Nuevo Marcos: Responsabilidades y fatalidades

El esperado informe oficial sobre el hundimiento del pesquero de Combarro apunta errores de la tripulación y la inoperancia de las administraciones al no balizar los parques de bateas


Como si se tratase de una coincidencia desafortunada, el informe de la Comisión de Investigación de Accidentes Marítimos sobre el naufragio del Nuevo Marcos ocurrido el 26 de abril de 2017 en el interior de la ría de Pontevedra fue difundido por el Ministerio de Fomento en pleno 16 de julio, Día del Carmen, advocación de las gentes del mar. Después de tantos meses de espera, la fecha, fuese o no buscada por los responsables ministeriales, podría parecer inoportuna. Aunque todos, y de modo muy especial, las familias de las tres víctimas y de los dos supervivientes, anhelaban la conclusión de la investigación oficial. Así como el juzgado que instruye las diligencias que estaban en suspenso aguardando por dicho informe y que ahora deberán reanudarse para el establecimiento de las posibles responsabilidades a que haya lugar. Y del informe se desprenden, aparentemente, unas cuantas.

El informe de la CIAIM determina que la conducta y capacidad de respuesta de la tripulación del pesquero no fueron las adecuadas. Tanto de quien iba al timón en el momento de colisionar contra una batea como por la ausencia de una reacción apropiada a continuación del golpe. Se concluye que quien patroneaba esa madrugada no iba suficientemente atento ni vigilante del radar y que no fue consciente de lo cerca que navegaba del polígono mejillonero. Y el siguiente error fue no aminorar o parar máquinas. Al contrario: mantuvo la velocidad de navegación en dirección al puerto de Combarro, en Poio, lo que avivó la vía de agua que finalmente precipitó el hundimiento del pesquero.

Los expertos de la Comisión reparten responsabilidades con el resto de la tripulación, pues censuran que no se evaluasen inmediatamente los daños. Hasta el punto de ponderar que si hubieran parado máquinas para comprobar el estado del casco probablemente la embarcación no se hubiera hundido y los cinco tripulantes habrían tenido tiempo para protegerse y pedir ayuda. Por el contrario: la investigación concluye que faltó preparación y capacidad de respuesta de los tripulantes ante el siniestro.

Una mochila para siempre

Por otra parte, el informe señala un ángulo oscuro que podría tener consecuencias jurídicas: dos de los tripulantes de aquella noche a bordo del Nuevo Marcos no iban enrolados. Dicho de otro modo: no tenían los papeles en regla. Ni tampoco la formación básica de seguridad ante un accidente de tales características.

Recientemente he tenido la oportunidad de entrevistar a los dos chavales que sobrevivieron al naufragio: Carlos Carballa y Adrián Ligero con motivo de un documental que estamos preparando. Ambos siguen muy marcados por la tremenda experiencia de ver como morían sus respectivos padres. Cada cual expresa y verbaliza su dolor de modo diferente mientras cargan con una pesada mochila para siempre. Uno, Adrián, ha vuelto a embarcarse. Carlos lo intentó, pero no pudo continuar. Ahora trabaja en una conservera.

Ambos se preguntan cada día si actuaron del modo más correcto para intentar salvarles. Uno, Adrián, logró subirse a una batea para intentar mantener a flote a dos tripulantes, uno de ellos su propio padre, que fallecieron. Carlos fue el que decidió nadar los cientos de metros que separaban la zona de naufragio de la costa. Agotado, en hipotermia y vomitando algas y agua logró llegar a las inmediaciones de la playa de A Canteira donde José Acuña, su ángel de la guarda que paseaba a las cinco de la madrugada a su perro antes de ir al reparto de pan, le vio y le asistió.

Inoperancia administrativa

A partir de ahí, casi dos horas después, se desencadenó el operativo de rescate que solo pudo localizar con vida a Adrián que seguía encaramado en la batea.

La otra línea de responsabilidades apunta contra las administraciones públicas directamente aludidas por la inexistencia de balizamiento de los parques de bateas que existen en el interior de la ría de Pontevedra. Como ocurre con la mayoría de los polígonos mejilloneros que tenemos en las Rías Baixas.

En el 2017, después de la tragedia del Nuevo Marcos, se prometió que se ejecutaría entre el 2018 y el 2019. Dos años después, sonroja el incumplimiento. Tanto que el consello de la Xunta del jueves acordó empezar ya… ¡por la ría de Muros-Noia!

El del pesquero Nuevo Marcos no fue el primero, y ojalá sea el último, accidente de un barco en navegación que colisiona contra una batea. Normalmente, en la decena de casos registrados en las últimas décadas, han sido embarcaciones deportivas las que han chocado contra bateas en las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo siendo el antecedente más grave el de una pareja que se mató al colisionar con una moto de agua contra una mejillonera en Porto Meloxo, en O Grove.

A diferencia de los restantes percances, el caso del Nuevo Marcos es atípico, pues es menos habitual que un pesquero con una tripulación avezada cometa semejante error de navegación que concluya en una colisión fatal como la de aquel día. Pero ahí deberemos añadir lo que el informe de la CIAIM describió como un cúmulo de «eventos accidentales consecutivos».

Entre semejantes fatalidades cita explícitamente que aquella noche del 26 de abril del 2017 la visibilidad era nula debido al muy mal tiempo que había: «Era una noche sin luna, oscura y con mala mar».

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