Pontevedra dice adiós al Mundial de balonmano con sus semifinales

Francia y Croacia se verán las caras en la final que hoy acogerá la ciudad olívica


Pontevedra / La Voz

El de ayer en las gradas del pabellón municipal de Pontevedra fue un público entregado. Pontevedra quiso despedir el Mundial de balonmano júnior por todo lo alto, con dos semifinales de enorme espectáculo en las que Francia puso fin al sueño de una noche de verano egipcio, y, por otro lado, Croacia pasó por encima de una Portugal y se clasificó para la primera final de su historia.

Egipto asumió de inicio el control del marcador, anotando los primeros tres tantos del partido y edificando una muralla alrededor de la portería de Taha Ali. El conjunto africano imponía su físico a los jugadores franceses, totalmente superados en el primer tramo de partido, sin ideas y desanimados por lo que estaban viviendo. Arnaud Parisy, preparador del conjunto galo, tuvo que detener el reloj para ordenar a sus jugadores, y, sí, el parón tuvo efecto, pues Francia comenzaría una remontada que culminaría a escasos minutos del descanso.

Cómodos los franceses, ampliaron la ventaja sobre los egipcios y estos empezaron a sufrir más de la cuenta, que lejos de rendirse, sacaron pecho y comenzaron a reducir distancias en busca de una remontada casi histórica que les permitiera hacerse con un billete para la final. A punto estuvieron de lograrlo, pero Francia tiró de oficio, y un enorme Prandi apareció para decidir el choque en los últimos segundos, y así truncar las posibilidades de ver a un equipo africano en la final de la categoría. Francia pasaba.

Defender para ganar

Por su parte, Croacia decidió acabar con Portugal a base de una brutal efectividad en la defensa. Aplicaron la fórmula que partido a partido les había resultado: no dejar al rival un hueco por el que respirar.

Iván Ere?, cuya candidatura a Mejor Portero del torneo es evidente a estas alturas, se mostró decisivo y dio alas a su equipo para que la balanza cayera a su favor. Al descanso, los croatas ganaban por tres tantos y Portugal, enorme a lo largo de todo el torneo, veía que su rival era un tema serio.

Fue ahí, justo cuando todo parece extraño y las ideas apremian, cuando Diogo Silva tiró de talento y se cargó el equipo a la espalda, liderando una remontada que minutos antes parecía lejana. Junto a Diogo Valério, el conjunto luso se elevó sobre la pista del municipal y provocó un cambio de tendencia en el juego, llegando a permitirse el lujo de tener pequeñas rentas en el luminoso.

Con todo, la defensa croata, hecha de hormigón armado según el momento, impidió que Portugal obtuviera su plaza en la final. La solidez defensiva ganó al mejor ataque portugués, y haciendo caso al viejo refrán, Croacia se clasifica para su primera júnior masculina.

Hoy, Vigo funcionará como la sede de los últimos duelos. Encuentros que decidirán el tercer y el cuarto puesto y, como no, al prometedor rey del balonmano.

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