Treinta años entre dos Dzokic

Goran recuerda desde Qatar su paso por el Teucro en la década de los noventa y ahora lo hace su hijo Marko, con la esperanza del ascenso


pontevedra / la Voz

A Marko y Goran Dzokic les separan treinta años en el calendario y cerca de siete mil kilómetros en el espacio, pero les une algo aún más fuerte. Son padre e hijo y por encima de todo, apasionados del balonmano y jugador y ex jugador del Teucro. El padre responde al teléfono desde Qatar, donde entrena al Duhail desde el pasado verano y Marko lo hace desde Pontevedra, donde este año viste la camiseta número 5 del Teucro, como lo hizo su padre. «Nunca he pensado en qué nos parecemos, pero mi madre cree que tenemos la misma visión de juego e interpretación de la toma de decisiones en la pista, además de correr igual», reconoce Marko sobre las similitudes que pueda haber entre su hijo y él.

Entre ellos apenas hablan de balonmano. Solo lo hacen después de acabar los partidos. Este pasado fin de semana, tras la derrota en el derbi, también lo hicieron. Al otro lado del planeta, Goran reconoce que pocos consejos le da a su hijo, pero desde Qatar cree que el Teucro «tiene un proyecto sólido y bonito, pero Luis Montes tiene el problema que tenemos todos, necesitamos tiempo, con una decena de jugadores nuevos, poder ganar un partido tiene mucho mérito». Dzokic padre asegura que necesitan tiempo para conocerse. «Fíjate que Marko, con 26 años, es de los más veteranos», apunta.

Aunque no da muchas instrucciones a su hijo, no puede negar que cuando habló con el club para ver la posibilidad de que Marko se viniese a Pontevedra, ni se lo pensó. «Hablaron de que pudiese fichar y yo no iba a decir nada, pero estaba feliz, mi hijo nos decía a mi mujer y a mí que nos alegrábamos más que él, pero hay sentimientos que afloran en momentos así», confiesa Goran, que cuenta que el Teucro fue su primer equipo en España: «Me vine con 25 años con mi mujer para probar, dejamos Yugoslavia y llamé a un amigo que tenía en el Barça para que me ayudase». Ese amigo era Milan Kalina, compañero suyo de selección, que apenas unos días después le telefoneó para decirle que se comprase un vuelvo para Santiago. «Pero yo le dije, ‘a Chile no, a España’, y me respondió ‘Goran, te vas para Galicia, al Teucro’». Y se vino junto a su mujer y su hijo. Marko aún no había nacido.

Esa nostalgia hacia la capital del Lérez se la trasladó a su hijo, que unos meses después de tomar la decisión de fichar por el conjunto azul cree que no se equivocó. Dejó el Ikasa Madrid por Pontevedra, donde no había estado ni un día entero. «Es una ciudad súper acogedora, ascender con el Teucro sería para mí un sueño, pero hay que ser consciente de las limitaciones y sobre todo, ser realistas». A Goran se le nota que se le ilumina la cara a través del teléfono cuando habla de Galicia. No solo entrenó al Teucro, también jugó y dirigió el Cangas.

Tiene grabado el día que debutó con la camiseta azul: «Mi primer partido fue en el pabellón con el Barcelona, estaba lleno, hasta recuerdo gente de pie, perdimos de uno por un gol de Vujovic en el último minuto». El recuerdo del debut de su hijo en el Municipal es bien distinto. Perdieron contra el Villa de Aranda en uno de los peores partidos del Teucro en los últimos meses. Se han levantado y se están rehaciendo, pero lo que sigue igual es la necesidad de llenar cada fin de semana el pabellón. «Ahora se ven las gradas casi vacías, pero esos son momentos, rachas porque la gente necesita siempre un equipo ganador», explica Goran, optimista por naturaleza en cada una de sus afirmaciones. Su hijo también cree que el trabajo del Teucro ya está dando sus frutos. «Hemos ganado todos los partidos fuera de casa y aquí perdimos contra el Villa de Aranda y el derbi, que es importante», comenta Marko.

Calma y optimismo

La experiencia de Dzokic padre le hace afrontar el presente y el futuro con sosiego. Después de peregrinar por varios equipos nacionales se fue a Arabia Saudí para entrenar a la selección nacional en el 2014 y 2015.

Aunque es un mundo radicalmente opuesto al europeo, Goran asegura que lo llevó bien, quizás porque estaba acompañado de su familia. No siempre es así. Al exentrenador azul Quique Domínguez no le resultó una experiencia enriquecedora. «Es que él es demasiado bueno», bromea, aunque asegura que en Doha está mejor. El único pero que pone son las carencias organizativas. «En cuanto a la institución es una maravilla, no nos falta de nada, pero aquí la selección lo paraliza todo. Si Valero Rivera dice que hay concentración, se para. Empezamos el 1 de agosto a entrenar y no arrancaremos la liga hasta febrero. En 75 días se juega todo», confiesa Goran Dzokic.

Padre e hijo no se volverán a ver casi seguro hasta que ambos acaben la temporada, pero el balonmano seguirá siendo el hilo conductor de una saga que se ha hecho un hueco en el corazón del Teucro.

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