«¿Será Justo el profe, será Justo?»

Toca volver a las aulas. En el Praza de Barcelos de Pontevedra lo hicieron con sonrisa Profiden y elaborando quinielas sobre cuál sería el maestro que les tocaría este curso

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Inicio del cole en el Praza de Barcelos Inicio del cole en el Praza de Barcelos

Pontevedra

Pontevedra amaneció hoy con las calles llenas de niños con prisas. Todos querían llegar pronto al colegio. Por eso, bastante antes de las nueve ya había quien se encaminaba hacia el centro educativo correspondiente. En la ciudad, empiezan el colegio 8.034 niños de educación infantil, primaria y especial. Y el denominador común de casi todos ellos era el ansia por estar pronto en el cole el primer día. «Vamos a llegar media hora antes, estaros tranquilos», le decía una mamá sin mucho éxito a unos niños que querían ser los primeros en alcanzar el CEIP Vidal Portela. 

Diez minutos antes de las nueve, con puntualidad más que britanica, a solo unos metros del Vidal Portela, había otro grupo grandísimo de niños. Eran los alumnos del Praza de Barcelos, que ya esperaban para entrar. En el patio, los pequeños, más que comentar las jugadas del verano, lo que hacían era quinielas sobre qué profesor les tocaría. «¿Será Justo el profe, será Justo?», se escuchaba decir a un corrillo de rapaces. Parecía que se habían puesto filosóficos y trascendentales y que hablaban de si el maestro impartiría justicia. Pero no. No era para tanto. Marín, Iván, Alberto o Aarón, que este año empiezan cuarto de primaria, explicaban enseguida que de lo que hablaban era de si les daría clase un maestro llamado Justo, «que tenemos muchas ganas de que nos toque porque nunca lo tuvimos». Era difícil seguir la conversación de estos pequeños. Porque después del tema de Justo hablaban de unidades, de montarlas y desmontarlas. Nuevamente, un dispuestísimo Iván explicaba: «Es que hablamos de un videojuego que nos gusta mucho a todos, y va de unidades». Todo aclarado. 

La charla de los rapaces empezó a apaciguarse poco después de las nueve en el Praza de Barcelos. Entonces, micrófono en mano, la directora del centro tomó la palabra. Fue directa al grano. Le dijo a los padres que se retirasen, pidió silencio y empezó a llamar por orden de lista al personal. Ahí se fue descubriendo en qué clase está cada uno y qué profesor se encargará de ellos. De cuando en vez, al saberse el nombre del tutor del aula, había celebración más por parte de los padres que de los niños. 

Tras el larguísimo proceso de pasar lista, el curso quedó inaugurado. Todos los alumnos de primaria corrían ya hacia sus aulas a tomar asiento. Ni un solo lloro, por descontado. Eso sí, faltaba que una hora más tarde llegasen los niños de infantil. Pero son tan valientes que seguro que tampoco habrá lágrimas. Y si las hay, sobra cariño para calmarlas. 

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