El viento y el calor de los últimos días aumentan el riesgo de incendios

Los comuneros piden anticipar los planes de trabajo para hacer efectiva la prevención de fuegos en los montes


pontevedra / la voz

El verde ha resistido impasible en los montes gallegos al paso del verano. Pero el otoño se presenta complicado. Lo anticipan los fuertes vientos, la sequía y el calor continuado de los últimos días. «Hasta ahora todo fue muy bien, en un verano no muy caluroso y húmedo. El problema será a partir de ahora», alerta José María Domínguez, de los comuneros de Campañó. A la predicción inmediata de Domínguez se suman las advertencias generalizadas por parte de las comunidades de montes de la comarca de Pontevedra. «Todo depende de como estean os montes; se están limpos e con frondosas autóctonas non hai perigo de incendio», contempla Fernando Pintos, de los comuneros de Salcedo. «Agora ben», añade, «se o monte está sen limpar e hai eucalipto, mimosa e acacia... vai ser terrorífico».

Prevenir los incendios forestales en la medida de lo posible requiere de una ardua labor de limpieza y plantación de especies autóctonas, un trabajo que realizan los comuneros durante todo el año. «Nosotros limpiamos sobre todo las zonas más bajas, las del eucalipto, que son las más peligrosas», indica Domínguez, «y hasta donde podemos llegar, porque los medios económicos son los justos». Además de una mayor implicación de las Administraciones públicas, estas agrupaciones reclaman un anticipo en los planes de trabajo. «As subvencións concédense en maio ou en xuño, mentres que deberiamos intentar que os traballos estiveran feitos xa ao principio do verán», considera Miguel Maquieira, de los comuneros de Curro (Barro). «Se cadra habería que facer labores no inverno e na primavera», recalca.

Erradicar el eucalipto

Mientras tanto, en Ponte Caldelas el monte todavía se está recuperando de los incendios del 2017, donde todavía queda mucha maleza sin controlar. «

Pides unha axuda en xaneiro e non hai maleza suficiente para xustificar un desbroce, pero pasan catro ou cinco meses e xa creceu moito

», explica José Manuel Cal, el responsable de los comuneros de la zona. «

Tiñan que facelo todo doutra maneira, para que as axudas cheguen cando teñan que chegar e que sexa unha prevención de verdade, senón non son moi útiles

», reclama.

Apostar por la plantación de frondosas y especies autóctonas es la baza a la que se aferran desde las comunidades de montes, que aseguran encontrar en los árboles gallegos una barrera para frenar el fuego. En Campañó tienen previsto concluir las labores de limpieza el año que viene en la totalidad del monte. «Plantaremos cerca de diez mil castaños, robles, mil sobreiras y treinta hectáreas de olivos», cuenta Domínguez. En Salcedo también luchan por erradicar las especies invasoras. «Os eucaliptos deberían estar en rodais moi controlados, en zonas afastadas da poboación, e non ao lado das casas», afirma Pintos. «Nós temos clara a solución: no noso monte tendemos a deixar o mínimo de eucalipto», a la vez que confían en las frondosas, carballeiras o castiñeiros para controlar la zona. En cualquier caso, el foco se desvía hacia las propiedades particulares, «onde hai moito eucalipto e en calquera momento poden plantar lume, literalmente, porque o monte non arde só», denuncia Pintos.

Las labores de limpieza continúan a pie de los núcleos urbanos, pero controlar lo alto del monte -zonas que pueden llegar a ser de lo más extensas- es una tarea más compleja y sacrificada. Ante el viento del norte y las previsiones de los expertos, el consejo más inmediato está claro: precaución y concienciación.

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