Feira Franca, flamantes bodas de porcelana

La vigésima edición de la fiesta medieval sitúa este evento en una cota inimaginable cuando surgía en el 2000 inventada por un grupo de entusiastas


La vigésima edición de la Feira Franca, la de las bodas de porcelana, ha pulverizado todos los récords de sus antecesoras situando a este evento en una cota inimaginable cuando en el año 2000 un grupo de entusiastas y el concejal Luis Bará se la inventaron. Por cierto hace unos días recibieron un merecido reconocimiento y homenaje.

Feira Franca nació como una recreación de una Pontevedra medieval. Llegó alguna crítica desde el exterior sobre si era una copia de la Festa da Istoria de Ribadavia. Pero enseguida se dotó de personalidad propia desmintiendo semejante acusación.

Feira Franca ya ha sido reconocida como Festa de Interese Turístico de Galicia en dos décadas de vida. No resulta descabellado pensar en que adquiera un rango mayor.

El Concello puso mucho de su parte con la organización, pero sobre todo ha sido gracias a la implicación de miles de pontevedreses y visitantes que aguardan cada año participar en este evento. Dándole una proyección que supera a eventos similares. La fórmula no es nueva. Se repite. Ocurre con el Carnaval. Comida, bebida, disfraces y diversión. Es tan simple como infalible.

Para diversos sectores económicos, desde hostelería hasta textil, ferreterías, bazares, peluquerías, alimentación… el sábado de la Feira Franca se ha convertido en una fecha importantísima en la caja de esos negocios. Hasta los hoteles como los párkings cuelgan el cartel de «completo» en tal día como ayer.

Margen de maniobra

En Pontevedra, en cada Feira Franca, queda gente fuera, ya que no se pueden atender más peticiones de mesas para comidas y cenas en las calles y plazas, aunque se palía con la absoluta implicación de la hostelería local que, evidentemente, sabe que se trata de un nicho de negocio extraordinario.

Estamos tocando techo». Es lo que indican desde el Concello después de que ayer se montasen cuatrocientas mesas -250 de particulares y 150 de establecimientos de hostelería-. El Concello advierte «non hai espazo para máis». Lo que evidentemente abrirá un debate después de este domingo de resaca. ¿Cabe expandir la Feira Franca en espacio ocupando nuevas zonas? ¿Y en días, como tantas otras veces se ha planteado? ¿O cualquier crecimiento la condenaría a morir de éxito?

Las preguntas abren un debate que no es nuevo. Se viene repitiendo cada año. El Concello entiende que ampliar los días de celebración de Feira Franca, sería matarla. Después de 20 años, creo que no les falta razón. Está bien como está. Es mejor quedarse con ganas que empachados.

Otra cuestión es si cabe extender las zonas donde se pueden montar mesas de particulares. En años anteriores hubo algún experimento como cuando se autorizó a ocupar la avenida Reina Victoria. Salió como un tiro porque generó más inconvenientes que ventajas. Creo que finalmente el Concello piensa que si el radio de acción espacial de Feira Franca ha de crecer, que sea a costa de una mayor implicación, todavía, de la hostelería local.

Al menos la fiesta medieval sí puede crecer en cuanto al programa, como acabamos de comprobar ayer. Hace un año, eran unos 25 los actos programados. Ayer fueron más de treinta. Con la inclusión como escenario del río Lérez, donde hubo una exhibición de embarcaciones tradicionales.

Un verano de fábula

Una vez más Feira Franca se ha consagrado como el mejor epílogo posible de las Fiestas de Verano de Pontevedra. Bajo esa denominación se abarcan todos los eventos festivos que durante tres meses ocurren en la ciudad. Desde la Romería de San Benitiño hasta la impresionante recreación medieval que ayer revivimos en multitud.

La Feira Franca de este año ha seguido la tónica efervescente de este verano con un manifiesto incremento de visitantes, como ya apreciábamos en la Semana Grande de la Fiestas de la Peregrina. Y con el valor añadido de una excelente meteorología que contribuyó al abarrote de la ciudad. De modo que Feira Franca es la jornada en que más visitantes se reúnen en esta ciudad, solo comparable al sábado del desfile grande del Entroido o al domingo de la Peregrina. Quizás mañana lunes conozcamos algún dato oficial sobre los aforos.

Pontevedra cuenta además para consolidar su éxito con la condición especial de disponer de muchos espacios urbanos cerrados al tráfico, para el disfrute de la fiesta, aunque a cambio haya que dejar el coche a las afueras. Así es entendible que el atractivo de la Feira Franca capte a miles de visitantes del resto de la provincia, de Galicia y de otras comunidades del Estado que acuden cautivados por la vivencia única que supone zambullirse en un burgo medieval del siglo XV que recrean miles de personas ataviadas de época para comer y transitar por plazas y calles del centro histórico.

A estas alturas reivindicar la Feira Franca como un maravilloso invento que ha logrado la comunión festiva de los pontevedreses para prolongar la temporada turística en la ciudad debe ser aceptado sin debates, por encima de ideologías. Lo que no obsta para que se planteen posibles mejoras. Un año más lo escribo: ¡ojo a morir de éxito!

El gran riesgo es la masificación. El mejor acierto que podrá tener el Concello será la limitación de espacios.

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