mesa y camas. Navegando durante 25 días en condiciones tan deplorables y peligrosas con la única misión de transportar un alijo de tres toneladas y pico de cocaína. Lo suyo solo se explica desde la obediencia debida y el pico que pudieran cobrar esos tres desgraciados que se han jugado la vida surcando el Atlántico.

Al final, el desenlace de su singladura ha sido el fracaso. Felizmente para nuestra sociedad, no pudieron conectar con sus enlaces en Galicia para trasvasar los fardos de droga. Las condiciones meteorológicas les complicaron sobremanera la aproximación para entregar el «pedido». Una vez más los gallegos -como nos pasa en la época de incendios forestales- habremos de agradecer que el mal tiempo fuese nuestro aliado contra el narcotráfico. Gracias, borrasca Cecilia, por la parte que te toca en este caso.

Finalmente los tres tripulantes del narco sumergible se rindieron a la evidencia que estaban cercados y no podrían trasvasar la cocaína que transportaban. Y actuaron conforme las instrucciones sumarias que les dieron: hundir el navío con la droga dentro y huir. No lograron consumar ninguna. El sumergible quedó apenas hundido en Punta Couso, cerca de la playa de Hío, donde no sin trabajo pudo ser reflotado, remolcado y finalmente izado para sacar la droga que transportaba. Y los tres tripulantes han ido cayendo como «pajaritos» a manos del cerco policial. Para terminar encarcelados en la prisión de A Lama.

Los capos

Evidentemente los que organizaron y financiaron el transporte y el alijo que les iba a generar unos ingresos de 100 millones de euros, esos que estuvieron siguiendo el periplo del narco sumergible sentados en el salón de un chalé o desde una celda en prisión, también se han quedado jodidos. Pero para ellos el negocio continúa. Como diría la letra de la canción de Queen, The show must go on.

Esta Operación Baluma, como se ha bautizado por las Fuerzas de Seguridad, nos debe enseñar que las bandas de narcotraficantes gallegos son como una hidra. Se reconstruyen y regeneran con la misma asombrosa capacidad de esos hidrozoos.

Hace unos meses lo escribimos en esta misma página y hoy debo reivindicar parte de aquellas líneas. Bajo el titular Los herederos de la fariña decíamos que los últimos operativos anti droga acreditaban la certidumbre que colectivos sociales y ciudadanos teníamos de que los Sito Miñanco, Oubiña, Charlines y demás capos de las décadas anteriores siguen teniendo relevo. Lamentablemente en esto del narcotráfico, hay banquillo.

Pues esta Baluma no hace sino confirmar que ese relevo generacional en el narcotráfico se sigue produciendo. Sin descartar -no lo hacen las Fuerzas de Seguridad- que alguno de aquellos viejos capos esté metido en este asunto del «narcosubmarino» (por la logística necesaria y la capacidad financiera) , parece claro que las nuevas generaciones de capos gallegos de la fariña ya siguen patrones diferentes. Menos ostentosos, más tecnológicos.

Construir el narco sumergible cazado en Aldán pudo costar un millón de euros. La orden era transporta y descargar la droga. Luego hundir el aparato, En una operación de 100 millones de euros, sacrificar una inversión que supone un 1% de las ganancias, es una minucia.

Para nuestra sociedad esta audacia en los clanes gallegos resulta novedosa. Pero debemos de saber que es una enseñanza recibida de las mafias hispanoamericanas. Solo en Colombia hay acreditados 108 casos de batiscafos interceptados. ¡Maldito Pablo Escobar!

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