Bea Gómez apura su «última bala»

La nadadora regresa al CGTD de Pontevedra para preparar su clasificación para los Juegos de Tokio después de pasar por la residencia Blume y el Sabadell


pontevedra / la voz

«Me sorprendía a mi misma en el Campeonato de España, salió bien y quiero dar un paso más, queda menos de un año para Tokio 2020 y es una experiencia que vale la pena vivir y que si tengo la oportunidad, quiero repetir». Son las primeras palabras de Bea Gómez después de salir de la piscina Rías do Sur, donde entrena desde hace un mes. Son las nueve de la mañana y ya lleva dos horas en el agua. Es solo la primera parte de una jornada deportiva de seis horas. Y es que la carrera de esta nadadora hacia los Juegos Olímpicos empieza en Pontevedra, donde se preparará después de varios años entre la Blume de Madrid y Barcelona. Ahora quiere pelear desde casa. «Volví el año pasado para estar centrada en los estudios y dejé a un lado la natación, pero ahora voy a arriesgar, es la última bala y no quería quedarme con la sensación de no haberlo intentado», comenta Bea Gómez, que continuará estudiando Ingeniería Biomédica, aunque este año no será su prioridad. Su objetivo está a diez mil kilómetros.

«Tiene talento, a poco que esté centrada en lo que hace, tiene posibilidades, es capaz de mantener la forma física, pero en la prueba que nada ella tiene a Mireia Belmonte y a la campeona del mundo júnior», asegura Fernando Zarzosa, responsable de la sección de natación del Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra y uno de los entrenadores de la nadadora en su regreso a casa.

Pero en este camino de rosas también aparecen espinas. Afronta esta preparación con una dolencia que intenta superar para que solo sea un contratiempo y no un impedimento. Sufre dos hernias discales que le pinzan un nervio y le prolongan el dolor por la pierna. Lo descubrió después del Campeonato de España Open del pasado abril. «Me baja por la pierna y a veces se me queda sin fuerza, me dijeron que había que reposar y lo hice una semana, pero me recomendaron que fueran dos meses. Eso ahora no es viable si quiero ir a los Juegos, así que nado con dolor, hubo momentos en los que no podía hacer los virajes», explica Bea Gómez, que está tratándose con un fisioterapeuta para mejorar una lesión que ella solo pide que «aguante un año» Luego promete descansar. Zarzosa asegura que trabajan para fortalecer esa zona y «no frenar su progresión». Su próximo objetivo será el Campeonato de España Open de abril, que será clasificatorio para el Europeo de piscina corta. Necesita hacer la mínima y estar entre las dos primeras del Nacional, pero también tendrá opciones de clasificarse haciendo la mínima en el Europeo o en el Mare Nostrum de Barcelona. «Es más asequible que antes», confiesa Bea Gómez.

El reencuentro de dos olímpicas

Luchará junto a María Vilas por un hueco en los Juegos. Las dos nadadoras olímpicas gallegas siguen el mismo camino y lo retoman en el mismo punto: Pontevedra. Este año vuelven a reencontrarse con fuerza en el CGTD para pelear por una plaza en Tokio. «Las dos tienen opciones reales de ir», comenta Zarzosa sobre el estado de forma de ambas. María Vilas regresó a la élite después de un par de años alejada de la disciplina, mientras Bea Gómez acelera desde ahora la preparación: «Empiezo en mejor forma que la última vez, llevo un mes entrenando y me encuentro bien, la experiencia me permite conocerme a mi misma y lo afronto de una manera diferente».

Es esa madurez deportiva la que le da perspectiva para entender el momento que atraviesa y determinar sus objetivos. En un escenario muy distinto al de Sabadell, uno de los clubes de referencia en natación, Bea Gómez se siente más cómoda, se sacudió la presión de una vida que gira al cien por cien en la disciplina. «Los entrenamientos son los mismos que antes, pero estaba más centrada en mi vida profesional. Aquí, al vivir con mi familia, salgo un poco de esa rutina y ayuda muchísimo a desconectar. Cuando te centras en algo demasiado, no acabas disfrutando. Esa presión te agota y aquí estoy al mismo nivel, pero más tranquila», confiesa Gómez, que, con seis horas al día, todavía no ha empezado con la rutina más exigente para meterse el billete a Tokio en la mochila.

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