Única en un banquillo de hombres

El Teucro es pionero en Asobal y Plata en incorporar a una mujer al cuerpo técnico


pontevedra / la voz

Rosa Vilaboa se sorprende al ver el interés que despierta su nuevo cargo. No le quiere dar mayor importancia a algo que ella asume como «normal», como una rutina «nada especial», pero lo cierto es que se mueve en un ámbito dominado por hombres. Es la única mujer entrenadora en un equipo masculino de la División de Honor Plata y de Asobal. «Soy la segunda técnico», puntualiza ella para sacarse mérito por lo que considera «su trabajo» en el Teucro.

En cada frase denota humildad, no ve la diferencia entre entrenar a hombres o mujeres. Y es que no la hay. Pero aún así ella es la única. Lamenta que no haya más mujeres que hayan dado un paso al frente, pero cree que es una cuestión de tiempo. «Las cosas están cambiando, hemos evolucionado, pero yo siempre he luchado por lo que quería», confiesa para dejar claro que su escalada a la élite comenzó hace casi un cuarto de siglo. Entonces sí que era todo bien distinto. «Yo llevo 24 años entrenando y estuve con hombres y mujeres, así como en categorías base y sénior, pero cuanto más pequeños son los jugadores es posible que haya más mujeres», asegura entre risas esta «jugadora de las malas y entrenadora de las buenas», como le gusta definirse.

Las mujeres en los banquillos de la élite del balonmano tienen asignados generalmente tareas médicas o de auxiliares. En los 32 equipos de Plata y Asobal solo hay cinco doctoras y solo una en puestos técnicos de primera línea. «Quizás a veces a las mujeres también tenemos que dar un paso al frente y asumir estos retos», explica Vilaboa Fernández, que este año llega al Teucro de la mano de Luis Montes para asumir el reto deportivo más exigente de su carrera.

Muchos años con su hermana

Después de nueve años como segunda entrenadora de su hermana Irene en el Bueu masculino de Primera Nacional, recibió la llamada de Montes para unirse a la causa azul en una temporada en la que deberán luchar por la vuelta a Asobal. «Habitualmente me encargo de los entrenamientos de los porteros, es un puesto que me gusta, pero estoy para lo que necesite Luis (Montes)», comenta.

«Soy una más, pero todo se andará», señala Rosa después de una veintena de años sentada en un banquillo. De su etapa como jugadora prefiere no hablar, pero como entrenadora cree que es «estricta y muy disciplinada, nunca grito, pero tengo el respeto de jugadores, a los que le exijo que lo den todo».

Esta pontevedresa de adopción ya fue segunda entrenadora de su hermana en el Atlético Guardés femenino, donde después de cinco años con el en Plata jugaron la fase de ascenso a División de Honor. De ahí a saltó a Bueu y ahora se subió al trampolín que la llevó al Teucro, sumándose a otras mujeres que van dando pasos en un mundo dominado por los hombres como ha hecho Pilar Costa, segunda técnico de O Parrulo. Rosa Vilaboa es de las que cree que las oportunidades hay que pelarlas. Ella lo tuvo claro desde que dejó de jugar y llegó a entrenar a la selección nacional promesas femenina. Su vida estuvo, está y estará sobre el parqué. Sabe que esa decisión le ha obligado a dejar cosas en el camino. «Siempre he luchado por lo que quería y eso era entrenar», comenta la segunda entrenadora azul, que además se encargará de dirigir al equipo infantil y alevín del Teucro.

«Creo que puedo aportar sentido común al equipo», puntualiza esta luchadora, que espera que algún día esa normalidad que ella aplica a todo lo que hace sea la habitual en el banquillo. Ella ya ha abierto el camino en una disciplina con demasiadas diferencias de género. Lleva abriéndolo 24 años, lo allanó junto a su hermana para que otras lo caminen ahora.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Única en un banquillo de hombres