Pontevedra / La Voz

Tres derbis y tres victorias para el Cisne. En el más importante, el que le daba el liderato de la tabla y en el que se pelaban los puntos, los de Jabato volvieron a demostrar quién manda en Pontevedra. Con una defensa impenetrable y un Villamarín que en el Municipal alcanzó la condición de semidios, el Cisne se pone primero en la División de Honor Plata y deja a los azules por detrás, como ocurrió durante todo el encuentro. Otra vez volvía a darse el mismo guion que en los encuentros anteriores. El Teucro había estudiado como anularlo, pero no supieron salir del juego visitante. Las pérdidas de balones lo condenaron demasiado pronto y la actuación del portero del Cisne acabó desquiciándolos. No dieron con la fórmula para invertir el devenir del partido.

Los de Luis Montes no pudieron seguir el ritmo de los que Jabato, que aupados por la motivación extra de un derbi pusieron a bailar a los locales a su ritmo. Un ritmo demasiado elevado para que los errores no tuvieran consecuencias. El Teucro solo logró estar por delante en el primer parcial (2-1). A partir de ese momento, la grada se encendió tanto como el Cisne y tres goles seguidos de Javi Vázquez los pusieron por delante a los diez minutos y no volvieron a apearse del marcador en todo el encuentro. En diez minutos, el empuje visitante le llevó a firmar un parcial de 1-6 y dejar al Teucro cuatro abajo. Desde se momento, los de Montes solo vieron como Villamarín los alejaba cada vez más de la victoria. Dos tiempos muertos en veinte minutos eran un reflejo del nerviosismo azul ante un Cisne, que parecía jugar en casa. Lo hacía en su ciudad y ante los suyos, pero no en su pista. Otra motivación más: ganar al Teucro en su feudo y romper la racha de cuatro victorias consecutivas.

Al descanso, el Teucro iba siete abajo y volvía a mostrar una cara demasiado amarga para una afición que quería que su equipo durmiese líder. El final estaba por escribir con treinta minutos todavía por delante, pero el guion se repetía y recordaba al escrito en la Copa Galicia y Copa del Rey de los últimos meses.

La afición del Cisne encendía aún más la llama del derbi. Apenas habían transcurrido diez minutos de la segunda parte y Luis Montes se vio obligado a pedir el tercer tiempo muerto para reorganizar a los suyos. No salía casi nada. Nueve goles de diferencia era la mayor brecha de todo el encuentro. Intentaban despertar, pero la defensa del Cisne impedía el juego combinado y dejaba las oportunidades para el desaparecido lanzamiento exterior del Teucro.

Cuando parecía imposible la remontada, el Teucro aprovechó el cansancio de los de Jabato para empezar a recortar distancias. Una parada de Wermbeter lleva a Iván Rodríguez rápido al contraataque para anotar. Y otra vez, cuando los azules empezaban a coger intensidad, el técnico del visitante rompía el partido con un tiempo muerto. Tres goles de Vicente Poveda (máximo goleador del partido con 9) abrían el partido (19-25). Pero fue solo un espejismo de la realidad. El Cisne no necesitaba más que ganar en el Municipal ante su rival por antonomasia para dar por válida la temporada. Y si además le ponía líder en la tabla, mejor que mejor.

El cansancio redujo la intensidad de los de Jabato en el último parcial, mientras los azules seguían pelando demasiado desubicados como para ver los resultados. El único que parecía no acusar el cansancio era Villamarín, que se convirtió en la pieza clave del encuentro parando todo lo que llegaba. Daba igual que fuese un contraataque, un lanzamiento exterior, penalti o penetración, él se erigía como amo y señor de un encuentro que subió a los altares pontevedreses al Cisne. Fue la pieza clave en la victoria. La victoria valió más que dos puntos. Ganar al Teucro en su casa y liderar la tabla era el objetivo cumplido.

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El Cisne se corona en el derbi pontevedrés